Categoría: Artículos Asociación de Belenistas La Adoración de Arcos de la Frontera

Nació en un establo porque no había sitio para ellos en la posada, por Antonio Bernal González

20 Dic 98
Presidencia FEB

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Nació en un establo porque no había sitio para ellos en la posada, por Antonio Bernal González

(Artículo publicado en la revista Pesebre n.º 2 (1998) de la Asociación de Belenistas «La Adoración»)

Al amparo de esta frase he realizado el belén que los arcenses y cuantos visitantes deseen acercarse a Arcos, podrán contemplar esta Navidad’98 en el Centro Anais (Hermanas Salesianas) en calle Corredera.

La idea parte de una conversación que casualmente mantuve el pasado año con el Párroco de Jédula D. José Palomas. En dicha conversación sacamos a relucir el controvertido asunto de la postura del posadero, al parecer plasmado en la mente de todos como un hombre sin sentimientos que no dio cobijo a María y José en ese momento tan delicado en que María se disponía a dar a luz en un lugar extraño para ella.

Pero antes de adentrarnos en sacar conclusiones, recurramos un poco a la historia.

Existían dos ciudades de Belén: Belén de Judea y Belén de Zabulón. Los evangelistas se refieren a la primera, por ser el lugar del nacimiento de David.

El nombre completo era Belén Efrata, que quiere decir «Casa del Pan», por tanto se supone que había cereales y almortas (no se utilizaba el trigo); también era tierra de pastores y, por tanto, de queseros.

Belén estaba situada a 8 km al sur de Jerusalén, a 700 m sobre el nivel del mar, en el borde del desierto de Negueb y en el camino de Jerusalén a Hebrón y Gaza. En sus afueras había un «Caravassan», equivalente a nuestras ventas de Andalucía, Murcia y Castilla. Este «Caravassan» fue construido en el siglo V antes de Jesucristo por Roboan.

En el «Caravassan» siempre había lugar. Era un patio con soportales, una fuente y un lugar para los camellos y los asnos. El ganado menor se dejaba en las pequeñas grutas de los alrededores.

El «Caravassan» no era el lugar adecuado para dar a luz en medio de tanta gente como en aquellos días que acudían a censarse, por lo que tuvieron que buscar una de las cuevas próximas y posiblemente anexa a la misma posada.

Por último decir que la cueva donde nació Jesús y según se desprende de lo que queda de ella en la actualidad, pudo tener unas dimensiones de 12 x 4 m, y 2 m de altura.

Pues bien, este año he querido representar lo que pudo ser, con muchísimas posibilidades, el escenario de la posada, con su patio porticado repleto de gente instalada en los soportales, con animales de carga descansando en las cuadras, con un posadero en actitud vigilante ante el portón principal, pero a la vez relajado y entretenido jugando con los perros despues de haber buscado aposento a la «familia en apuros», instalándolos en el establo de la posada.

De esa manera, María pudo dar a luz con cierta intimidad, rodeada de los animales típicos del belén: el buey y la mula.

El posadero no fue tan malo.

Antonio Bernal González

Algo de historia, por Inmaculada Porro Baena

20 Dic 98
Presidencia FEB
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Algo de historia, por Inmaculada Porro Baena

(Artículo publicado en la revista Pesebre n.º 2 (1998) de la Asociación de Belenistas «La Adoración»)

Según los libros que he podido consultar, para conocer cuándo aparecen las primeras manifestaciones artísticas sobre el Nacimiento de Jesús, y más concreto sobre la costumbre de montar un nacimiento, o representar un belén, puedo contaros que los primeros indicios los podemos encontrar en las Catacumbas de Priscila hacia el año 180 ó 200; son unas pinturas relacionadas con motivos navideños como la Virgen María sosteniendo en brazos al Niño Jesús.

También podemos encontrar algunos motivos relacionados con la Epifanía de Jesús, en sarcófagos y tablillas de marfil, sin especificar el año concreto.

Pero donde más se aprecian es en algunos relieves bizantinos de la catedral de Rávena del siglo VI, en las cuales se nos ofrecen escenas como el sueño de San José o la Virgen embarazada junto a San José camino de Belén y la clásica escena del pesebre con el buey y la mula junto al Niño, San José y la Virgen.

