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En cada casa un Nacimiento, por Andrés L. Cañadas

15 Dic 01
Presidencia FEB

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En cada casa un Nacimiento, por Andrés L. Cañadas

(Artículo publicado en la revista El Pastor de Nochebuena n.º 1 (2001) de la Asociación Belenista de El Burgo de Osma)

Como un remanso de paz en este agitado tiempo que nos ha tocado vivir, cada año, con la llegada del mes de diciembre, se produce, por todos los rincones de nuestro país, el feliz reencuentro con la entrañable costumbre de la instalación de Pesebres, Belenes o Nacimientos, cada uno con su peculiar estilo según el lugar, pero con la finalidad esencial de conmemorar un acontecimiento que marcó la historia de la humanidad y que no es otro que el Nacimiento, en la pequeña aldea de Belén de Judá, del Hijo de Dios.

Así viene siendo desde la noche de los tiempos, como lo corroboran testimonios tales como el más antiguo de los textos navideños conocidos conservado, la antifona «Hodie Cantandus» de Tutilón de San Galo; y así permanece la tradición, recobrada y fortalecida tras unos años en que, con la irrupción en nuestra sociedad de manifestaciones foráneas, llegó a temerse incluso por la desaparición de esta piadosa costumbre, cuyos orígenes sitúan algunos estudiosos en la Iglesia de los Padres Jesuitas, de Praga, en el año 1562, seguida pocos años más tarde –en 1567- en la casa de la Duquesa de Amalfi, en lo que podría considerarse el primer Belén familiar y que en lo que a España se refiere parece tener el primer testimonio documentado en la Iglesia de los Teatinos de Barcelona en 1666.

Con la representación plástica del Nacimiento de Jesús, en templos y hogares; promovidos por instituciones o por la espontánea iniciativa particular; a la que sumarían la maestría de su arte, en su época, imagineros como la «Roldana» o José Risueño, Francisco Salzillo, Pedro Duque Cornejo o Ramón Amadeu, por citar tan solo algunos de los más representativos y de la que, a lo largo y ancho de la geografía hispana, existen magníficas obras como los Nacimientos de Salzillo, sin duda el prototipo de todos ellos, o los de la Catedral de León, el Hospital Provincial de Palma de Mallorca, la Iglesia parroquial de Melgar, en Burgos, o el Convento de las Agustinas Recoletas, de Salamanca; y el llamado «Belén del Príncipe», que Carlos III hiciera traer desde la fabrica italiana de Capodimonte, para su hijo que posteriormente reinaría como Carlos IV, 0 la maravillosa «Montaña de Coral», del Monasterio de las Descalzas Reales, en Madrid, entre otros, se ha querido recrear siempre el sublime instante de la venida de Jesús al mundo, teniendo como testigos a unos humildes pastores mientras los ángeles enviaban su mensaje de paz en la tierra a todos los hombres de buena voluntad…

Y en esta hermosa tarea de preservar la tradición que hasta nosotros, según testimonios, trajeran los Padres Franciscanos, qué duda cabe que las asociaciones de belenistas o de pesebristas, cuantos en ellas se integran, quienes se afanan año tras año en crear auténticas obras de arte para representar el Nacimiento del Hijo de Dios, sacando del viejo arcón o de un rincón del armario las figuritas de barro que celosamente conservan, de padres a hijos, como un legado precioso, son los artífices auténticos de que hoy como ayer se siga produciendo el milagro de unir las familias al amor de la lumbre, de ese calor humano que acerca e iguala, que abre los corazones y que predispone al entendimiento entre todos los seres, sea cual sea su condición y procedencia.

Con la sencilla tarea de montar el Pesebre, el Belén o el Nacimiento, cuando se coloca el tablero o se habilita un lugar sobre el aparador con la misma finalidad, al extender el serrín o crear mágicas montañas con papel encolado o con corcho, al poner papel plateado como si fuera el agua del río o el cristal transparente con idéntico fin, al ir repartiendo las figuras por la efimera geografía creada en un minimo espacio, no sólo se está produciendo un verdadero trabajo artístico, que eso dependerá de la más o menos depurada técnica belenista del autor, siempre valioso en todo caso, sino que se está propiciando el clima adecuado para que puedan erradicarse de entre nosotros el odio, la violencia y la injusticia.

