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Recorte Cartel LV Congreso Nacional Belenista - Vitoria-Gasteiz 2017

Comunicación LV Congreso Nacional Belenista 2017 – El Belén Monumental del parque de La Florida de Vitoria-Gasteiz

11 Oct 17
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El Belén Monumental del parque de La Florida de Vitoria-Gasteiz

Cartel LV Congreso Nacional Belenista - Vitoria-Gasteiz 2017Este Belén Monumental realizado a tamaño natural, orgullo de Vitoria-Gasteiz, se guarda y mantiene en los almacenes municipales del polígono de Oreitiasolo y solo sale de ellos para ser instalado anualmente, por los técnicos del Servicio Municipal de Obras y Jardines del Ayuntamiento, en el Parque de La Florida, el parque por excelencia de la ciudad. En su montaje participan carpinteros, electricistas y jardineros del citado servicio con el apoyo del Servicio de Bomberos para izar e instalar la “Estrella de Belén” y el ángel de la “Anunciación a los pastores”. Para su cuidado y vigilancia, durante el tiempo que duran las labores de montaje y desmontaje, y el mes que puede ser visitado por el público (habitualmente del 8 de diciembre al 6 de enero), también participa la Policía Municipal.

La historia de este belén se remonta hasta 1959, en que un grupo de belenistas vitorianos, entre los que se hallaban Julián Ortiz de Viñaspre “Jovi“, José María Otazu y Luis María Sánchez Iñigo, entendieron que el Parque de La Florida era el escenario natural ideal para montar una réplica a gran escala de los tradicionales belenes. La iniciativa tuvo el apoyo fundamental e incondicional de la comisión municipal de festejos, presidida por Javier Vera-Fajardo, y de la antigua Caja de Ahorros Municipal de Vitoria (hoy Kutxabank).

Misterio original del belén de La Florida en la gruta (1963) ©FotoArqué

Misterio original del belén de La Florida en la gruta (1963)
©FotoArqué

El proyecto cristalizó en la Navidades de 1962, en que fue instalado por primera vez. Ese año el montaje estaba únicamente integrado por las figuras del Misterio en la gruta, el Anuncio a los Pastores formando fondo con la cascada de la cueva, y un hombre tirando de un burro. Desde entonces, año a año, ha ido ganando piezas y, hoy día, 55 años después, el Belén ocupa casi toda la extensión ajardinada del Parque de La Florida con figuras humanas, animales, edificaciones, complementos, accesorios y objetos decorativos, que sumados superan las 200 piezas.

La práctica totalidad de las figuras del belén monumental han sido realizadas en diferentes materiales (escayola, madera, fibra de vidrio o poliestireno expandido, entre ellos) por escultores afincados en la ciudad, entre los que podemos destacar al citado Julián Ortiz de Viñaspre “Jovi“, Ángel Quintana, Juan José Eguizábal, los hermanos Francisco Javier y Fernando San Miguel, Marian Escalera, Marko Ibáñez de Matauco, José Manuel Hernández “Chatén” o Aurelio Rivas. Al elenco se sumará este año 2017 Gorka Otsoa de Alda. Casi todos ellos están o han estado ligados a la más que bicentenaria Escuela de Artes y Oficios de Vitoria-Gasteiz, fundada como Escuela de Dibujo el 21 de septiembre de 1774 por la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País.

En 1992, la Federación Española de Belenistas (FEB), a propuesta de la Asociación Belenista de Álava, concedió el Trofeo FEB al Excelentísimo Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz en reconocimiento y homenaje a este singular conjunto monumental, único dentro del arte belenístico mundial.

Os adjuntamos un pequeño reportaje fotográfico del Belén.

Misterio actual del belén de La Florida

Misterio actual del belén de La Florida

Virgen original del belén de La Florida, ahora lavandera

Virgen original del belén de La Florida, ahora lavandera

Figuras de maderas del belén de La Florida

Figuras del belén de La Florida

Figura del belén de La FloridaRey Baltasar actual del belén de La Florida

Figuras del belén de La Florida

Figura y construcción del belén de La Florida

Figura y construcción del belén de La Florida

Figuras y construcción del belén de La Florida

Figuras y construcción del belén de La Florida

Figura del belén de La Florida

Figuras del belén de La Florida

Ángel de la anunciación a los pastores, figura del belén de La Florida que es la primera que se instala cada añoFigura del belén de La Florida

Figura del belén de La FloridaFigura del belén de La Florida

Figuras y construcción del belén de La Florida

Figura y construcción del belén de La Florida

Figuras del belén de La Florida

Figuras del belén de La Florida

Recorte Cartel LV Congreso Nacional Belenista - Vitoria-Gasteiz 2017

Comunicación LV Congreso Nacional Belenista 2017 – Un belén barroco de movimiento en Laguardia (Álava), por Clara Isabel Ajamil Gainzarain y Francisco Javier Gutiérrez Páramo

11 Oct 17
Presidencia FEB
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Un belén barroco de movimiento en Laguardia (Álava)

Cartel LV Congreso Nacional Belenista - Vitoria-Gasteiz 2017La villa de Laguardia se sitúa al sur de Álava, entre la Sierra de Cantabria y el río Ebro, en el centro de la comarca de la Rioja Alavesa. Los viñedos de su entorno custodian importantes restos arqueológicos que nos hablan de las gentes que vivieron en esta zona en la Edad del Bronce y del Hierro. Las hermosas bodegas levantadas en época actual dan fe del buen hacer de sus habitantes, que producen vinos de reconocido prestigio.

Sobre una colina se levanta la población de Laguardia, que muestra su pasado medieval en las murallas, en los dos templos parroquiales y en el trazado de sus calles, con numerosos edificios destacables y cuevas subterráneas destinadas a resguardar el vino.

Laguardia no solo conserva un rico patrimonio arquitectónico y paisajístico, mantiene también un valioso legado cultural, del que el belén de la parroquia de Santa María de los Reyes es un buen ejemplo; es una muestra de religiosidad popular que, al mantenerse activo durante más de 250 años, constituye una pieza excepcional en la historia del belenismo y del teatro religioso[1].

El Altar del Nacimiento

El origen del belén actual está en el “altar del nacimiento” que, a mediados del siglo XVIII, se colocaba en la iglesia de Santa María de los Reyes como altar estacional para el tiempo de Navidad. En 1749 la parroquia paga “8 reales de clavos y cintas para el altar del nacimiento”[2].

En la iglesia de Santa María de los Reyes se instalaban varios montajes efímeros a lo largo del año, que, por su efecto estético y su sentido simbólico, contribuían al “mayor culto y adoración” y favorecían una vivencia religiosa, íntima y colectiva, profundamente emocional[3].

Cabe la posibilidad de que el altar del nacimiento surgiera en sustitución de alguna escenificación o acto paralitúrgico que se acabaría suprimiendo para evitar desórdenes en la iglesia[4]. Un altar con figuras simbólicas evitaba actos de indevoción y era un medio adecuado para instruir y conmover a la concurrencia.

Dicho altar se montaba para solemnizar las celebraciones litúrgicas navideñas y para facilitar que la feligresía pudiera “invivir” el Misterio de la Encarnación. Estaba destinado a suscitar la devoción y favorecer la meditación piadosa en torno al nacimiento del Salvador.