Sin embargo, la primera representación de la Navidad fue realizada por San Francisco de Asís, el cual era un gran admirador del nacimiento del Niño Jesús.

En la Nochebuena de 1223 escenificó una versión de tan gran acontecimiento en el santuario italiano de Greccio con personajes y animales vivos. Santa Clara siguió el ejemplo de San Francisco, la cual lo difundió por todos los conventos franciscanos.

La primera referencia en cuanto al montaje del belén, realizado con figuras en lugar de personas y animales fue en 1252 en un monasterio alemán y en el 1300 se exhibió una en la catedral de Barcelona.

Más tarde, ya en el 1500, la Contrarreforma ayudó a su difusión por todas las iglesias y monasterios españoles gracias al favorecimiento de todas las expresiones de devoción popular. Ya en el siglo XVIII, el rey Carlos III encargó a José Ginés y José Esteve (artesanos alicantino y valenciano) la construcción de un belén de 600 figuras para su hijo, Carlos IV. En estos momentos de la historia podemos observar que la tradición artística de montar un belén o nacimiento durante los días navideños se limitaba a un sector privilegiado de la sociedad o incluso podríamos decir que eran los únicos que podrían observarlos y contemplarlos… Con lo cual podemos deducir que el valor artístico de dichas figuras sería sin lugar a dudas soberbio y exquisito, y estarían realizadas con los mejores materiales que pudieran obtener.

Pero como el Niño Jesús quería en estas fiestas estar en todos los hogares, esta costumbre de montar el belén se fue extendiendo a todas las clases sociales, apareciendo otro tipo de figura más tosca, vulgar y popular y por supuesto más accesible a todas las personas, incluso a las clases más humildes.

Se tiene referencia de que en 1786, en una feria de Barcelona (feria de Santa Lucía), se vendían figuras de belenes, de barro y cartón, con lo cual sólo al mencionar estos materiales podemos deducir que serían destinados para un sector humilde de la población, y por supuesto su realización podemos centrarla dentro de talleres familiares.

En el siglo XIX, la afición por montar un belén ya se ve en las casas, ya sean monumentales, o lugares públicos o privados… Se ha extendido por toda España, y la difusión de figuras de belenes para todos los bolsillos contribuyó gratamente a dicha expansión.

Podemos firmar que este siglo no había un hogar, ya fuese humilde o distinguido, que en estos días navideños no tuviera instalado su nacimiento.

Bueno, espero que este relato sacado de los diferentes libros de belenes que he podido leer os sirva, o nos sirva, para algún día poder detallar que en el siglo XX también tuvimos la suerte de conseguir que el belén fuera algo muy habitual en todos los hogares españoles.

Inmaculada Porro Baena

Llega Navidad, poema de un belenista anónimo

20 Dic 98
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Llega Navidad, poema de un belenista anónimo

(Artículo publicado en la revista Pesebre n.º 2 (1998) de la Asociación de Belenistas «La Adoración»)

En estos días del año
todo el mundo espera ya
la llegada del Mesías
y con Él la Navidad.

El Belén hay que montar
y sacar las figuritas
que entre virutas y pajas
aguardándonos están.
Nerviosos y parlanchinas
todas quieren salir ya,
piensan y dudan el sitio
donde se colocarán.
Los pastores y sus rebaños
se han conseguido juntar
para salir los primeros
y un buen aprisco buscar.

El sol le dice a la luna:
¡no te duermas, vienen ya!,
que alumbrar hemos a todos
los que van hacia el Portal…
Los Reyes Magos alforjas
cargadas las tienen ya,
los pañales para el Niño
y muchos regalos más.
La estrella dispuesta está
para ir cruzando fronteras
y a los pueblos anunciarles:
¡que ya llega, que ya llega!

Felices el buey y la mula
juntos caminando van,
para calentar al Niño
cuando lleguen al Portal.

Las campanas de mi pueblo
toques ensayando están,
para cuando nazca el Niño
dormirlo con su sonar.
José, la Virgen y el Niño
impacientes todos están,
porque quieren con nosotros
renovar la Navidad.