Esa es, verdaderamente, la importancia de la tarea que vienen llevando a cabo, en Cataluña o las Canarias, en Andalucía o en las dos Castillas, en el País Vasco o en Galicia, en Mallorca o Extremadura, en el archipiélago Balear o en el Levante, en todos los rincones de España, en suma, las asociaciones que promueven y fomentan la piadosa tradición del Pesebre, el Belén o el Nacimiento, quienes en esta época del año se convierten, con sus públicas o domésticas representaciones, en heraldos de buena voluntad, cuyo ejemplo debiera prender y permanecer todo el año…

Andrés L. Cañadas – Periodista


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El belén popular, por José Manuel López Sotillo

15 Dic 01
Presidencia FEB
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El belén popular, por José Manuel López Sotillo

(Artículo publicado en la revista El Pastor de Nochebuena n.º 1 (2001) de la Asociación Belenista de El Burgo de Osma)

Sin lugar a dudas, el más bello de los Belenes o Nacimientos es el llamado «popular» 0 «tradicional» que consiste en una representación geográfica y escenográfica del momento histórico del nacimiento de Jesús elaborada con corcho, musgo, serrín, piedras y ramas secas, todo ello sobre una vieja mesa o una improvisada plataforma.

En su montaje suele colaborar la familia al completo y se caracteriza por el afán, el cariño y la expectativa con que se hace; donde todo está permitido y justificado por la tremenda ilusión que todos ponen en la construcción de las montañas y el cielo, de los caminos y el río, del Portal y las casas y en la colocación de las figuras que van a dar vida a ese mundo en miniatura que es el Belén.

Pero montar un Nacimiento tradicional no es una tarea fácil, el lograrlo plenamente presenta a veces grandes dificultades. Al final siempre aparecen fallos en la iluminación, algún mecanismo no funciona, la perspectiva no es correcta o no hay concordancia en el tamaño de las figuras. En este artículo, que trata de ser un resumen de la parte teórica del curso dictado en nuestra asociación por el Maestro Belenista José Manuel López Sotillo, vamos a intentar dar conceptos e ideas básicas para que, cada vez más, nuestros Belenes, dentro de su sencillez, sean más bonitos.

Planteamiento del belén

Tipos de Nacimientos:

  • Históricos o Bíblicos: tratan de representar de manera más o menos fidedigna lo que fue Belén en los tiempos de Jesús, referido no sólo a la geografía, sino también a la parte costumbrista del pueblo judío en indumentaria, utensilios, arquitectura, etc.
  • Populares o tradicionales: responden al ingenio e iniciativa del que lo construye, mezclándose a veces el sentido bíblico y el costumbrista, propio de la región geográfica donde se ubica. Tenemos claros ejemplos en España con los nacimientos catalanes, andaluces, murcianos, etc., y en el resto del mundo con los napolitanos, provenzales y el amplio abanico de sudamericanos, entre otros.
  • Libres: en ellos no se utilizan materiales tradicionales, sino de la más diversa procedencia, como el cristal, metal, cera, tejidos, etc.

Condicionamientos previos:

Generalmente el Nacimiento se coloca en la habitación de la casa en torno a la cual se reúne toda la familia, siempre que no entorpezca su normal desenvolvimiento, y todo ello dependiendo del espacio que se necesite. Es también muy importante el contar con una plataforma sólida (mueble, mesa o tablero sobre caballetes) que nos sirva de base.

Influye de forma decisiva, a la hora de montar el Belén, las figuras de que dispongamos, fundamentalmente su estilo y tamaño, de tal forma que, a medida que estas sean de menor tamaño, se podrán incluir en el Nacimiento más escenas y paisaje, consiguiendo mayor perspectiva y lejanía.