Hasta 1757 se registran pequeños gastos en clavos, cintas, tablas, cordeles y tachuelas para el montaje anual del mencionado altar. Los materiales utilizados son un claro indicador de que se trataba de una construcción efímera, que incluía una mesa de altar y una representación plástica del nacimiento de Jesús. Se le ha denominado también “altar del belén” y, al menos hasta el primer tercio del siglo XX, se continuó poniendo una mesa de altar portátil ante el montaje navideño.

Las figuras clasicistas que componen el misterio del actual belén se hicieron para el referido “altar del nacimiento”. Son esculturas de bulto redondo, de madera policromada, en posición erguida y actitud de adoración que concuerda plenamente con el sentido simbólico del belén. Las modificaciones sufridas por algunas de las piezas de ese conjunto demuestran que fueron reformadas para adaptarlas a las escenificaciones, que se iniciarían unos años más tarde[5].

El belén de movimiento

En 1761 se gastaron 150 reales “que tuvo de coste y se le dieron a Domingo Bustero por la obra del Altar del Nacimiento”[6]. Ese elevado precio parece obedecer a la fabricación de nuevas figuras y, con ellas, iniciarían su andadura las representaciones del belén de Santa María de los Reyes.

La incorporación de figuras articuladas permite que los personajes adquieran la postura más conveniente para cada acción y proporciona la posibilidad de animación y, por tanto, de dar vida a los pasajes adecuados para cada día de las celebraciones navideñas. No podemos descartar la posibilidad de que esa novedad viniera favorecida por el levantamiento de la prohibición de representaciones teatrales en la diócesis de Calahorra y La Calzada, a la que en aquel momento pertenecía Laguardia[7].

Las tres imágenes adorantes son figuras articuladas de madera y disponen de sencillos ingenios que les dotan del movimiento necesario para hacer una leve inclinación a modo de reverencia[8]. Un simple cambio de vestuario permite representar con ellas la adoración de los pastores y la de los reyes, así como los avisos de los ángeles. Las cabezas y manos se pueden quitar y poner, son cuatro conjuntos: uno de raza negra y los restantes de raza blanca y distintas edades.

Figuras destinadas a adorar al Niño, con vestimenta de pastores (Belén de Santa María de Laguardia) ©Francisco Javier Gutiérrez

Figuras destinadas a adorar al Niño, con vestimenta de pastores (Belén de Santa María de Laguardia)
©Francisco Javier Gutiérrez

El belén está cargado de simbolismo, es una catequesis visual; mediante esas nuevas figuras se expresan las edades del hombre (joven, maduro y anciano) y los diferentes pueblos de la tierra. Los pastores representan a las personas humildes de todas las edades y los reyes encarnan a los poderosos y a los sabios, así como a la gentilidad. En el belén se representa a toda la humanidad adorando a Dios Encarnado.

Los dos carneros son también del siglo XVIII; están fabricados en madera tallada y policromada, tienen patas articuladas y disponen de una barra metálica que les permiten elevarse y toparse. El movimiento de los carneros, el sonido de sus esquilas y el golpe de la madera contribuyen a dar sensación de realidad a las escenas.

Carneros topándose (Belén de Santa María de Laguardia) ©Francisco Javier Gutiérrez

Carneros topándose (Belén de Santa María de Laguardia)
©Francisco Javier Gutiérrez

Los enfrentamientos de cabras y carneros aparecen desde antiguo en escenas navideñas[9]. A veces representan acontecimientos que se producen al aire libre, pero también es una manera de plasmar el “triscar y saltar” de los animales, que suele identificarse, al igual que la danza humana, con una manifestación de alegría.

Los pastores danzantes son cuatro figuras de cuero. Unas varillas de forja se introducen por la pierna y el tronco de cada pastor para fijarlos en una rueda de madera que les permite girar y chocarse al ritmo de la música. El mecanismo no es otra cosa que una rueda de fuegos artificiales adaptada para lograr el efecto de danza de los pastores, rueda que necesitaba arreglo ya en 1783[10].

Rueda de los pastores danzantes (Belén de Santa María de Laguardia) ©Francisco Javier Gutiérrez

Rueda de los pastores danzantes (Belén de Santa María de Laguardia)
©Francisco Javier Gutiérrez

Como puede apreciarse, los recursos para dar movimiento a las figuras son sencillos, pero muy eficaces y capaces de conferir realismo a las representaciones. El belén también incorporó figuras de papelón en el siglo XVIII que, sin aparente posibilidad de movimiento, participan o participaron en las representaciones: los caballos y los rebaños.

Los tres caballos estaban destinados a escenificar el viaje de los Magos siguiendo la estrella. El paso del tiempo llevó a que desapareciera la representación de aquel viaje y las monturas quedaron relegadas.

El rebaño que ha llegado a nuestros días está formado por ovejas y corderos, pero el montaje contaba también con cabras y vacas. La gente de Laguardia aún recuerda que, hasta mediados del siglo XX, se ponía un toro de cartón en el belén y que los pastores acudían a adorar al Niño cargando un cordero sobre los hombros.

Las renovaciones del siglo XIX: un cortejo para los Reyes Magos y nuevos papeles para viejas figuras

Quizá por la progresiva importancia que había ido adquiriendo la festividad de los Reyes, se incorporan al belén dromedarios, pajes y tropas. Son obras populares, talladas en madera, sin articulaciones y de tamaño bastante menor que el de las figuras vestideras. Son piezas complementarias creadas con la finalidad de enriquecer las representaciones. Parecen destinadas a formar un séquito adecuado para el viaje de los Reyes Magos[11]. El aire oriental del atuendo de los pajes concuerda con la sensibilidad del Romanticismo y los uniformes militares de la tropa de soldados sitúan esas piezas en la primera mitad del siglo XIX.

En las cuentas parroquiales de 1844 se registran “55 reales con 17 maravedís gastados para poner el belén según cuenta presentada por Balbino Pérez”; ese pago parece corroborar la incorporación de nuevas piezas en el belén[12].

Pasados los conflictos bélicos del siglo XIX[13], la iglesia de Santa María de los Reyes recupera su actividad habitual y el belén se revitaliza; se arreglan las figuras y se incorporan nuevas escenas: la Circuncisión y la Huida a Egipto[14].

A finales del siglo XIX se registran dos pagos a Guillermo Landaluce: en 1886, “por hacer los pastores para el belén y arreglar las esquilas” y, en 1892, “por efectos varios para el belén y su empleo en varias labores”. En el belén no se conservan pastores de esa época; probablemente los gastos deriven de la compostura de los cuerpos articulados, a los que acoplarían resortes de movimiento, y de la adaptación de algún maniquí para la representación de la escena final del belén[15].

Las dos nuevas escenas precisan también de nuevos personajes y complementos. Las figuras del belén cambian sus vestuarios, se adaptan y se incorporan elementos que enriquecen la representación: el pastor anciano pasará a ser el sacerdote encargado de circuncidar al Niño; el pastor adulto será el labrador de la huida a Egipto; el buey ayudará en sus faenas al labrador y la mula se adapta para transportar a María y al Niño.