Un belenista

Cómo conseguir el efecto «lluvia» en el belén, por Antonio Bernal González

20 Dic 98
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Cómo conseguir el efecto «lluvia» en el belén, por Antonio Bernal González

(Artículo publicado en la revista Pesebre n.º 2 (1998) de la Asociación de Belenistas «La Adoración»)

Todos los belenistas, por muy expertos que sean, coinciden en la gran dificultad que encierra el manejo del agua natural en la construcción del belén, ya sea en forma de río, lago, o como en el caso que nos ocupa, de lluvia.

La dificultad se basa fundamentalmente en el control del agua, de tal manera que no se escape por ningún sitio no deseado y nos chafe todo el invento.

Hacer que llueva en un belén puede ser un tormento si no delimitamos la zona de lluvia y sobre todo si no impermeabilizamos perfectamente la zona donde llueve.

Por tanto, mientras más pequeña sea la zona en la que llueve, más fácil lo tendremos.

Voy a desarrollar los pasos a dar para hacer que llueva en un belén cuyo desarrollo es fundamentalmente un patio porticado, en torno al cual se construyen los edificios que cierran el patio, de tal manera que evitemos en esta ocasión construir espacios grandes con paisajes lejanos en los que sería muy complicado el efecto de lluvia.

Por tanto, tenemos un belén que consiste en un desarrollo interior de edificios que conforman un patio que será donde llueva.

Fase 1

Construiremos una plataforma con fibra de vidrio -se trata de una especie de malla blanca de fibras entrecruzadas que al aplicarle un producto endurecedor se convierte en una plancha impermeable y poco pesada-. Este material se encuentra en droguerías y tiendas de pinturas.

La plataforma deberá ser algo más grande que el cuadrado o rectángulo que formará el patio sobre el que queremos que llueva. Deberá tener un borde lo suficientemente alto como para que el agua que recoge no se salga (unos 3 ó 4 cm). Una vez comprobado que la plataforma es totalmente impermeable haremos un agujero en el centro al que conectaremos una salida para que el agua pase al depósito desde donde será bombeada de nuevo.

El depósito deberá tener capacidad para recoger toda el agua del circuito una vez en reposo y podremos utilizar una bomba de lavadora para hacer el circuito cerrado deseado.

Fase 2

Construir sobre la plataforma las edificaciones que cierran el patio e impiden que se vea el celaje. El agujero central deberá estar protegido con una malla o filtro que impida el que el agua arrastre al depósito suciedad.

El suelo del patio que queda lógicamente sobre la plataforma impermeabilizada, puede rellenarse de piedras diminutas que darán al mismo tiempo un efecto real y servirán para que a través de ellas se filtre el agua y pase por el desagüe central al depósito.

Fase 3

Se construye una parrilla del tamaño del patio en el que queremos que llueva utilizando para ello tubos de riego por goteo. Se trata de unos tubos de plástico duro que traen unas cánulas por tramos, por las que gotea el agua. Se puede incrementar el número de cánulas cortando el tubo e introduciendo cánulas que venden sueltas.

Este material se puede encontrar en fontanerías o tiendas donde vendan material de jardinería. Hay elementos suficientes como para montar nuestra parrilla sin más herramientas que una cuchilla para cortar los tubos de plástico y, si acaso, un mechero para calentar el tubo y facilitar la colocación de las cánulas y las distintas piezas de empalmes.

Si la cantidad de gotas es insuficiente se pueden incrementar perforando los tubos en los sitios donde se desee, con una boca muy fina, si acaso de 1 ó 2 mm.

Fase 4

Colocamos la parrilla justo encima del patio, y fuera del alcance de la vista (si bien no podremos abusar de la altura, ya que la bomba tiene un límite de altura para bombear), conectando con una goma la salida de la bomba de agua junto al depósito con dos de los extremos de la parrilla de tal manera que la presión llegue bastante repartida a la misma.

Si tenemos un aparato electrónico de luces que nos permita conectar el mecanismo del agua en una fase concreta, podremos hacer que llueva, por ejemplo, en el amanecer mientras que en las demás fases escampa.