Clases de Nacimiento:

  • Abiertos: son aquellos que pueden contemplarse desde varios lados, como es el caso de casi todos los Belenes populares.
  • Cerrados: cuando solo pueden observarse desde el frente, a través de una embocadura, teniendo entonces que tener muy presentes factores como la perspectiva, el cielo, iluminación, etc.

Planificación:

Es bueno que antes de comenzar el montaje hayamos hecho un boceto donde aparezca reflejado el paisaje, las edificaciones y la colocación de las figuras, siendo importante que sea una persona la que dirija el montaje, pero admitiendo las opiniones de todos los que intervengan.

La perspectiva:

Para obtener una buena perspectiva una de las consideraciones que primero hay que tener en cuenta es que el cielo que hay detrás de las montañas, visto de frente, debe ser redondeado, sin tener esquinas. Esto se consigue montando en la plataforma un bastidor de madera con las esquinas redondeadas, sobre el que se tensará una cartulina blanca en rollo, para que no tenga uniones o una sabana blanca o azul, también en rollo y siempre bien tensada para que no aparezcan sombras; serán tubos fluorescentes azules colocados detrás de las montañas los que den el color al cielo. Los más artistas pueden pintar nubes y colocar distintos tipos de estrellas que den más realismo al cielo de nuestro Belén.

La perspectiva también se consigue disminuyendo proporcionalmente el tamaño de las figuras y edificaciones a medida que nos alejamos del primer plano, buscando siempre que haya concordancia entre el tamaño de figuras con el paisaje (árboles, casas, montañas, río, etc.). Es importante también que los colores se vayan difuminando con la distancia, a medida que se alejan de nosotros.

Construcción del belén

Materiales:

Debemos procurar que estén a nuestro alcance en el medio que nos desenvolvemos, tanto para comprarlos, como para buscarlos en el campo o para reciclarlos de cosas que ya no sirven.

  • Corcho: es uno de los materiales imprescindibles que siempre ha formado parte del Belén Popular. Puede utilizarse tal como se extrae de la corteza del alcornoque empleándose para la construcción de la Gruta y para las montañas, ensamblándose con tornillos unos trozos con otros y rellenando de musgo las uniones. También en planchas industriales de corcho se emplean para todo tipo de edificaciones, murallas, puentes, pozos y distintos útiles y mobiliario.
  • Musgo: sirve muy bien para representar la vegetación, pero empleándolo con moderación, utilizando los cepellones más cortos para simular la hierba y los más largos para matorrales.
  • Cepas: las raíces y el tronco de las vides es un material apto para la construcción de la Cueva y para simular accidentes en el terreno, pero hay que tener en cuenta que es un material muy duro y dificil de manipular.
  • Escoria: la escoria de carbón, hoy en desuso por no quedar prácticamente calefacciones de carbón, se utilizaba también, tanto para las montañas como para hacer el Portal, uniendo los trozos entre sí con escayola, disimulada luego con pintura.
  • Madera: material insustituible en el Belén, tanto para el soporte e infraestructura como para la fabricación de todo tipo de edificaciones, puentes, escaleras, vallas y cercados, útiles de labranza, etc., con resultados sorprendentes. Derivado de la madera es el serrín que también se utiliza en la elaboración del paisaje y junto a las edificaciones.
  • Piedras y arena: para las montañas resulta un material muy pesadon y difícil de transportar, pero resulta muy útil en el lecho de los ríos y para hacer senderos y caminos, buscándolas de distintas procedencias y tamaños.
  • Poliestireno expandido (porexpán): por su versatilidad y múltiples aplicaciones es de los materiales más utilizados en la actualidad, pudiendo sustituir a casi todos los materiales antes citados en la elaboración de montañas, edificaciones, muros, vegetación, etc. Es fácil de trabajar cortándose con cuchillas y uniéndose con cola blanca de carpintero o con pegamentos especiales sin disolventes. Requiere de cierta práctica y habilidad para obtener los resultados deseados.
  • Escayola: se usa para recubrir montañas de tela o arpillera y en todas las construcciones de porexpán. Tiene gran adherencia a las superficies, y una vez seca, se pinta con facilidad obteniendo efectos sorprendentes. Similares resultados, con mayor tiempo de trabajo, se consigue con el Aguaplast® o plaste de tapar grietas.
  • Material reciclado: aquí están incluidos los motores de lavadoras, microondas, limpiaparabrisas, restos de embalajes de porexpán, material eléctrico y cualquier trasto almacenado antes de tirarlo.