Poco más tarde, el sacerdote Mateo Fernández de Alegría incorporó una serie de figuras fabricadas en tabla recortada: dos grupos de soldados que se utilizan en la escena final del belén y una buena colección de animales que, aunque se conservan, ya no se usan. Son piezas que desbordan imaginación y, probablemente, las hizo pensando en los niños, los principales espectadores del belén[16].

El escenario y la ambientación

La Capilla de la Inmaculada es el espacio destinado a montar el decorado del belén. La tramoya de andamios, tablones y telones se dispone a una altura que permite moverse por debajo a las personas que manipulan las figuras.

Ante el arco de ingreso “se colocaba una mesa-altar con todos los ornamentos necesarios para celebrar sobre ella el augusto sacrificio de la Misa”. Las paredes laterales de la capilla se cubrían con “unos lienzos en los que estaban figurados los edificios y calles de la Ciudad de Belén”[17]; sobre los tablones que forman el escenario, se distribuía musgo, boj y corcho para recrear el ambiente de la naturaleza.

En el telón de fondo se representaba el portal de belén y, hasta la década de los años 40 del siglo XX, también aparecían pintados en él unos elementos fundamentales para entender el sentido del montaje navideño: Dios Padre situado en la zona celestial, el pecado original en la parte terrenal y una corona de laurel, que algunas personas recuerdan pintada en el telón y otras como pieza física “que se ponía siempre en todos los belenes”.

Los telones son elementos frágiles y se han tenido que renovar en numerosas ocasiones[18]. No siempre se disponía de los recursos necesarios para lograr un hábil pintor y, con el paso del tiempo, fueron desapareciendo del lienzo los elementos más complejos de representar, que, sin embargo, solían ser reemplazados por piezas que los evocaban: los coros angélicos de la gloria pasaron a representarse mediante tallas de ángeles y querubines que procedían del mobiliario de la propia iglesia, y la serpiente de madera, que muchas personas de Laguardia recuerdan, vendría a sustituir a la representación del pecado original[19].

En la actualidad se utilizan dos telones: uno cerrando el arco de embocadura de la capilla, con la representación de merlones y almenas que evocan la muralla de Laguardia, y otro cubriendo el retablo de la Inmaculada, con la Sierra de Cantabria al fondo.

Siguiendo la tendencia de las asociaciones belenistas, se han incorporado nuevas construcciones que complementan el paisaje; en su mayor parte son arquitecturas de la villa de Laguardia o de su entorno: la puerta de Carnicerías, la fuente de la Barbacana y una choza o guardaviñas con sus correspondientes cepas.

La música siempre ha sido un acompañamiento indispensable en las representaciones escénicas del belén de Santa María de los Reyes. Hasta finales del siglo XIX la Capilla de Música de la parroquia interpretaba composiciones realizadas expresamente para el ciclo litúrgico navideño; a mediados del siglo XIX aparece la figura del gaitero colaborando en la ambientación musical de las escenas; a comienzos del siglo XX el belén se movía al ritmo de los villancicos que entonaba el coro parroquial y, a partir de los años 55-60, la presencia de los gaiteros ha sido prácticamente continua.

Los actores ocultos

Bajo el escenario del belén se ocultan varias personas que mueven las figuras y hacen que el relato sagrado cobre vida, tal y como sucedía en otros nacimientos barrocos de movimiento[20].

El espacio disponible bajo la tramoya es compartido por los gaiteros, que ambientan y acompasan los movimientos de los personajes, y los “actores ocultos” que se encargan de las figuras en las distintas representaciones: las deslizan, las inclinan, las elevan o las hacen danzar, según lo requiera la acción.

A través del tiempo, han sido numerosas las personas que se han ocupado de montar el belén y llevar a cabo las representaciones. Hasta bien entrado el siglo XX lo hacía el sacristán, con la ayuda de algún parroquiano y de los monaguillos. Más recientemente, Faustino Ayala López se encargó del belén desde 1954 hasta su fallecimiento en 1995; su esfuerzo se vio reconocido en año 1993 con la “Distinción Landázuri”; igualmente se reconoció la tarea de varias generaciones de su familia al entregarse, en el año 1991, el “Trofeo Federación Española de Belenistas” al propio Belén de Santa María de los Reyes de Laguardia, a propuesta de la Asociación Belenista de Álava.

Últimamente, Fausti y Maite Ayala han heredado las tareas de su padre y continúan esa labor de mantener el belén de Santa María. A partir del año 2005 constituyen la asociación “Belén de Laguardia”, reforzando así la continuidad del belén mediante la participación sobre todo de jóvenes que colaboran en el montaje y en las representaciones, así como en la conservación de la tramoya y de las figuras; también han incorporado nuevos efectos de luz y sonido que enriquecen las escenas, así como reproducciones de algunos edificios de Laguardia que complementan el paisaje. En los últimos años han establecido una representación extraordinaria que se lleva a cabo en el mes de enero y permite disfrutar, en una misma tarde, de todas las escenas y de un concierto de dulzaina.

Las representaciones escénicas del belén

En origen, las escenificaciones se llevaban a cabo antes de los oficios litúrgicos de las festividades navideñas, se ceñían a los textos evangélicos de San Mateo y San Lucas e incorporaban también una danza de pastores y los saltos de los rebaños.

En Nochebuena, los cánticos angélicos anunciaban el nacimiento del Mesías y las figuras del belén cobraban vida: unos pastores danzaban, los animales saltaban de alegría y otro pastor se dirigía a Belén, adoraba a Dios Encarnado y le ofrecía el cordero que cargaba sobre los hombros. En Navidad se repetía el baile de los pastores y también en su Octava, cuando la procesión claustral se detenía delante del belén. El día de la Epifanía, además de la consabida danza de pastores, se representaba el viaje de los Magos siguiendo a la estrella y su ofrenda de regalos al Niño que, envuelta en humo de incienso, cobraba un aspecto aún más mágico[21].

Adoración de los pastores en la representación del día de Navidad (Belén de Santa María de Laguardia) ©Francisco Javier Gutiérrez

Adoración de los pastores en la representación del día de Navidad (Belén de Santa María de Laguardia)
©Francisco Javier Gutiérrez

Con el paso del tiempo se fueron produciendo algunos cambios en las representaciones. Para ilustrar la celebración de la Octava de Navidad se incorporó la escena de la Circuncisión, siguiendo el texto evangélico y revistiendo al pastor anciano con túnica y roquete para personificar al sumo sacerdote[22]. Esa historia, de complejo sentido para el público, se transformó, en los años 80 del siglo XX, en la Presentación en el Templo[23]; para escenificar el relato evangélico de San Lucas, dos de los pastores articulados se transforman en Simeón y la profetisa Ana.

A finales del siglo XIX se añadió la representación de la Huida a Egipto en la festividad de Candelas. Se inicia siguiendo el Evangelio de San Mateo y continúa con la representación del Milagro del campo de trigo, una leyenda que alcanzó gran difusión en la tradición oral y adquirió importancia iconográfica desde el siglo XIII[24].

Representación del Milagro del campo de trigo (Belén de Santa María de Laguardia) ©Francisco Javier Gutiérrez

Representación del Milagro del campo de trigo (Belén de Santa María de Laguardia)
©Francisco Javier Gutiérrez

La incorporación de esa representación probablemente obedece a lo adecuado del relato para finalizar el tiempo litúrgico de Navidad, pero, además, propone un modelo de comportamiento a imitar sugiriendo que las buenas acciones y la perseverancia en la fe conducen a la recompensa final.