Antonio Bernal González

Para empezar el tiempo navideño, por Manuel Porro Martínez

20 Dic 98
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Para empezar el tiempo navideño, por Manuel Porro Martínez

(Artículo publicado en la revista Pesebre n.º 2 (1998) de la Asociación de Belenistas «La Adoración»)

No estamos solos, contamos con muchos miles de seguidores, en los cinco continentes los nacimientos son construidos y adorados. Podemos contemplar la naturalidad de la confección del belén, dependiendo de las habilidades y posibilidades de cada uno, del material disponible, del espacio que tengamos libre, de las horas que podamos dedicarle al montaje del belén y de las «ganas» que tengamos ¡pues podemos fallar!…, pero lo que no se nos puede olvidar, es que todo belén construido (por simple que sea) nos da la oportunidad de contemplar la grandeza del nacimiento del Niño Dios.

Cuando salga esta revista a la luz del día, ya debemos tener nuestros belenes montados en casa, o casi terminados, porque la Navidad es un acontecimiento tan maravilloso que nos obliga a no olvidarnos de poner un pequeño belén en casa, pues son fiestas de familia, de mucho amor, de gran sinceridad de bastante amabilidad, y de gran respeto para todos, y ni qué decir tiene, que es el momento de sacar a la luz lo mejor de nosotros mismos, utilizarlo como herramienta para montar, colocar y confeccionar ese maravilloso belén que siempre hacemos con mucho cariño.

Cuando ya tenemos construido el belén, por ese Altísimo Designio, por decirlo de alguna manera, debemos pararnos ante él y pensar primero en el trabajo que siempre conlleva el montaje de un belén; segundo, pensar en la creación personal, en el acoplamiento de tantos detalles que le dan una personalidad a nuestra obra, y finalmente, interiorizar una oración por la obra terminada, por ser una participación personal para gloria de Dios, una obra construida por nosotros mismos que nos da la oportunidad de acercarnos más a Él.

A mí particularmente, me gusta visitar los belenes, porque a todos, siempre les encuentro algo, no sé qué, pero hay un particular detalle en casi todos ellos, unos con un fondo espléndido, unas montañas increíbles, un río de piedra o agua lleva, unas palmeras esbeltas, unas casitas primorosas, unas grutas maravillosas, esos pastorcitos con esa cara de admiración, unos adorando y otros demostrando su bondad, esas lavanderas lavando su ropa, otras mujeres acarreando los búcaros con agua de los pozos ¡y esa gracia de los pozos!, los caminos, esos Magos de Oriente, esa Estrella con su destello, la gruta donde nos encontramos con el Niño Divino, su Madre María y su Padre San José, esa mula y ese buey, esos rebaños de ovejas y cabras que, con arte y salero, son puestos en los belenes, para recordarnos ese magnífico acontecimiento que todos los años volvemos a recordar y disfrutar por estas fechas.

De todas las fiestas, ésta de la Navidad es quizás la mayor, es más familiar, participan los «reyes» de la casa, nuestros hijos, y también los mayores, los abuelos, se realizan las comidas en familia con el famoso pavo, los polvorones, los mantecados, los turrones, los anises, sin olvidar los Vinos de Jerez y siempre o casi siempre, terminar con un dulce brindis que nos transmita los mejores deseos a todos los miembros de la familia.

Es un acontecimiento Santo, que continuamente lo tenemos de manifiesto, ante nuestros ojos de día y de noche, nos revela de nuevo el milagro del nacimiento del Hijo de Dios. Cada vez que pasemos por el sitio tan entrañable, en el que tengamos montado nuestro belén, debemos pararnos delante de él, nos invita a arrodillarnos, a encontrar tranquilidad, amor y paz en el ajetreo de nuestro caminar diario, a hacer una pausa para conocernos mejor, quedarnos con nuestras buenas cosas y rechazar todas las malas que tengamos acumuladas en nuestras almas pecadoras.

Es un acontecimiento tan enorme y maravilloso que tenemos que compartirlo con nuestros seres más queridos, con la familia, con los amigos…, el belén debe convertirse en ese centro de unión en el que se unan y reencuentren todos nuestros sentimientos y pensamientos.

Ojalá pueda comprobar que he logrado convencer y sacarle todo su fruto al montaje de los belenes, sería una buena recompensa personal el logro de que todo el que lea el artículo comprenda la importancia de la construcción del belén.