Construcción de la Cueva o Portal de Belén:

Se colocará en un sitio preferente, ya que es la escena principal del Belén, generalmente en primer plano y a la izquierda. Hasta nosotros ha llegado el dato de que Jesús nació a las afueras de Belén, en una de las cuevas que utilizaban los pastores para guardar su ganado.

La mejor forma de hacer la cueva en nuestro Nacimiento es con trozos de corteza de alcornoque (corcho), unidos entre sí con tornillos, sobre un armazón de listones de madera y tapando las grietas con musgo, apretándolo bien para que no dejen pasar la luz. El suelo lo podemos poner de arena o serrín y pajas.

Construcción del paisaje:

Debemos procurar que se asemeje a un ambiente real que nos recuerde el momento histórico del nacimiento de Jesús. Para lograr esta ambientación siempre hay que tener en cuenta la perspectiva: los objetos serán más pequeños a medida que se alejan de nosotros y los colores también se irán difuminando con la distancia.

En la construcción del paisaje tendremos presentes tres planos. En primer plano siempre se colocará el portal con el Misterio, donde acaban los caminos; así como el final del río. En segundo plano ira la Anunciata a los pastores, el cortejo de los Reyes Magos y pastores de camino; y en último término montañas, pueblecitos y el castillo con Herodes y sus guardias.

Las montañas nunca deben ir pegadas al celaje, sino separadas una distancia suficiente para colocar unas luces azules que den el color al cielo. Estas montañas pueden hacerse con corcho, con porexpán modelado o con tela metálica y sobre ella arpillera con escayola y luego pintadas.

Construcción de edificaciones:

Las edificaciones se pueden hacer con madera o corcho, aunque en la actualidad el mejor material es el porexpán revestido de escayola y luego pintado. Lo mejor es ir haciéndolas a lo largo del año y guardarlas luego de un año para otro.

Ni qué decir tiene que las casas en cuanto al tamaño deben estar en concordancia con las figuras y con el paisaje. Como criterio para su confección debemos saber que las casas eran muy humildes, de adobe o de piedra, generalmente de una sola planta, con pocas y pequeñas ventanas, puertas bajas y cubiertas de cúpulas o terrazas; agrupadas en conjuntos amurallados para una mejor defensa.

Construcción del río:

Es uno de los elementos que más realismo puede dar al nacimiento cuando se hace con agua real, aunque también se puede hacer con agua simulada y dentro de estos últimos pueden ser ríos planos (con papel de plata, celofán, espejo, etc.), o con lecho labrado con o sin cubrir con cristal.

Si lo queremos hacer con agua al planificarlo debemos saber que nacerá en una zona elevada y terminará en una de las más bajas, evitando grandes pendientes. El lecho lo podemos hacer con doble plástico fuerte, delimitado por listones de madera donde se grapará el plástico, pero siempre por la parte de fuera; el río terminará en un recipiente con capacidad suficiente para albergar toda el agua del circuito, completado todo con una bomba preferiblemente de inmersión, ya que las de lavadora son más ruidosas y complicadas, que suba el agua hasta el comienzo del río.

Vegetación:

En los Belenes bíblicos tenemos que reproducir la vegetación propia de Palestina en los tiempos de Jesús, bien con plantas naturales buscadas en el campo, con vegetación artificial o complementándose unas con otras.

Dentro de la vegetación natural lo más utilizado es el musgo, líquenes, tomillos, ramas secas, etc., que se pueden guardar perfectamente de un año para otro. La vegetación artificial se puede conseguir utilizando cartulinas, plásticos, poliestireno expandido, alambres, etc., con resultados aceptables.

