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Las figuritas del belén, por Letizia Arbeteta Mira

27 Nov 09
Presidencia FEB
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Artículo - Las figuritas del belén, por Letizia Arbeteta Mira
Artículo - Las figuritas del belén, por Letizia Arbeteta MiraComo ejemplo de su extraordinaria riqueza, sirva de ejemplo el elemento más humilde entre todos sus componentes: la «figurita» o pequeña imagen que ha poblado los belenes domésticos y que se deteriora con el uso y el paso del tiempo.

Consideradas a menudo objetos sin valor artístico, las figuritas tradicionales contienen una gran cantidad de información para aquel que sepa apreciarlas.

En su mayoría fueron producidas entre la segunda mitad del siglo XIX y los años sesenta del siglo XX, momento en que el cambio de costumbres y la falta de espacio en los hogares hizo decaer los belenes abiertos, con numerosos personajes y escenas.

Las más interesantes corresponden al tipo llamado «popular», compuesto principalmente por figuras de barro cocido y pintado de pequeños formatos (4 – 8 cm), que, a causa de su tamaño y hasta hace unas décadas, han sido desechadas por los coleccionistas. Muchas de estas figuras, que antaño se producían por miles, hoy son bienes escasos pues se han destruido en su mayor parte, ya que, hasta los años 70 del siglo XX, se continuaban ofreciendo a bajo costo en mercadillos y las llamadas «cacharrerías», haciendo desaconsejable su restauración en caso de deterioro ya que era preferible comprar una nueva, clónica de la deteriorada.

Artículo - Las figuritas del belén, por Letizia Arbeteta MiraHoy ya no es posible reponer este tipo de figuras pues, a falta de demanda, han acabado por retirarse del mercado, salvo la escasa oferta de algunos alfares.

Si examinamos sus moldes, veremos que casi todos son de notable antigüedad, remontándose algunos al siglo XVIII, o inspirándose en imágenes aún más antiguas, como sucede con la Virgen y el San José del belén murciano llamado del «huevo frito», en su modelo más simple. Desde su creación, se han venido produciendo sin cambios hasta que la moda denominada «bíblica» o «hebrea», considerada más adecuada para ambientar el belén, arrinconó este tipo de imágenes, considerándolas anacrónicas. La mayoría de los talleres se adaptaron a la nueva costumbre, realizando nuevos moldes, o transformando los de mayor tamaño, lo que produjo una curiosa línea mixta de hebreo y tipo local. Al iniciarse la moda del enlienzado en los años 80 del siglo XX, muchos de estos moldes fueron, a su vez, retocados para adaptar mejor la figura a las telas con las que se cubriría parcialmente, lo que implicó su mutilación. En resumen, las figuras tradicionales anteriores a 1960 constituyen una rareza, especialmente ciertos modelos de escaso tamaño, por lo que animo al lector a que no deje escapar ni perderse uno solo de estos pequeños tesoros, en ocasiones piezas únicas producidas en alfares que, al día de hoy, nos son desconocidos.

Artículo - Las figuritas del belén, por Letizia Arbeteta Mira¿Qué tipo de información ofrecen?

El análisis de las técnicas empleadas proporciona datos sobre el moldeado y modelado, según estén formadas de una o varias partes, el tipo de barro y sistema de cocción, pinturas empleadas, etc., lo que puede revelar la procedencia geográfica o el centro de producción. En cuanto al nivel de destreza, cabe una posible intervención de escultores o alfareros profesionales, o bien la fabricación casera, a veces sin cocción. Todo ello ayuda a reconstruir las artes e industrias de ciertas zonas determinadas.

