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El último belén de Pepe Guerra – Hemeroteca – Asociación de Belenistas de Jerez

09 Dic 13
Presidencia FEB
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EL ÚLTIMO BELÉN DE PEPE GUERRA, por Juan P. Simó Jerez

Maestro de belenistas, cuelga las figuras y pinturas después de 65 años consecutivos dedicados al belenismo Un rosario de recuerdos de una vida entregada al arte

© Diario de Jerez, 09/12/2013

¿Dónde demonios poner a este artista empedernido? Restaurador de importantes tallas, maestro de belenistas, escaparatista, decorador, con afición por el teatro… Yo le hubiera dicho hace muchísimos años que se asegurase las manos. Pero bueno, José Guerra Carretero, Pepe Guerra, ya ha alcanzado los ochenta y un años y ahora, tranquilito, recuerda y hace balance desde un sillón de su estudio como diciendo aquello de que ‘me quiten lo bailao’. La memoria de Pepe es envidiable. Por eso, hilvana con habilidad el salto de una conversación a otra, de una copa a otra, como en el vino. Pero lo hace con una soltura que pasma. Por tanto, que hable y que se responda. Que hable por esa boca el artista.

Pregunta (P.): ¿Cómo eran esas antiguas Navidades?

Respuesta (R.): La Navidad era más bonita. Tenía una gracia que no tiene ahora. Algo pícara, ingenua… ese jovencito que andaba detrás de la niña, a la que seguía por las zambombas, que se miraban y sonrojaban… Otra época, pero yo me quedo con la antigua. Tan diferente… Además, se exigía menos: A mí me dejaban los Reyes todos los años un rompecabezas de taquitos y unos lápices para pintar y yo era el más feliz del mundo un año entero. A las niñas les traían una muñeca y hasta que no sirvieran no les traían otra.. ¡Ahí tienen las niñas veinticuatro muñecas! En casa del abuelo hacíamos la zambomba. Ahora no se ha recuperado la zambomba. Eso no es verdad: Se ha inventado. La antigua se hacía dentro de las casas. No era una zambomba callejera, donde se cuela todo el mundo.

Las zambombas se hacían en los patios de vecinos y en algunas calles, como la de Palma o Merced.  Pero allí estaba todo el mundo. Y era improvisada. Ni había cantaores ni cuadros flamencos. Una vecina tenía una botella de aguardiente y se tomaba una copa, el otro sacaba unos pestiños, el otro… Lo que hubiera. Yo creo que la zambomba es hoy un espectáculo.  Ha perdido esa cosita pícara de la juventud.

P.: De el Valle a Jerez

R.: Nací antes de la guerra, pero gracias a Dios, nosotros no pasamos hambre. Mi familia vino a Jerez desde San José del Valle. Se instalaron en la calle Justicia número 5, donde nacimos los cuatro hermanos: Vicenta, Cuqui, Paco y yo. Mi padre Pepe trabajaba en Arbitrios, por lo que siempre había un puchero de garbanzos sobre la mesa. El hombre estaba muy bien relacionado, pero era tan honrado que nunca hizo uso de sus influencias. Recuerdo a tía María, que se ponía en la casa puerta con una telera y manteca y se ponía a repartir a todos los niños que iban por allí. Esos niños se hicieron luego hombres hechos y derechos y ella seguía trayéndoles morcilla y otros ‘regalitos’…

Yo es que hablo más que el mundo. Ahora me despido como belenista. Sesenta y cinco años poniendo belenes… Increíble. Empecé a los 7 años. En 1942 murió el abuelo Pepe, Pepe Carretero Troya. Ese mismo año, fui yo quien montó el nacimiento. En 1953 hice el belén de los Arizón, que fue primer premio de belenes particulares; ese mismo año, también gané el de entidades con otro que puse en el Beaterio. Cuando Radio Popular de Jerez y la Caja organizaron el concurso gané dieciocho veces el primer premio y tres el segundo… Después, en Sevilla, la plaza del Arenal, las bodegas Garvey, González Byass, los dioramas en la Academia, luego en Cádiz, El Puerto… Y en contra de lo que se dice en la historia de la memoria de la Asociación de Belenistas, que yo fundé, y que quita el sentío de lo bien hecho que está, se me ocurrió a mí la Exposición de Dioramas. Verá usted: Entonces había muchos muchachos que trabajaban el nacimiento en sus casas. Hombre, yo ponía belenes, me conocían en Jerez, como  a cuatro más; se me ocurrió hacerlo en  un lugar céntrico, que todo el mundo lo viera. Lo que pasa es que los éxitos tienen muchos padres. Se escribe la historia y se la apuntan otros…»