Iluminación:

Criterios generales utilizados para una buena iluminación del Belén son que las luces estén en la parte alta del Belén, cuanto más arriba mejor, para así evitar hacer sombras. Las casas por dentro deben tener una luz tenue y pobre, que tendrá que estar sincronizada con la luz ambiental si queremos utilizar los aparatos que consiguen el efecto día-noche.

Para resaltar la importancia del Portal de Belén, elemento esencial de todo Nacimiento, este debe estar bien iluminado, independientemente del momento del día o de la noche en que estemos; esto se consigue enfocando a la cuna del Niño Jesús con una luz directa y penumbra en el resto de la habitación.

Con todo esto solo hemos pretendido dar unas normas básicas de partida para planificar el montaje del Belén, detalles que iremos ampliando con otros artículos en esta revista, charlas, vídeos y cursillos.

José Manuel López Sotillo – Maestro Belenista y Secretario de la Asociación de Belenistas de Madrid


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Los orígenes del belenismo, por Mª Pilar de Pablo Catalina

15 Dic 01
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Los orígenes del belenismo, por M.ª Pilar de Pablo Catalina

(Artículo publicado en la revista El Pastor de Nochebuena n.º 1 (2001) de la Asociación Belenista de El Burgo de Osma)

Las primeras y más importantes fuentes literarias del ciclo de la Natividad fueron los Evangelios de Lucas y Mateo. Mateo narra el nacimiento de Jesús en el contexto de la Judea dominada por la ocupación romana, texto recogido en su capítulo 2, versículos 1 al 20:

[…] Sucedió que por aquellos días salió un edicto de César Augusto, ordenando que se empadronase todo el mundo […]. Iban todos a empadronarse, cada uno a su ciudad. Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de casa y familia de David. […] y [María] dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento […].

En este corto relato están contenidos los tres nombres tradicionales que ha recibido el Belén en España: Belén, por la ciudad de Bet-lehem, la Belén del relato; Nacimiento, por el Nacimiento de Jesús que, empleado con mayúscula, pasa de ser un nacimiento genérico a ser específico, por lo que se llama también Misterio al conjunto de sus protagonistas, al referirse al Misterio de la Encarnación, es decir la presencia de Dios en carne humana. Finalmente, es de uso en Cataluña denominar pessebre al Belén, término muy acertado, pues del pesebre, en latín praesepio, arranca la tradición inicial.

La parquedad de las narraciones evangélicas respecto al nacimiento de Jesús, así como la discreta atención prestada por las primitivas comunidades cristianas a tal acontecimiento motivaron, en buena medida, la escasez y tardanza de las representaciones plásticas a él dedicadas. Escasez y tardanza a la que contribuyen también las persecuciones y la consecuente ocultación de los símbolos cristianos. Sólo la llegada de la Paz de Constantino (313 d. C.), con la publicación del Edicto de Milán, en el que se reconoce a los cristianos el derecho a celebrar sus cultos, hará que tal situación se transforme, aflorando con ello, y de modo creciente, las representaciones artísticas del cristianimo.

El primitivo arte cristiano se desarrolla en el ámbito funerario de las catacumbas, y es en la pintura funeraria, donde hallamos las primeras muestras plásticas del tema de la Natividad. Se trata de un fresco del siglo II que se encuentra en la Capella Grecca, de la catacumba de Santa Priscila. En dicha pintura se contempla la figura de la Virgen, que aparece sentada en un sitial, sin respaldo alguno y sosteniendo en su brazo izquierdo al Niño, envuelto en un rebujo de pañales. A su lado, apuntando hacia el cielo, como indicando la estrella anunciadora del nacimiento del Mesías, figura el profeta Isaías.

A partir de este momento abundan numerosos ejemplos en los que se va fijando iconográficamente el tema de la Natividad. En la catacumba de San Sebastián, en una pintura del siglo IV, se representa un verdadero nacimiento, con el buey y el asno; pero faltan San José y la Virgen que bien pudieran ser unas figuras que aparecen en el fondo.