Desde el siglo XX las representaciones se llevan a cabo después de la misa mayor y la continua afluencia de público ha llevado a que se inicien con una breve narración de cada historia. La Adoración de los Pastores se efectúa el día de Navidad, la Presentación en el Templo en Año Nuevo y en la Epifanía se mantiene la Adoración de los Reyes, aunque el viaje de los Magos a caballo dejó de representarse hace bastante tiempo. La Huida a Egipto sigue clausurando las representaciones del belén en febrero y, desde los años 80 del siglo XX, se inicia al compás del “Chulalai”, un baile propio de las fiestas de San Blas en Páganos y Laguardia[25].

Adoración de los Reyes Magos (Belén de Santa María de Laguardia) ©Francisco Javier Gutiérrez

Adoración de los Reyes Magos (Belén de Santa María de Laguardia)
©Francisco Javier Gutiérrez

La representación simbólica: el mensaje del belén

Como ya hemos señalado, el belén, incorpora elementos cargados de sentido simbólico que contribuyen a descubrir el significado de las celebraciones navideñas. Eran alegorías muy presentes en la sociedad del barroco en la que surgió este belén y que, con el paso del tiempo, se van perdiendo y se hacen más difíciles de entender.

En el centro del belén se mostraba la Trinidad: pincelado en la zona celestial del telón aparecía Dios Padre rodeado de gloria y, dispuestos sobre el pesebre y tallados en madera, el Espíritu Santo “que habló por los profetas” y el Mesías prometido que, cumpliendo las profecías, se encarna entre los más humildes.

El belén constituía una teofanía: representaba la manifestación gloriosa de Dios que se da a conocer a todos los seres de la creación, los cuales acuden a adorarlo y celebran su misericordia. Mediante las escenificaciones de Nochebuena y Epifanía, la humanidad entera reconocía al Mesías y se postraban ante él los hombres de toda edad, condición y nación. El baile de los pastores y el “triscar” de los carneros servían para expresar la alegría de todos los seres creados ante el nacimiento del Salvador y el cumplimiento de la promesa de Redención.

Ya no se conservan en el belén las pinturas de Adán y Eva ni la serpiente, que aludían al pecado original, ni tampoco la corona de laurel, que hacía referencia a la victoria sobre el pecado y otorgaba carácter triunfal a las representaciones. Sin embargo, se mantiene aún la figura del Espíritu Santo, en forma de paloma, remarcando la idea de cumplimiento de las profecías anunciadas.

A través del belén se mostraba el reconocimiento de la grandeza divina rememorando el inicio de la historia de salvación y la victoria sobre el pecado. Son las mismas ideas que se entonan en auroras y en villancicos de las festividades navideñas.

Representaciones y remembranzas conforme a la festividad

Las representaciones del belén contienen todos los ingredientes que dan forma a los espectáculos teatrales: escenografía, música y movimiento. Los textos, de sobra conocidos por el público asistente a las funciones, volvían a ser recordados por el sacerdote a través de las lecturas litúrgicas.

El belén de Laguardia mantiene una evidente relación con la Máquina Real o máquina de figuras corpóreas y con el belén Tirisiti de Alcoy, así como con el nacimiento de la Tía Norica de Cádiz. En todos esos espectáculos se representan historias mediante el movimiento de figuras que se manipulan con las manos.

La diferencia estriba fundamentalmente en que las representaciones mencionadas se encuadran en el teatro profano e incorporaban sainetes, danzas profanas, escenas burlescas, personajes cómicos y otros elementos destinados al divertimento del público. Esos espectáculos comerciales de títeres, que funcionaban de manera similar a las compañías de actores, añadían escenas alusivas a la festividad conmemorada, probablemente para justificar la presencia de una actividad (la dramática) que despertaba permanentemente los recelos de las autoridades, sobre todo de las religiosas.

El belén de Laguardia surgió para integrarse en la liturgia parroquial, no olvidemos que se le denominaba altar del Nacimiento y altar del Belén; sus representaciones escénicas van ligadas a las misas de las principales celebraciones navideñas, dan vida a las narraciones evangélicas[26] y están destinadas a inducir a la devoción más que a entretener.

El carácter parroquial del belén de Santa María de los Reyes hace que esté sujeto a las normativas diocesanas. Los obispos de Calahorra y La Calzada, sin ser de los más intransigentes con el teatro, venían dictando normativas que limitaban esa actividad dentro de las iglesias desde el siglo XVI e incluso consiguieron del rey una prohibición de representaciones teatrales en esta diócesis entre 1751 y 1760[27]. Sin embargo, la afición de clérigos y legos por las manifestaciones teatrales permitió que las normativas tardaran en aplicarse e incluso que se incumplieran reiteradamente[28].

Así pues, las representaciones escenográficas no dejaban de ser “autos o comedias a lo divino” o “farsas devotas” que concordaban con las normativas diocesanas de la época y con el carácter parroquial del montaje; no hay cabida para sainetes, escenas burlescas o sin relación con la festividad que se conmemora. Se evitan los elementos profanos que puedan considerarse “perniciosos para las almas”. En el siglo XVIII las representaciones de este belén constituían un espectáculo que conmovía y ayudaba a reflexionar a la feligresía, y aún en la actualidad hacen aflorar sentimientos y emociones entre el público asistente.

Para la gente de Laguardia este belén tiene el valor añadido de evocar recuerdos imborrables de nuestra infancia: el ruido de los numerosos niños y niñas que nos colocábamos frente al belén casi sin esperar a que la misa finalizase, el olor a musgo y a incienso, los villancicos y el mágico sonido de la dulzaina que hacía cobrar vida a las figuras del belén y concentraba toda la atención infantil en el enfrentamiento de los carneros o en el rápido movimiento de los pastores (a los que se solía bautizar con el nombre de algún pastor del pueblo). Las explicaciones de las personas mayores, siempre en voz baja, eran el preludio del aluvión de preguntas infantiles que surgían siempre al finalizar cada representación del belén y que, al menos durante unos días, servían para que nuestras abuelas y abuelos, con la sabiduría y el sentido que otorga el tiempo vivido, nos contaran la historia de Belén y otros relatos.

Clara Isabel Ajamil Gainzarain y Francisco Javier Gutiérrez Páramo

Notas

[1] Hay noticias de otros belenes de movimiento e incluso se conservan algunas figuras articuladas, sobre todo en clausuras conventuales, que pudieron pertenecer a montajes similares.

[2] En 1737 las cuentas parroquiales recogen “13 reales que pagó por la cuna para el Niño para la noche del Nacimiento”; tan parco registro no permite aclarar si se trata de una cuna para el altar del nacimiento, para presentar al Niño a la adoración de la feligresía o para alguna otra finalidad.

[3] Durante la primera mitad del siglo XVIII, además del altar del nacimiento, se montaban el altar de cuarenta horas, el del miserere, el monumento y el altar de carnestolendas.

[4] En 1721 el visitador diocesano trataba de corregir los alborotos que se producían en la iglesia las noches de Navidad.

[5] Se modificaron los brazos y las manos de María para que pudieran sostener al Niño y se ahuecó el lomo de la mula para convertirla en portadora de la Sagrada Familia.