Manuel Porro Martínez

¡Hay que ver cómo pasa el tiempo!, por Rafael Castro

20 Dic 98
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¡Hay que ver cómo pasa el tiempo!, por Rafael Castro

(Artículo publicado en la revista Pesebre n.º 2 (1998) de la Asociación de Belenistas «La Adoración»)

Es muy frecuente oír, sobre todo en personas de una cierta edad, la frase «¡hay que ver cómo pasa el tiempo!», y efectivamente el tiempo ha pasado, estamos de nuevo en Navidad y parece que fue ayer cuando esta revista vio la luz por primera vez el pasado año. Es época de ajetreo para los «tontos de Nacimiento». Me explico:

Hace algún tiempo, comentando con un conocido mi afición belenista, éste exclamó: «¡ah!, entonces tú también eres tonto de Nacimiento, ¿no?». Asentí sonriendo el chiste y de alguna manera ha quedado en mi mente el doble sentido de la frase.

Nunca mejor dicho aquello de : «mal de muchos consuelo de tontos», ya que somos tantos los tontos de Nacimiento, que lo que en principio pudiera parecer un insulto, pasa a ser una gran satisfacción. Es compartir esta bonita afición con personas (mujeres, niños y hombres) de edades dispares, profesiones diversas, distintas ideologías, etc., convertidos en estas fechas en verdaderas fuentes de creatividad, de minuciosos «artistas» del porexpán, la escayola y de tantos detalles que lleva implícito la creación de cualquier escena de un belén. Es rememorar cada año un aspecto religioso, lúdico, folklórico o tradicional, según el enfoque personal de cada uno, muy ligado a nuestra vida.

El único fin, totalmente altruista (afortunadamente no existen competitividad, premios, diplomas, ni medallitas), es mostrar y disfrutar con el pueblo en general el trabajo realizado, a veces durante meses, en ratos libres y días festivos (mezcla de gozo y sacrificio) una escena de un belén (diorama) o un belén «abierto». A partir de ahí, sólo esperas sentir en tu interior que algo vibra, viendo la mirada de un niño con ojos de asombro, a los mayores hacer comentarios señalándose unos a otros los detalles que van descubriendo. Saber que les gusta, y hasta entusiasma ver, una puerta vieja, una hoguera, los cambios de luces de un atardecer, el río corriendo moviendo una noria…, te sientes muy a gusto por ello porque… en el fondo somos vanidosos.

Si alguien quiere incrementar la lista, no hay límite de edad para ello, sólo tiene que proponérselo y, a partir de ahí, rodeado de un grupo de amigos, se va a iniciar y ayudar para que un «tonto» más ponga su Nacimiento.

Sean felices.

Rafael Castro

«El futuro de la Asociación está en manos de los jóvenes». Entrevista a Carmen Temblador

20 Dic 98
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«El futuro de la Asociación está en manos de los jóvenes». Entrevista a Carmen Temblador

(Artículo publicado en la revista Pesebre n.º 2 (1998) de la Asociación de Belenistas «La Adoración»)

Carmelita Temblador, como cariñosamente la llamamos todos los que la conocemos, es la presidenta de la Asociación de Belenistas «La Adoración», nació en Arcos de la Frontera hace 65 años y lleva al frente de la Asociación desde su fundación, preocupándose siempre de cuidar y mimar todos los actos que por estas fechas tan entrañables se organizan en Arcos de la Frontera.

Cómo recuerda la Navidad en su infancia? ¿Participaba el pueblo en esas fechas como lo hace ahora?

Recuerdo la Navidad con cariño y emoción, sobre todo unas Navidades con la familia Benot, que vivían la Navidad con entusiasmo y tenían un nacimiento precioso, yo no tenía nacimiento y todo el proceso del montaje lo vivía con ellos; para poder colaborar más directamente, mi padre, que trabajaba en el campo, me traía hierba y yo se la llevaba a ellos, y así ellos me dejaban colaborar muy directamente de tan entrañable momento.

Las Navidades de mi infancia eran muy bonitas, y la participación del pueblo era diferente a la de ahora, ni más ni menos, pero era más desde las propias casas, cada uno en la suya.

¿Cuándo comenzó su afición por las figuras de nacimiento, por los belenes? ¿Recuerda su primer Misterio?