San José es, por otra parte, el gran ausente de estas representaciones pictóricas primitivas. La divinidad de Cristo, negada por los arrianos, es causa principal de que la imagen de San José no esté generalizada hasta bien pasado el siglo IV, queriéndose evitar con ello cualquier participación humana en la concepción de Jesús.

Sin embargo, a partir de este siglo, el grupo completo aparece ya con asiduidad en sepulturas, sarcófagos y tablillas de marfil y madera como consecuencia de la definición como dogma de la genuina naturaleza humana y divina de Cristo en los diferentes concilios de Nicea (325), Constantinopla (381) Éfeso (431), Calcedonia (451) y nuevamente Constantinopla (553).

Destacan por su importancia las primeras representaciones en relieve del Nacimiento de Cristo, presentes en diferentes sarcófagos de los siglos IV, V y VI. En ellos, junto a otras escenas, se representa la venida de Jesús, a través de una iconografía que irá fijando diversos motivos: así, encontramos, por primera vez, la representación del lugar del nacimiento como una choza; la figura de Jesús recién nacido, acostado en una cesta de mimbre; San José, portando una vara; la Virgen alzada sobre una roca y flanqueada de palmeras… En el sarcófago de Santa Priscila, se representa la anunciación a los pastores y en ella aparece una figura que perdurará en todas las manifestaciones belenistas posteriores: la del zagal llevando una oveja sobre sus hombros; en el sarcófago de Arlés, es la adoración de los pastores la escena central, y en el de Ancona la presencia de los magos es el motivo principal.

No es extraño esta frecuente aparición del nacimiento asociado a un arte funerario, que se explica porque el día de la muerte, era para los cristianos de los primeros siglos, el dies natalis, el día de su nacimiento a la vida sobrenatural.

Por otra parte, y como consecuencia de la costumbre de reproducir en Occidente los más famosos santuarios orientales con los que se tenía alguna especial relación, pueden considerarse también como precedentes históricos de los Belenes las réplicas o representaciones de la Santa Cueva de Belén, que en muchas iglesias, principalmente de Roma, se hicieron para venerar el recuerdo del nacimiento de Jesús.

Según la tradición, algunas maderas de la originaria gruta o cueva de Belén fueron traídas a Roma desde Palestina. Con ellas, en el pontificado de Sixto III (432-440), se construyó la primera imitación del antro praesepis, o cueva del pesebre, por lo que se dio el nombre de Santa María ad Praesepe a la iglesia que la albergó. En ella, siglos más tarde, el papa Teodoro I (642-649), de origen palestino, mandó construir un oratorio que recogiera las supuestas reliquias de la cuna del Niño Jesús, donde el pontífice celebraba la primera de las tres misas de Navidad.

Debido a su mayor vinculación con los Belenes, recordaremos también los llamados «Misterios de Navidad»: funciones semilitúrgicas que se remontan al siglo X y que solían tener lugar en el interior de las iglesias, donde se representaban los episodios principales, tales como el Anuncio a los pastores o la Epifanía.

La representación, originalmente respetuosa y acorde con el carácter sacro de los templos donde se celebraba, fueron degenerando en bullicio y algarabía que convenían poco a la quietud de las iglesias, por lo que se dispuso su realización en los atrios, para acabar siendo prohibida por el papa Inocencio III (1198-1216). Aunque los clérigos solían disfrazarse, también cabe la posibilidad de que existiera cierto apoyo plástico para el decorado, y de que se emplearan figuras tridimensionales o, al menos, pintadas y recortadas, para representar a los personajes sagrados. Esta idea de «espacio» y de «teatro» puede ser el antecedente de los Belenes por tratarse de personajes integrados en un entorno espacial.

Con el tiempo, este teatro religioso va perdiendo referencias dogmáticas, incorporando multitud de elementos populares evidentes en la lengua, en los personajes y en las actitudes que estos manifiestan.

El juego escenográfico que estas manifestaciones teatrales suponen, la incorporación a ellas de la cultura popular, el tránsito continuo de figuras y personajes, el movimiento generado alrededor de la Santa Cueva… son, entre otros muchos, elementos que, procedentes de estas representaciones escénicas, llegarán posteriormente a los montajes belenísticos, que precisamente alcanzan su máximo esplendor en el mismo momento en que el teatro manifiesta sus más altas cumbres: la época barroca.