[6] Los 150 reales gastados en 1761 contrastan con las pequeñas cantidades, de 4 a 8 reales, que se habían contabilizado en años anteriores.

[7] El 1 de diciembre de 1751 Fernando VI, a solicitud del prelado de Calahorra y La Calzada, prohibía las representaciones teatrales en la diócesis, y el 6 de junio de 1760, a petición del Ayuntamiento de Logroño, se levanta la prohibición. Francisco Domínguez Matito: “Los obispos de Calahorra ante la controversia sobre la licitud del teatro (siglos XVI-XVIII)”, en Kalakorikos 7, 2002, pp. 152-153.

[8] Los resortes actuales debieron de colocarse un siglo después para sustituir a las deterioradas articulaciones originales.

[9] En la escena del Anuncio a los pastores de las pinturas de San Isidoro de León se aprecian cabras enfrentadas y en el frontal de la capilla de la Virgen del Cabello de Quejana (Álava) son carneros los que se enfrentan en esa misma escena.

[10] En las cuentas parroquiales de 1783 se anota “6 reales por echarle un pie a la rueda del belén”. La parroquia de Santa María de los Reyes celebraba las festividades de la Asunción y la Concepción con fuegos artificiales y aún se conserva la piedra en la que encajaban la antigua rueda destinada a este fin.

[11] Con el paso del tiempo se reconvirtieron en tropa de Herodes para la escena final del belén.

[12] En los once años anteriores no se anotan gastos en el belén; tal vez estuvo sin ponerse como consecuencia de la guerra. En ese mismo año de 1844 consta otro pago de 35 reales “importe de lo gastado en el Belén” , que concuerda con las cantidades gastadas en el belén en años posteriores, por ejemplo, en 1846: “33 reales gastados en el belén inclusos 20 del gaitero”.

[13] La iglesia estuvo sin culto entre 1874 y 1878: se habilitó como hospital primero y después se utilizó para alojamiento de tropas.

[14] Esas dos nuevas representaciones mencionadas no aparecen descritas en El Libro de Laguardia, obra de Miguel Martínez Ballesteros, escrita en 1874.

[15] El deterioro de las articulaciones originales de las figuras adorantes llevaría a incorporarles muelles y bisagras que facilitan el movimiento de inclinación. El maniquí que se utiliza para representar a María en la huida a Egipto debió de fabricarse después de la publicación del citado libro de Miguel Martínez Ballesteros.

[16] Se puede consultar el inventario completo de piezas del belén en la siguiente obra: Clara I. Ajamil y F. Javier Gutiérrez: El Belén de Santa María de los Reyes de Laguardia (Álava). Un belén barroco de movimiento, Asociación Belenista de Álava, 2004, pp. 45-81.

[17] Miguel Martínez Ballesteros: El Libro de Laguardia, 1874, pp. 337-338.

[18] Hay noticias de la existencia de, al menos, seis telones.

[19] Los ángeles parecen proceder de la decoración de una caja de órgano y los querubines de algún retablo romanista; en la actualidad, éstos últimos se colocan junto al portal y, en los años 40 del siglo XX, los monaguillos se encargaban de moverlos subiendo y bajándoles mediante un sistema de cuerdas. La serpiente de madera e incluso la corona de laurel pudieron proceder de algún altar del Corpus.

[20] Por ejemplo, en la tradición belenista de Zamora consta que, en 1676, en San Francisco “había nacimiento y con máquina de títeres…, los frailicos por dentro, lo hacían a lo vivo”. Francisco Iglesias Escudero: “El Belenismo en Zamora”, en XLIII Congreso Nacional Belenista, Zamora, 2005.

[21] Miguel Martínez Ballesteros: El Libro de Laguardia, 1874, pp. 337- 339.

[22] La representación de la Circuncisión parece ser posterior a 1874, ya que Miguel Martínez Ballesteros no la menciona en su libro. Por otro lado, la figura del sumo sacerdote del belén de las Agustinas Recoletas de Pamplona guarda un parecido razonable con la correspondiente figura de este belén de Laguardia en la mencionada escena.

[23] La Presentación en el Templo resulta más cercana en las formas al ritual de la iniciación cristiana y, en cierta manera, contribuye a reforzar la función de catequesis visual del belén.

[24] La leyenda estaba profundamente arraigada en el obispado de Calahorra y La Calzada, al que perteneció Laguardia, e incluso se recoge en el Romancero de la Sierra Riojana.

[25] Se puede consultar una descripción más detallada de cada representación en la siguiente obra: Clara I. Ajamil y F. Javier Gutiérrez: El Belén de Santa María de los Reyes de Laguardia (Álava). Un belén barroco de movimiento, Asociación Belenista de Álava, 2004, pp. 104-112.

[26] Un siglo después de iniciar su andadura el belén, se incorporó a las escenificaciones una leyenda piadosa.

[27] Las Constituciones Sinodales dan buena cuenta de lo que se prohibía hacer dentro de los templos: el obispo Alonso de Castilla (1539) permitía solo “alguna farsa devota, conforme a la festividad”; Díaz de Luco (1553) prohibía, salvo en la fiesta del Corpus Christi, las “representaciones y remembranzas” sin licencia especial del obispado; Pedro Manso de Zúñiga (1600) toleraba la “costumbre de hacer y representar comedias y autos… con que sean a lo divino y vistas y aprobadas por Nos o nuestro Provisor y con que no se puedan hacer en ellas entremeses que troquen en género de deshonestidad”; Pedro de Lepe (1698) considerando que “todo género de espectáculos” es cosa vana y muy pernicioso para las almas, ordenaba “que en las iglesias y lugares Sagrados, no se hagan comedias, ni autos, ni otra cosa alguna” y que las danzas (de espadas y de otra calidad) “se queden fuera de las iglesias y de ninguna manera entren en ella”. Sobre la prohibición de representaciones teatrales en la diócesis de Calahorra y La Calzada, ver la nota 6.

[28] En 1757 el Hospital de Calahorra ingresaba 124 reales correspondientes a dos representaciones de comediad con Máquina Real. Francisco Domínguez Matito: “Los obispos de Calahorra ante la controversia sobre la licitud del teatro (siglos XVI-XVIII)”, en Kalakorikos 7, 2002, pp. 152-153. La pastoral de Labastida o la tremolación de la bandera en Laguardia son ejemplos de incumplimiento de las normas diocesanas que aún perviven en la Rioja Alavesa.

Recorte Cartel LV Congreso Nacional Belenista - Vitoria-Gasteiz 2017

Comunicación LV Congreso Nacional Belenista 2017 – La provincia de Araba/Álava y su capital Vitoria-Gasteiz

11 Oct 17
Presidencia FEB
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La provincia de Araba/Álava y su capital Vitoria-Gasteiz

Cartel LV Congreso Nacional Belenista - Vitoria-Gasteiz 2017(Texto basado o extraido del libro “Álava, pueblo a pueblo“,
editado por la Diputación Foral de Álava-Arabako Foru Aldundia)

Ubicada al norte de la Península Ibérica, Araba/Álava es uno de los tres Territorios Históricos que forman la Comunidad Autónoma de Euskadi. Por su ubicación al sur de Bizkaia y Gipuzkoa, ha sido y continúa siendo uno de los pasos naturales hacia el continente europeo. Además, para los visitantes procedentes del sur es una de las puertas de acceso a Euskadi. Por la diversidad de su paisaje, los contrastes de su orografía y la gama de colores de su “piel” resulta una caja de sorpresas para cualquier visitante.