Hace mucho tiempo, casi 24 años, yo tengo actualmente 65, y tenía 40 ó 41 años, y nunca había podido tener un misterio. El primero me lo regaló la Marquesa de Villareal, que era la dueña de un cortijo donde yo tenía mi escuela. Cuando ella vio mi afición al belén me regaló uno que era de su madre, aún lo conservo y me hizo muchísima ilusión. Ahora está instalado en un diorama de la Asociación.

Cuéntanos cómo surgió la Asociación de Belenistas de Arcos. Contactos previos, gestiones, etc.

Todo tiene su historia, yo tenía mucho contacto con la agencia de viajes Ecuador y allí sorteaban todos los años en una fiesta que se organizaba unos viajes, y a mí, por ser clienta, me llamaron para acudir a la fiesta. Tras unos altibajos me decidí a ir con la suerte de ser la agraciada con el viaje de ese año. El viaje era a Gijón, yo no sabía nada, sólo que quien lo organizaba era Vicente Prieto Bononato (presidente de la Asociación de Belenistas de Jerez), y este señor me comentó que a lo mejor ese viaje a mí no me gustaba pues era para acudir a un congreso belenista. Yo me puse loca de contenta y, claro, él se quedó admirado. Fue el primer congreso belenista que se organizaba y allí conocí a las diferentes asociaciones belenistas que existen en España.

Al llegar de vuelta a Arcos, contacté con Manuel Porro y le comenté lo que había vivido y nos pusimos manos a la obra para realizar este proyecto… y así realizamos la primera exposición de dioramas en Arcos, en una habitación de las Gradas de Santa María que nos cedió Juan Candil… y así hasta hoy.

¿Recuerda qué ubicaciones han tenido las exposiciones de dioramas y nacimientos?

Hemos cambiado cuatro veces de sede: la primera fue en Santa María, nos trasladamos a El Pósito, de allí nos fuimos a San Miguel y por último al Ayuntamiento Viejo. De los cuatro salones, el marco de San Miguel, para la exposición de los dioramas, es incomparable.

Recientemente, hemos perdido a un gran belenista y a un gran hombre: Víctor Marín Solano. ¿Qué nos puede decir de él?

Era una bellísima persona, nos ayudó muchísimo, siempre estaba disponible, fíjate, la primera cuenta corriente de los belenistas se puso a nombre de Manuel Porro y de él. Personalmente lo he sentido mucho, era alguien brillante, desinteresado…

Sabemos que usted ha viajado bastante, y que viajar es una de sus pasiones. ¿Ha tenido la ocasión de viajar a Tierra Santa? Si es así, ¿qué es lo que más le ha impresionado?

¡Sí!, he ido. Me impresionó la Iglesia de la Trinidad donde nació el Niño Jesús, todo allí es emocionante, nos escapábamos después de las rutas programadas con el guía, que era sacerdote, y nos explicaba todos los detalles maravillosos de aquella tierra.

La gruta de Belén, el Monte de los Olivos…, volvería, claro que sí, pero cuando se calme políticamente un poco la situación.

¿Qué opina del árbol de Navidad?

No me gusta nada, lo respeto como costumbre, pero personalmente no me gusta, aunque cada uno puede vivir la Navidad como quiera, pero para mí donde va un nacimiento no va nada.

¿Cuál va a ser la sede de la Asociación belenista? ¿Será la definitiva?

He de hablar del local que nos ha cedido el Ayuntamiento de Arcos, situado frente al Colegio de San Miguel, en el matadero: estoy, o mejor dicho, estamos toda la Asociación muy agradecidos al Ayuntamiento por ello, pues se han portado muy bien con nosotros; así podremos instalar allí nuestra sede de trabajos y contactos.

¿Cómo ve el futuro de esta Asociación?

En el futuro, si se sigue trabajando, si se motiva a la gente joven… Todo está en manos de la gente joven, en las mías cada vez menos, pero yo confío mucho en ellos.

¿Qué puede hacerse, según su opinión, para ampliar el número de socios?

Los socios han de ser voluntarios de verdad y no socios de cuotas, prefiero 30 socios de verdad y belenistas que a 100 que paguen mucho.

Imaginamos, ahora que se ha jubilado, que dedicará más tiempo a su labor belenista. ¿Qué le gustaría proyectar o hacer ahora que tiene ocasión?