Al tiempo que se expandía la visualización del drama sacro y se iniciaban los primeros pasos hacia la configuración del Belén en toda su complejidad, el teatro, pese a las restricciones y limitaciones, seguía un camino paralelo. De hecho, puede decirse, que los orígenes del teatro europeo se remontan a estas representaciones del ciclo de la Natividad, especialmente las que se refieren a la Natividad y Anuncio de los pastores, y las de la Epifanía. Suele citarse como ejemplo temprano, un fragmento del Auto de los Reyes Magos, que se conserva en la biblioteca de la catedral de Toledo, escrito en castellano y fechado en el siglo XIII.

En el siglo XIV, el tema del Nacimiento es motivo de representación propiamente teatral, lo que pudiera contribuir a la existencia de los Belenes.

Es oportuno también recordar las obritas teatrales cortas mallorquinas, llamadas Pastorells, que se ponían en escena, por lo menos desde el siglo XVIII, cuyo tema central era la ofrenda de presentes hecha al Niño Jesús por un grupo de jovencitos ataviados de pastores. Así también, los «teatrillos parlantes» o de marionetas, como el que se sigue representando en Alcoy (el Belén de Tirisiti), tuvieron su influencia en los Belenes.

Con todo lo dicho se deduce cuál era el clima de devoción al Misterio del Nacimiento de Cristo, propagada también por la Orden del Temple, y que influirá después en la práctica navideña de los Belenes. Pero será a partir del siglo XIII cuando se dé un impulso vigoroso a la conmemoración plástica del hecho del nacimiento de Cristo.

En la Europa del siglo XIII, se producen cambios importantes. El poder feudal va decayendo. Del cerrado estudio de los claustros se da paso al más abierto de la Universidad. Roto el estricto cauce del monasterio, el obispo concede licencia a los clérigos para enseñar fuera del ámbito monacal. Con ello la cultura se populariza… En este singular ambiente nace una nueva orden religiosa, la franciscana, que, en lugar de encerrarse en los conventos, sale a la plaza pública, a los caminos, predicando una religión más popular. No hay duda de que aquellos nuevos aires, con la devoción por lo sencillo y lo popular, servirían de simiente adecuada para el surgimiento del belenismo.

San Francisco de Asís (1182-1226) es el autor del milagro de la extensión del misterio del Nacimiento. Tomás de Celano, biógrafo del santo, nos cuenta que, en el año 1223, pidió San Francisco licencia a Honorio III para poder representar, en la noche de Navidad, en una cueva de Greccio, en la Toscana italiana, el nacimiento de Jesús, dispensa necesaria pues hacía dieciséis años que el papa Inocencio III había prohibido cualquier manifestación teatral en las iglesias. Obtenida la autorización, en la cueva se figura el Nacimiento de Jesús, quien, según la tradición, milagrosamente cobró vida en medio de la celebración.

A partir de aquel momento, los frailes llegaron a hacer tradicional en todas las iglesias franciscanas la costumbre de representar la escena divina, recreando pesebres vivientes y extendiendo así la visualización del nacimiento de Jesús, antecedente próximo de los Belenes.

Ello es la razón que llevó a las Asociaciones Belenistas de todo el mundo a solicitar del Vaticano la proclamación de San Francisco como patrono universal del belenismo, lo que felizmente se logró el año 1986.

En la propagación del belenismo es también fundamental la labor de las clarisas, vinculadas a la orden franciscana. Aunque no se trata propiamente de belenismo, las clarisas son las iniciadoras de una tradición que se extiende a muchos conventos de monjas: cada novicia traía al ingresar en la comunidad la imagen de un Niño Jesús que luego era vestido con atuendos creados por las propias monjas. Dicha tradición llegó a España y fue especialmente viva en Levante, dando lugar a los repos de Jesús (descanso de Jesús).