Pero, con ser importante, lo más apreciado de las «figuritas» es su capacidad de reflejar la vida de antaño, pues, además de los protagonistas del relato evangélico, muestran una galería de tipos contemporáneos a su fabricación, que muestran una realidad social, preferentemente rural y de los estratos urbanos más humildes. Hombres y mujeres, jóvenes, viejos y niños que realizan distintas tareas, descansan, se divierten…

Así, encontramos oficios (el molinero, el mielero, el carnicero, el carretero, el melonero, el lechero, la frutera, la castañera, etc.), tareas domésticas (el lavado, la cocina, el cuidado de la infancia, el mantenimiento de los animales domésticos, la matanza) que incluyen usos ya desaparecidos, como el hilado en el hogar. También se representa la higiene (lavado de bebés, despiojado), la gastronomía (con imágenes que sugieren migas, paella, calderetas, chacinas, quesos y un sin fin de panes, tortas, dulces, etc.), labores agrícolas y pastoriles (arado, sembrado, recolección, trilla, acopio de leña, apacentado de cerdos, ovejas y vacas, la vida pastoril, la pesca, la caza).

Artículo - Las figuritas del belén, por Letizia Arbeteta MiraNo menos interesante es la indumentaria, a veces fiel reflejo de la moda y los atavíos de nuestros abuelos, sea ropa femenina (moño de picaporte, zapatos de carrete, alpargatas, madreñas, polisones y tontillos de distintos tipos, dengues, refajos, delantales, etc.) o masculina (chaquetas, casacas, calzones, monteras, sombreros, faja, pañuelo, etc.), todo ello en contraste con algunas indumentarias fantásticas, como las de Heredes, los Magos, o las madres de la degollación de los Inocentes.

En cuanto a las celebraciones, se canta, se danza y se tocan todo tipo de instrumentos. Jotas y boleros, rondas navideñas de jóvenes y viejos, ellos y ellas con guitarras, triángulo, zambombas, panderetas y panderos, gaita y flautas, que llevan también los pastores en la soledad de sus montañas de corcho, sembradas de ovejuelas de patas de alambre y coronadas por pequeñas casas, paisaje similar al de muchos pueblos antes de las grandes operaciones inmobiliarias, cuando lo que nos rodeaba se parecía al belén que poníamos en casa, de forma que, como aquel que dice, hacíamos nacer al Niño Jesús a la vuelta de la esquina.

Letizia Arbeteta Mira – Conservadora de Museos del Estado

Artículo publicado en la revista ¡Aleluya! nº 4 de la Asociación “Belenistas de Valladolid”


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Etiquetas: 2009 FEB, Artículos 2009, Presidencia FEB 2006-2010
Temática: Cultura belenista, Figuras de belén
Autores: Leticia Arbeteta Mira


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Sin belén no es Navidad, por Juan-Donoso Valdivieso Pastor

24 Nov 06
Presidencia FEB
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Artículo - Sin belén no es Navidad, por Juan-Donoso Valdivieso Pastor

Quizá nadie antes había llegado a crear, con relación a la Navidad, una cosa tan simpática y tan popular como los belenes. Fue Francisco de Asís en el siglo XIII quien hizo por primera vez, en una gruta natural de un pueblo italiano, la representación del portal de Belén con animales y personas para presentar la historia del nacimiento de Jesús, de tal manera que todos lo pudieran comprender. Al poco tiempo esta costumbre italiana se extendió por Europa y por el resto del mundo.

Hace años, poner el Nacimiento era un acontecimiento familiar con amplia repercusión social. En algún lugar de la vivienda los mayores comenzaron a instalar portales de Belén con montañas, grutas, ríos y caseríos a escala mientras los demás integrantes del hogar iban colocando las figurillas sobre arena, heno, musgo, paja y serrín, iluminando la escena por diminutas luces de colores, serpentinas y espumillón.

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Belén de la Cofradía de la Cruz Desnuda en la iglesia de La Inmaculada, en el Paseo de Zorrilla de Valladolid.

Sin embargo, en la actualidad todo ha cambiado. Apenas se montan pesebres y se cantan villancicos. España ha optado por eliminar la simbología religiosa de las fiestas navideñas. Se monta el Belén sin Nacimiento y las fiestas en honor del Niño Jesús se cifran en el consumo. En aras de la laicidad, a veces mal entendida, y de la insoportable presión del dios dinero se extiende por todo el país la “Navidad laica». Los mismos renegados de la Navidad son los más celosos apóstoles del consumo con la pretensión de imponer una Navidad despojada de toda referencia religiosa: directores de colegios que prohíben los festivales de villancicos por sus «connotaciones religiosas»; autoridades locales que sustituyen el establo por lo que se define como «paisajes de invierno»: ríos de papel de plata, laderas de musgo y espliego y montañas de corcho; todo más o menos como siempre, pero sin el Nacimiento. La Navidad laica se impone en las calles y plazas exhibiendo una decoración navideña que cuelga palabras obscenas y de mal gusto en vez de angelitos, campanas y aleluyas.