Todo el tiempo que pueda dedicarle, me gustaría que los belenistas hagamos alguna labor social también, algo con niños y personas mayores, para lo que queremos ponernos de acuerdo con la Iglesia y no abandonar de mano este campo de trabajo, nuestra labor ante todo debe ser religiosa.

¿Qué opinión tiene del Belén Viviente, y de su organización?

Me gusta mucho y la organización reconozco que hace todo lo que puede, es una labor digna de admiración; prefiero pocas escenas y bien organizadas que muchas y mal estructuradas, de todas maneras es un trabajo excelente el que realizan, para el que siempre pueden contar con nuestra cooperación.

Dios en casa, por Vicente Prieto Bononato

20 Dic 98
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Dios en casa, por Vicente Prieto Bononato

(Artículo publicado en la revista Pesebre n.º 2 (1998) de la Asociación de Belenistas «La Adoración»)

Poco narra la Escritura
de cómo el parto sería,
qué cantó la angelería,
ni cuál fue la partitura.
Qué sonó desde la altura
cuando se abrieron los cielos,
y la Gloria vino al suelo
cayendo sobre un pesebre,
sin que una brizna se quiebre
de lo leve de su vuelo.

Cumpliendo lo revelado
asno y buey reconocieron
que el Niño que le pusieron
sobre el pesebre acostado
era el Mesías esperado,
varón de dolores pleno;
y calentaron el heno
-humilde trono de Dios-
embelesados los dos
con aquel lirio moreno.

Sé que llegaron pastores
que velaban cerca al raso,
cuando la luz del ocaso
se llenó de resplandores
y ángeles anunciadores
cantaron la buena nueva
de que en una humilde cueva
había nacido el Mesías:
Jesús, hijo de María,
nuevo Adán y nueva Eva.

Y magos desde el Oriente
que no sé si fueron tres,
ni si adoraron después
o antes de Los Inocentes.
Lo que sí tengo presente
llegado el tiempo de Adviento
es que la paz y contento
que a mi corazón abrasa,
la trae Dios a mi casa
cuando pongo el Nacimiento.

Vicente Prieto Bononato – Presidente de la Asociación de Belenistas de Jerez

¿Qué es la Navidad?, por Juan Roig Carretero

20 Dic 98
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¿Qué es la Navidad?, por Juan Roig Carretero

(Artículo publicado en la revista Pesebre n.º 2 (1998) de la Asociación de Belenistas «La Adoración»)

Dicen que llega la Navidad. Y yo me pregunto, ¿qué es Navidad?

Navidad, para una Niña, que aceptó la voluntad de Dios, fue la inmensa alegría de ver nacer de sus entrañas a todo un Dios, nuestro Niño Jesús que ponemos todos los años en el belén.

Navidad fue para unos magos un motivo de regocijo, al lograr ver el fruto de sus investigaciones y estudios.

Navidad fue para unos inocentes el motivo, que por avaricia y maldad un desaprensivo llamado Herodes, les cegara sus cortas vidas.

Navidad ha sido a lo largo de la historia un motivo de inspiración para pintores y escultores.

Navidad era no hace muchos años, un motivo de felicidad, unas fechas en las que las familias que a lo largo del año padecían estrecheces económicas, mínimas licencias culinarias o escasez de regalos (juguetes), olvidaran sus penurias, sus agobios y no sé, si por la paga de Navidad, se regalaran ropas, a los niños juguetes (tal vez la muñeca de trapo o el carrito de madera y los bueyes de cartón), se comía pavo, mantecados, turrón, se bebía anís y cognac, la familia montaba el belén en casa, belén de corcho, de serrín, de escorias de trenes, con figuras de pellizco, con casas de cartón de cajas de zapatos, etc. Se iluminaban las calles, pero se iluminaban de verdad, pues de tener una bombilla cada treinta metros pasaban a tener treinta cada uno.

Navidad era un alto en el camino, era un motivo de esperanza, se ansiaba que llegara Navidad, nos visitaban los parientes, esos que solo se veían de Navidad en Navidad. Será porque yo era niño, pero con qué ilusión y con qué alegría se esperaba y se recibía a la Navidad.