En los tiempos de la Contrarreforma, serán los jesuitas quienes den un nuevo impulso al belenismo como medio para reprimir cualquier brote de protestantismo. Se animan los servicios divinos de Navidad, por medio de escenas de Belén, realizadas por tallistas y escultores.

La nobleza no tardó en querer poseer belenes similares en sus capillas privadas y, de allí, la costumbre saltó a los hogares de la alta burguesía, para arraigar, más tarde, en el pueblo llano. Para recreo de los niños, se representaban no sólo la escena del nacimiento de Jesús y el pesebre de Belén, que seguía ocupando el mural central, sino también motivos de la vida cotidiana de los creadores de estos Belenes: los campesinos, los artesanos…

Similar labor de difusión del belenismo realizan los teatinos y un siglo más tarde, en el siglo XVII, los escolapios. Siglos más tarde, en el período decimonónico, otro sacerdote español, San Antonio María Claret, fundador de los claretianos, también alentará de modo decisivo la devoción belenista, tan enraizada en la esencia del pueblo hispano, y que, gracias a él, adquiere nuevo impulso.

M.ª Pilar de Pablo Catalina – Asociación Belenista de El Burgo de Osma

Bibliografía consultada para este artículo:

  • Martínez-Palomero, Pablo. El Belén. Historia, tradición y actual. Barcelona, Aura Comunicación, 1993
  • Pérez-Cuadrado, Juan. El mundo del Belén. San Sebastián, 1986
  • Arbeteta Mira Letizia. Oro, Incienso y Mirra. Los Belenes en España. Madrid, 2000

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Qué es ser belenista, por Mª Carmen Casado de la Rica

15 Dic 01
Presidencia FEB

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Qué es ser belenista, por M.ª Carmen Casado de la Rica

(Artículo publicado en la revista El Pastor de Nochebuena n.º 1 (2001) de la Asociación Belenista de El Burgo de Osma)

El Belenismo está de moda. A esa conclusión se podría llegar si observamos el auge que las manifestaciones belenísticas están teniendo en nuestra sociedad. Hay multitud de asociaciones, belenes monumentales, macroexposiciones sobre el Belén donde se presentan los tesoros de nuestro arte desde los siglos más remotos hasta nuestros días. Se muestran las mejores tallas, los mejores relieves, las mejores pinturas, realizados a lo largo del tiempo por los más prestigiosos artistas. Donde se exponen también las humildes figuras populares de barro de principios del siglo XX, que ya comienzan a ser antigüedades, y los maravillosos dioramas con bellas figuras de artesanos actuales, realizados por las asociaciones belenistas. Son exposiciones atractivas para todos, por el valor artístico de las piezas, por la ternura y sensación de paz que inspira el Nacimiento, y por despertar esa faceta infantil que hay dentro de nosotros. Además, a veces es una auténtica lección de Historia Sagrada.

Pero detrás de todas estas manifestaciones, subyace el espíritu de unos artistas y autores que han querido transmitir sus sentimientos, dotando a sus obras de una expresividad concreta.

Cuando el belenista realiza un diorama (representación tridimensional de una escena bíblica de la infancia de Jesús) o un Belén, intenta reproducir lo más fielmente posible el ambiente en el que se desarrolló ese hecho (arquitectura, geografía, flora, fauna, etc.). Intentará realizarlo cada vez mejor, investigará y se documentará de cómo era Palestina en los tiempos de Jesús, la sociedad judía, los oficios, etc. Intentará crear una perspectiva que dé realismo a la escena. Así, buscará reflejar de la manera más fiel posible y desde su fe cristiana, lo ocurrido hace más de 2000 años: el Nacimiento de Dios, que quiso ser hombre y llevar una existencia humana, que eligió nacer en una familia humilde y en un pesebre y que nos dejó un maravilloso mensaje de Amor.

Quiero terminar, animándote a poner un Belén cada Navidad, símbolo de la paz y solidaridad que cada día son más necesarias en el mundo.

Mª Carmen Casado de la Rica – Asociación Belenista de El Burgo de Osma


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