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Belén instalado por la Asociación «Belenistas de Valladolid» en la residencia de la tercera edad «El Encinar del Rey» de Valladolid. Diciembre 2004.

Las navidades ya no son lo que eran. La religión no es más que una excusa para consumir, cuanto más mejor, que se ha convertido en el único termómetro válido de estas fiestas. Para no menos del 68% de los españoles la Navidad «es cada vez una fiesta menos religiosa y más comercial», según una encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Pese a todo, las navidades están rodeadas por un ambiente de buena voluntad y de bondad entre las personas, una magnificencia de bienintencionados deseos inunda el mundo de cartas, tarjetas, felicitaciones, mensajes sms, llamadas telefónicas… Hemos interiorizado que hay que ser amables en estas fechas y hasta es posible que la afección navideña apunte a que queremos ser de otra manera. Como sostiene el sociólogo Javier Elzo, al menos «estas fiestas seguirán vivas mientras lo esté la familia, una institución a la que, en una sociedad agresiva, cada día le pedimos más y más». Es decir, mientras haya familia, habrá Navidad.

A todo esto, como es lógico, se opone la Iglesia y convoca a sus fieles a defender los símbolos de la tradicional Navidad cristiana. La Navidad no es tiempo para dejarse llevar por la debilidad religiosa y menos para dejarse seducir por los que enturbian el sentido profundo del misterio de Belén. Celebrar una Navidad sin Jesús es como que en el cielo no brillaran las estrellas, como si en un jardín no hubiese flores, como ver un cuadro sin un paisaje o un rostro de niño sin una sonrisa. Sin embargo, la triste realidad es que para muchos hay Navidad sin Jesús porque tienen tal vez todo, pero no le tienen a Él. Sólo aprovechan la ocasión para divertirse y pasar un buen momento, y se encuentran muy despistados del verdadero significado de la Navidad, alejados del que fue el humilde niño de Belén.

Artículo - Sin belén no es Navidad, por Juan-Donoso Valdivieso Pastor

Belén instalado en la iglesia de La Inmaculada de Valladolid, en la cripta, por D. Ángel Moretón García. Navidad 2005.

Lo cierto es que la sociedad de consumo quiere robar la Navidad, e incluso algunos la quieren matar. Remedando lo que dice una canción: «en este mundo moderno ya no hay lugar en la Tierra para el Niño Jesús». Pero como decía Ortega, «si Dios se ha hecho hombre, es que ser hombre es lo más importante que se puede ser». La Navidad, pues, es un acontecimiento que llevamos en el corazón y da un sentido trascendente a la vida humana. Para eso hay que dejar de lado el conformismo y caminar hacia la libertad. Quien aviva la libertad no consiente ser esclavizado por el dios consumo de la Navidad comercializada, porque es libre para elegir lo bueno que también hay en estas fiestas (descanso, vacación, encuentro humano) y dejar de lado lo demás. Entonces Navidad sí está en nuestro corazón e imprime trascendencia a nuestra vida.

Podemos concluir diciendo que no tienen ningún derecho a celebrar la Navidad todos aquellos que no conocen a Jesús, ni le han recibido en sus corazones como Salvador, Rey y Señor.

Juan-Donoso Valdivieso Pastor

Artículo publicado en la revista ¡Aleluya! nº 1 de la Asociación “Belenistas de Valladolid”

Artículo - Sin belén no es Navidad, por Juan-Donoso Valdivieso Pastor

Belén instalado en la iglesia de La Inmaculada de Valladolid, montado por D. Ángel Moretón García. Navidad 2005.