Geografía

Su orografía y la diversidad de paisajes y climas otorgan al Territorio Histórico de Álava un carácter singular.

Localizada geográficamente en el sudoeste de Euskadi, a espaldas de Bizkaia y Gipuzkoa y colindando también con las provincias de Burgos, Navarra y La Rioja (estas dos últimas, comunidades autónomas uniprovinciales), es un territorio que supera los 3 millones de km² y su población también supera holgadamente los 300.000 habitantes.

Escudo de Álava

Escudo de Álava

Álava, tierra de contrastes

Tres sucesiones de cadenas montañosas cruzan Álava de este a oeste. Las situadas más al norte establecen los límites entre Álava y los valles atlánticos de Gipuzkoa y Bizkaia, con valles verdes entre montes de pinos y hayas, caseríos y ganado vacuno.

Entre estas sierras del norte y una segunda línea de montañas que recorre la zona media del territorio se extiende una amplia llanura, conocida como la Llanada alavesa, tierra de transición hacia las llanuras meridionales. Más al sur, la sierra de Cantabria es el último obstáculo natural antes de adentrarse en las vegas de la Rioja Alavesa, tierra de viñedos que se extiende hasta el valle del Ebro, cuyo paisaje se confunde con el de la meseta castellana.

El relieve alavés se resume en una serie de cadenas montañosas, orientadas en sentido de los paralelos y separadas por corredores o amplias cubetas de elevada altitud media. La influencia de tales sierras en las disimetrías pluviométricas, en el freno a las influencias atlánticas o mediterráneas, es notable.

Variedad climática

La variedad orográfica y biológica va unida a una diversidad climática. Así, si en la franja norte de Álava el clima es oceánico con un tiempo húmedo y suave, con abundantes lluvias, en el interior son comunes los inviernos fríos y las fuertes heladas. En las tierras del sur, por el contrario, es de tipo mediterráneo continental, seco y de temperaturas más extremas. La Llanada Alavesa queda también en lo climático como una tierra de transición, con inviernos fríos.

Foto aérea del Embalse de Ullibarri-Gamboa y el Parque de Garaio

Foto aérea del Embalse de Ullibarri-Gamboa
y del Parque de Garaio

Enclaves naturales

Entre los atractivos naturales de Álava están los embalses de Uribarri (Ullibarri-Gamboa) y Urrunaga. Creados para abastecer de agua a Vitoria-Gasteiz y Bilbao, estos lagos artificiales constituyen el mayor humedal vasco y un espacio de ocio único.

La gran calidad paisajística está representada por enclaves naturales como Valderejo, declarado Parque Natural en 1992, pequeño valle situado en el extremo más occidental de Álava, Entzia o el Parque Natural de Izki, situado al sudeste del territorio, que con sus 9.143 hectáreas alberga una gran diversidad de paisajes, las lagunas de Laguardia, las Salinas de Añana con sus blancas terrazas escalonadas y los tres parques naturales que comparte con otros dos territorios: Gorbeia, Urkiola y Aizkorri. A la lista añadimos también el Valle de Aramaio con sus magníficos caseríos dispersos entre montañas, o Zuia como más próximo a Vitoria y al amparo del macizo Gorbeia, impresionante espacio natural, montañero y rural.

Historia

Los primeros pobladores

Repartidos por toda la geografía alavesa encontramos monumentos megalíticos y restos de poblados que evidencian un territorio poblado desde la Prehistoria.

Los cazadores del Paleolítico

Los restos arqueológicos más antiguos hallados hasta el momento en territorio alavés son los instrumentos de piedra que reflejan asentamientos esporádicos de cazadores del Paleolítico, cuando los Homo Erectus se dedicaban a la caza y recolección. El hallazgo de un bifaz achelense (útil de piedra de forma almendrada, tallado por sus dos caras y con aristas cortantes) recogido en Aitzabal por José Miguel de Barandiarán es testimonio del desarrollo de unas técnicas de elaboración de instrumentos hace más de 100.000 años.

Con la última glaciación, Europa se cubre de hielos permanentes. El hombre de Cromagnon habita zonas costeras del Cantábrico donde las temperaturas son más suaves, ya que la vida en el interior alavés se presenta imposible.

A partir del año 8.500 a. C. la glaciación empieza a remitir y los fríos se retiran hacia el norte, favoreciendo un ambiente fresco y húmedo en Álava con el paso de los años. Los animales herbívoros refugiados en la costa colonizan el interior y tras ellos llegan los nuevos cazadores a tierras alavesas. Viven en pequeñas cuevas y abrigos rocosos y cazan corzos, ciervos y toros primitivos. Adornan ya sus cuerpos con conchas perforadas y utilizan instrumentos básicos para cazar y pescar. Álava es una tierra de bosques de hoja caduca, en cuyos claros crecen los pastos donde se alimentan caballos, corzos, cabras, sarrios, etc.

Dolmen de la Hechicera en Elvillar (Álava)

Dolmen de la Hechicera, en Elvillar (Álava)

Últimos cazadores y nuevos habitantes: base humana de Álava

Desde el sur llegan también nuevos habitantes que se mezclarán con los primeros. Estos grupos humanos suponen el sustrato humano básico de Álava. Dicha mezcla humana convive durante mucho tiempo y es la protagonista del comienzo de la agricultura y la ganadería (domestican al perro y la oveja), aunque la caza seguirá siendo importante.

La seguridad que aportan los nuevos sistemas de producción agrícola y ganadera se reflejan en un aumento demográfico y la sedentarización de los grupos humanos, comenzando a vivir en auténticos poblados. La creencia en fuerzas superiores da lugar a la construcción de dólmenes en los que enterrar a sus muertos, dejando importantes testimonios en la Provincia.

Llegada de los indoeuropeos

La expansión de los pueblos del sureste europeo llega a Álava hacia el 1.200 a. C. cuando los indoeuropeos se asientan en Álava. La nueva población se instala en poblados que llamamos “castros” u “oppida” amurallados e incorpora las técnicas del hierro y la incineración en los ritos funerarios.

Setecientos años después se produce otro importante cambio cultural por los contactos con los pueblos celtíberos de la península, además de la influencia de fenicios y griegos. Se potencia la agricultura (empleándose el arado), aparece el urbanismo, se funden piezas de bronce y hierro y se decora la cerámica con pintura.

La romanización no tardará en llegar. Para entonces, en Álava ya se habrá comenzado a emplear la moneda y existirán manifestaciones artísticas destacables como estelas funerarias decoradas.

La romanización en Álava

Muchos restos de la época y testimonios de historiadores y geógrafos romanos nos hablan de la integración de Álava en el imperio romano. Entre los restos arqueológicos más importantes se encuentran los puentes de Mantible en Assa y Trespuentes y la ciudad de Iruña/Veleia.

Llegada de los romanos

Los romanos llegan a Álava en un momento en el que conviven poblados que mantienen su forma de vivir a la antigua y otros adaptados a los cambios del final de la Edad de Hierro. Los distintos pueblos prerromanos de la zona se integran en el estado romano, especialmente en Álava y Navarra donde la romanización es algo más intensa.