Claro, ahora ya uno se siente mayor. Llega el momento de dejarlo. Me cuesta mucho eso de subirme, bajarme… Entonces, me he decidido a poner el último belén en el estudio. Yo tenía seis o siete en la cabeza, pero al final me decidí por este. Lo pongo en mi estudio de la calle San Agustín, le pongo el farol rojo y aquí pueden venir de seis a ocho de la tarde. Pero este tinglao lo tenía yo preparado hace un año. Que por poco no lo cuento. Por esas fechas fui al médico, que me asfixiaba y no sabía por qué. Termino el nacimiento y no lo puedo abrir. Viene mi hija. Que no respiro bien, le dije. Menos mal que llamó al 061, que me hicieron de todo. Me ingresaron en el hospital. La cosa iba así así, y le dice el médico a mi mujer Carmen: «A ese señor, lo mejor que hacemos dejarle aquí tranquilito». Cuatro días pasé en coma. A mi mujer le dijeron que llamase a los familiares más cercanos para que me acompañaran. Todo el mundo estaba allí. Hasta que me despierto el 2 de febrero, el día de La Candelaria, cuando ya los belenistas habían terminado todo.

P.: La embocadura

R.: Mire el alumbrado que he puesto. Yo fui el primero en poner el cambio de luces en los belenes. Como también la embocadura, el nacimiento en perspectiva. A la gente en principio no le gustaba la embocadura, se agachaban, se quejaban de lo que veían… ‘Pues no te agaches, hombre’. Estas dotes que me ha dado Dios pueden ser de genes. Tengo familiares que han sido muy desenvueltos, muy ‘manitas’. A mi abuelo y a mi padre les encantaba montarlo. Y mi abuela Vicenta tocaba la guitarra con maestría.

Y después había dos escritores en la familia: Francisco Guerra Tenorio, que dirigió la revista ‘Ráfagas’ durante algún tiempo, y Pepe Carretero. Ahí está mi hermana Vicenta, una escritora y poetisa que todos conocen. Mi hija Nuria también escribe de maravilla. Un día le pidieron que escribiera un trabajo sobre la imaginería de Jerez. Y le decían: ‘¿Cómo vas a hablarles de cultura si esta gente de Jerez sólo sabe la que sale en los pasos? Y además, la que sale en los pasos… ¡ya la han escrito de doscientas maneras!

P.: El Belén favorito

R.: Me gustó especialmente aquel belén que hice de un franciscano en un paisaje árido. Yo es que, además del Cristo del Amor, soy gran devoto de san Francisco de Asís.  Es como una piedra que se levanta y toma forma de franciscano. Como se dice, en la vida santos hay dos: uno es san Francisco de Asís, y Dimas, el buen ladrón. Entre sus manos, la figura sostiene un Misterio. Cantidad de gente me lo quería comprar. Yo me resistía a venderlo y luego me lo pidió fray Antonio, de los Capuchinos; se lo presté hace tres años y hasta hoy. Pero ese nacimiento es un símbolo. También hice muchos belenes con figuras de tamaño natural. Un día me lo pidieron para ambientar una película que Richard Lester hizo en Cádiz. La película era ‘Cuba’ y la protagonizaba Sean Connery… Es así, ¿verdad? Co-nne-ry. En fin, que llevé las figuras, allí las puse, rodaron varias tomas en la plaza de la Catedral. Total, que me dieron 75.000 pesetas que yo no podía ni creerme. Vi luego la película y el ambiente en la plaza, con sus figurantes, el belén… y no duró ni dos minutos.

Bajo el solecito, de relaxing cup, Pepe recuerda y recuerda. Tantos años en Santiago: «He querido mucho a los gitanos. Si estoy orgulloso de ser de Santiago, ¿qué puedo decir?» Y hablamos de Lola, de la simpatía de La Paquera, de los políticos que cobran y roban, de las gentes del vino, de las miserias que vienen, de…

P.: Entonces, me dijo que por las tardes abriría el belén.

R.: Eso es.

P.: Pues aquí estaremos…

(Enlace a la entrevista original en el Diario de Jerez: El último belén de Pepe Guerra)

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