Navidad es hoy en día -sin embargo-, casi una cosa más, un día más: regalos, juguetes, exquisiteces culinarias, las tenemos a diario; yo diría que estamos hartos de recibirlos, de comprarlos, de saborearlas.

Derrochamos, tiramos más que lo que utilizamos, bebidas nunca nos faltan, viajar en cualquier época del año es bueno. Entonces hoy en día, en estos tiempos consumistas en los que vivimos, ¿qué es Navidad? Tal vez, si sólo la viéramos de una terrena, mundana Navidad, son unos días que van desde dos números rojos en nuestro almanaque: el 24 de diciembre y el 6 de enero.

Pero, si tenemos la suerte de elevar los ojos al cielo, si tenemos la enorme dicha de sentir la verdadera Navidad, Navidad sigue siendo un enorme período de alegría, una justificación y un motivo de darnos a los demás, para hacer el bien, pero bien con mayúsculas, sin saber a quién y sin esperar nada a cambio.

Navidad es una necesidad de dar a conocer con nuestra forma de ser, con nuestro actuar, que en Navidad nace Dios, nuestro Dios, nuestra Luz, el principio y el fin de nuestra vida.

En esta línea, Navidad es para los belenistas, y creo que estas páginas están dirigidas principalmente a ellos, a nosotros, el momento de pregonar con nuestros montajes, con nuestros dioramas, con nuestros belenes, la grandeza y la humildad de nuestro Dios, de inspirar y ser capaces con nuestros nacimientos de tocar el corazón de cada espectador anunciándole que Dios, nuestro Dios, ha nacido, que debemos y tenemos que hacer que Jesús, que ese Niño, nazca y florezca en nuestro interior, en nuestras vidas, porque, realmente, estamos en NAVIDAD.

Juan Roig Carretero – Presidente de la Federación Española de Belenistas

Recuerdos de una infancia, por Conchi Porro

20 Dic 97
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Recuerdos de una infancia, por Conchi Porro

(Artículo publicado en la revista Pesebre n.º 1 (1997) de la Asociación de Belenistas «La Adoración»)

Llegando estas fechas tan entrañables, me hago una pregunta… ¿Por qué este gusanillo en mi familia hacia el belén?… ¿A qué es debido?

Remontándome en el tiempo recuerdo por estas fechas el trasiego de cajas, bien guardadas y amarraditas con su cuerda blanca y su gran letrero (muy bien escrito y detallado), diciendo lo que contenían.

A continuación se presentaba el siguiente dilema… dónde se iba a poner este año. Sobre el mueble aparador o sobre la mesa del comedor. Daba igual un sitio que otro, al final siempre iba sobre la mesa del comedor.

Lo primero era buscar papel marrón de envolver para tapar la mesa y luego papel azul para el cielo, al mismo tiempo que del papel de plata del paquete de tabaco de mi padre recortábamos estrellas y una luna.

El sábado íbamos a la carpintería para recoger serrín para construir los caminos, recoger el corcho para las montañas y el polvo de talco para que existiera la nieve, pues según me decía mi madre en aquella época hacía mucho frío…

Por la noche cuando nos sentábamos en la candelita mi madre recortaba trozos de la tela para hacer las ropitas del Niño y ponerlas en el tendedero de la Virgen.

Después venía colocar la gruta, las casitas, el castillo de Hérodes y el mayor problema para mi padre, instalarle la luz en las casitas; cosa que siempre solucionaba mi madre, con sus tijeras y su esparadrapo, a la vez que nos reñía para que no nos subiéramos a la azotea a coger verdín y musgos, para la vegetación, y por último, desembalar todas las figuritas; por cierto, nunca me dejaban tocarlas, pues eran de barro y podía romperlas, más tarde nos compraron unas de plástico para que pudiéramos moverlas y tocarlas y esas no se partían.

Esas las movíamos (los Reyes Magos) cada día un poquito hacía el portal para que llegaran a su destino y el día señalado ponerlas a adorar al Niño.

Creo que mi pregunta queda solucionada con estos recuerdos.

Me agrada y enorgullece haber heredado la costumbre navideña de montar el belén, y de habérsela transmitido a mis hijos… Gracias Papá.

Conchi Porro