Desde el siglo I. a.C. queda reflejada la administración militar y política romana, sobre todo en las proximidades de la calzada Astorga-Burdeos que cruza Álava y vertebra la región, en el valle del Ebro y en las riberas de sus afluentes.

Muralla del oppidum de Iruña-Veleia, junto a la localidad de Trespuentes

Muralla del oppidum de Iruña-Veleia,
junto a la localidad de Trespuentes

La influencia romana

Mientras las zonas menos aptas para la agricultura mediterránea, como los valles cerrados y profundos, permanecen menos influenciados, el resto del Territorio asimila la cultura romana y llega el derecho, el tráfico comercial y el latín, empujando al euskera hacia las zonas menos romanizadas. Lentamente se irá introduciendo el cristianismo en las zonas urbanas.

También se importa de Roma el fenómeno de la urbanización. El oppidum de Iruña/Veleia es un ejemplo de ciudad donde se aprecian las murallas, calles y edificaciones. El yacimiento de Iruña/Veleia, de 80 Ha de extensión, abarca 1.500 años de historia continuada. Situado a 10 kilómetros de Vitoria, se inició en los comienzos de la Edad del Hierro y alcanzó su momento más álgido a partir del siglo I, en la época romana.

Álava medieval

Cuando cayó el imperio romano, el poder y la influencia cultural de los romanos desapareció, y con ellos el latín y el cristianismo. Con las invasiones de los diversos pueblos bárbaros y la caída del Imperio romano, las distintas tribus vascas serán atacadas por estos pueblos. La zona de La Llanada, camino natural de paso, verá el tránsito de algunos de estos bárbaros. Al mismo tiempo, las guerras con el reino visigodo van a ser continuas. Paralelamente, otro poderoso movimiento sube desde el sur y centro de la Península, con una nueva concepción de la vida y una nueva cultura, el islamismo.

Basílica de Armentia, en el municipio de Vitoria-Gasteiz, primera catedral del País Vasco (siglo XII)

Basílica de Armentia, en el municipio de Vitoria-Gasteiz, primera catedral del País Vasco (siglo XII)

Por otra parte, tras la caída de Roma, la cristianización era todavía muy ligera y periférica, y la existente estaba fuertemente mezclada con las culturas populares. La influencia de los visigodos fue muy pequeña y los musulmanes no llegaron a dominar Álava, aunque la atacaron muchas veces. Por otro lado, surge el reino astur-leonés, sucesor del reino visigodo, que proseguirá la lucha de aquéllos contra los vascos más occidentales, mientras el resto mira hacia el reino de Pamplona, primero, y luego a su sucesor el reino de Navarra.

Como consecuencia de la invasión musulmana del Valle del Ebro se produce, hacia la mitad del siglo IX, la emigración de cristianos del Obispado de Calahorra hacia tierras libres de la presencia permanente de los musulmanes. Las tierras de la Llanada alavesa serán refugio de esos cristianos, que crearán el Obispado de Armentia. Así en la documentación de los siglos IX-XI aparece una decena de personas a las que se les titula “obispo en Álava, de los alaveses, en Veleia y en Armentia”.

Don Fortunio fue su último obispo. A su muerte desapareció el Obispado de Armentia, absorbido por el de Calahorra. En 1496, mediante una Bula, el Papa Alejandro VI ordenó la traslación de la iglesia colegial de Armentia a la ciudad de Vitoria.

Primeras referencias al topónimo Álava

En este contexto de continuas guerras se da la aparición de caudillos militares, y pronto surgirá el Condado de Álava. En la Crónica de Alfonso III, escrita a fines del siglo IX, aparece por vez primera el topónimo Álava, al referirse a las campañas que Alfonso I de Asturias realiza a mediados del siglo VIII. Durante estos dos siglos, el topónimo Álava puede identificarse con las tierras de la Llanada, concretamente al norte y este de Vitoria, coincidiendo, aproximadamente, con la mitad oriental de la denominada “Álava nuclear”, según aparece descrita en la Reja de San Millán, de 1025, y que, con pequeñas modificaciones, viene a coincidir con los límites que un documento de 1258 especifica para la Cofradía de Arriaga. A esta Álava nuclear se iría sumando una Álava periférica, constituida por la Tierra de Ayala; la situada al oeste del río Baias; Trebiño y la Rioja alavesa.

Tierra de caminos y fronteras

Durante la alta y plena Edad Media, el territorio recibe la influencia de los reinos que van surgiendo en las regiones limítrofes, como son el reino astur, el reino de Pamplona y luego de Navarra y el de Castilla. En Álava se encuentran numerosas villas que conservan las murallas de épocas medievales marcadas por los enfrentamientos entre reinos y las pugnas entre nobles, además de palacios, iglesias y otras construcciones.

El territorio alavés no se libra de numerosos ataques lanzados por los musulmanes que rápidamente se habían extendido por la península hasta llegar al norte. Protegida por fuertes castillos y torres señoriales, las tierras alavesas permanecen siempre controladas por condes locales. Desde principios del siglo X, estas tierras quedan definitivamente en la retaguardia de la frontera cristiano-musulmana, mientras se convierten en paso obligado de peregrinos jacobeos.

Entre Castilla y Navarra

A partir del siglo X son evidentes las influencias de Castilla y Navarra. La alternancia de condes con diferente orientación monárquica, hace que la balanza de la soberanía sobre el territorio alavés recaiga sobre uno u otro reino. Bajo el gobierno de Sancho VI de Navarra y con el fin de asegurar su defensa, se fundan una serie de villas entre las que destacan Laguardia, Vitoria, Antoñana, Bernedo y La Puebla de Arganzón.

Alfonso VIII de Castilla reacciona ante la presencia navarra. Entre 1199 y 1200 y tras negociar con algunos nobles alaveses, descontentos con la política de los reyes navarros, se apodera de prácticamente toda la tierra alavesa, y supone la incorporación definitiva (salvo un breve paréntesis) de Álava a Castilla, a excepción del territorio dominado por la Cofradía de Arriaga.

Último reducto feudal de la nobleza alavesa

No toda Álava queda en manos del monarca castellano. Frente a un territorio dominado por villas con fueros otorgados por la Corona, la Cofradía de Arriaga es una comarca con una organización de base feudal, organizada en merindades y con señores con capacidad para ejercer acciones jurídicas. Ilustres apellidos de la nobleza alavesa como los Rojas, Mendoza o Ayala formaban parte de dicha organización, junto a nobles de menor rango y campesinos dependientes. Será en 1332 cuando la Cofradía se autodisuelva entregando voluntariamente las tierras a Alfonso XI. Con este Pacto, Álava presenta su perfil territorial casi definitivo.

El Camino de Santiago en Álava

El camino de Santiago alavés transcurre desde el Túnel de San Adrián hasta el río Ebro. A partir del siglo XII y XIII muchos peregrinos eligen esta ruta como alternativa al camino navarro, sobre todo por tratarse de una vía segura.

De calzada romana a Camino de Santiago

Santiago de Compostela se había consolidado desde el siglo XI como uno de los centros de peregrinación más importantes de la cristiandad. Y a partir del siglo XII comienza su andadura una nueva ruta jacobea a través de Álava y Gipuzkoa. Los peregrinos atraviesan el túnel de San Adrián (a 1000 m de altura) en el límite con el territorio guipuzcoano para continuar por Salvatierra, Vitoria, La Puebla de Arganzón y Armiñón. La ruta utiliza lo que queda de la calzada romana que venía de Burdeos y se dirigía hacia Astorga. Esta calzada cruzaba Álava y durante muchos años vertebró la región económica, social y políticamente.

Santuario de Nuestra Señora de Estíbaliz, en Argandoña (Álava)

Santuario de Nuestra Señora de Estíbaliz,
en Argandoña (Álava)

Puntos clave en el Camino

El Camino del interior es uno de los mejores espejos de Álava. Un itinerario de contrastes para conocer bosques húmedos, huertas fértiles, extensiones de secano, llanadas interminables, paisajes rurales etc. La Basílica de Armentia (del siglo XII y primera catedral del País Vasco) y el Santuario de Nuestra Señora de Estíbaliz constituyen dos puntos importantes en el Camino de Santiago alavés.

Repercusión del camino de Santiago

El fenómeno de las peregrinaciones fue mucho más allá que el simple trasiego de fieles por los caminos. Además de una manifestación religiosa, las peregrinaciones a Santiago de Compostela estimulan el desarrollo de la actividad comercial y artesanal, la difusión de la cultura, la entrada de nuevas formas interpretativas del arte, como el románico. También suponen una revolución urbana ligada a la concesión de fueros y privilegios por parte de los reyes, que introducen un nuevo grupo social, el burgués, dentro de la estructura de la sociedad medieval formada por señores, clero y campesinado.

Historia moderna

En los últimos tiempos de la Edad Media se produce el fin de las guerras de bandos en el País y la neutralización del poder anarquizante de los jauntxos, lo que permite la expansión de la población por el descampado, lejos de los poblados, la intensificación de la vida municipal y del comercio. Mientras Bizkaia y Gipuzkoa van a ir entrando en un período de florecimiento, con el desarrollo marítimo provocado por el comercio, el avance de la pesca y la emigración de los señores a las villas, Álava entra en un paulatino estancamiento económico y social.

El régimen foral de Álava

Hasta finales de la Edad Media no se conoce en Álava ningún Código de leyes. Fundamentalmente, la costumbre operaba con fuerza de ley. Solamente existen los fueros de las villas, por los que se rigen éstas. Durante la primera mitad del siglo XIV comienzan a aparecer derechos escritos, pero todavía no serán generales para todo el Territorio.

Las villas, apoyadas por los reyes, van tomando la iniciativa en el gobierno del Territorio, desplazando a la nobleza rural y reprimiendo sus desmanes que tanto afectaban al desarrollo del comercio. Éstos responden introduciendo las luchas de bandos en las ciudades. Las villas se van agrupando en hermandades.

En 1417 las hermandades de Vitoria, Trebiño de Uda y Salvatierra forman una colección de 30 ordenanzas que serán el Fuero, siendo revisada y ampliada en 1458. En las Juntas de las Hermandades de Ribabellosa, en 1463, se redactó un nuevo Cuaderno de Ordenanzas, que fue el que en lo sucesivo rigió en Álava. Asistieron procuradores de las hermandades de Vitoria, Salvatierra, Miranda de Ebro, Pancorbo, Saja, Legutio, Villalba, Valderejo, Valdegovía, Lakozmonte, La Ribera, Aríñez, Hueto, Kuartango, Urkabustaiz, Zuia, valle de Orduña, Ayala, Artzeniega, Zigoitia, Badayoz, Arrazua y Ubarrundia, y representantes de las juntas de escuderos de Vitoria, Ganboa, Barrundia, Egiraz, San Millán y de Hegiles, juntas de Araia, Arana, Arraia y Laminoria, Hiruraiz y Losas de Suso.

Las Juntas

En ellas residía la soberanía de Álava. Los reyes eran tan sólo unos protectores que tenían la obligación de jurar el cumplimiento de los Fueros. Mientras no presentasen ese juramento, no eran considerados como señores de las tierras de Álava. Estos juramentos se repiten hasta el año 1839, fecha de la pérdida del régimen foral “manu militari”.

Las Juntas Generales podían ser ordinarias y extraordinarias. Las primeras se reunían cada 4 de mayo en la villa de la Provincia designada con antelación, y el 18 de noviembre en Vitoria. En esta Junta de noviembre eran elegidos cuatro diputados que debían resolver todos los asuntos que se presentasen durante el año. Asistían a las Juntas Generales: el Diputado General, sin voto; los alcaldes de hermandad; los procuradores, representantes de cada pueblo, y los secretarios. Para que se constituyesen las Juntas habían de estar presentes, por lo menos, las dos terceras partes de las Hermandades.

Los procuradores eran los representantes que enviaban los pueblos a las Juntas. Su elección se regía por numerosas disposiciones del Fuero y de las mismas Juntas Generales. No existía uniformidad. Cada pueblo observaba sus usos y costumbres. Para ser procurador se exigía: haber nacido en Álava, no estar encausado, no ser deudor público y no tener empleo en el Gobierno. El cargo era obligatorio para el elegido.

Palacio de la Diputación Foral de Álava

Palacio de la Diputación Foral de Álava

Diputación General

El Diputado General era el jefe civil, político y militar de la Provincia. Constituía el poder ejecutivo, y duraba en su cargo tres años. No podía ser reelegido sin que transcurriese otro espacio de tres años. Era elegido en las Juntas de noviembre. Para ser Diputado General era preciso: ser oriundo y vecino de Álava con casa abierta y arraigo, persona ilustrada, de estado seglar, con medios suficientes para vivir con el decoro y decencia que el cargo exigía, y no ser empleado del Gobierno Central.

Deberes y Derechos de Álava

En materia de administración de justicia, siempre se ha aplicado, civil y criminalmente, en primera instancia por la Provincia. En las instancias segunda y superiores competían los tribunales de Castilla. Ningún alavés podía ser juzgado en primera instancia, sino por jueces de Álava.

Para la seguridad interior de la Provincia existía una pequeña fuerza armada: el Cuerpo de Miñones. La Provincia nombraba siempre los jefes y oficiales. El Diputado General era el jefe superior de estas milicias.

Los naturales de Álava no estaban obligados a realizar el servicio militar en tiempos de paz. En caso de guerra, la Provincia alistaba y armaba sus fuerzas sin que nunca se admitiese el sistema de quintas. No estaban obligados los alaveses, en ningún caso, a salir fuera de los límites de la Provincia.

La Junta General imponía a los alaveses sus impuestos y contribuciones proporcionales a la riqueza particular: «por cabañas mayores y menores, porque los pobres no sean fatigados». Además, existían los arbitrios y sisas de acuerdo con los mismos pueblos. Álava pactó con el rey de Castilla que «jamás impondrá el rey ninguna contribución directa ni indirecta en Álava», sino la del «pecho aforado» que desde antiguo se pagaba al conde o Señor militar. Por ello, en Álava, no rigieron las leyes tributarias dadas por los reyes de Castilla, y posteriormente por los reyes españoles.

Historia Contemporánea

Con la segunda mitad del siglo XVIII Álava registró un cierto desarrollo material y cultural. Ello se debió en buena medida a la creación en 1764 de la Sociedad Bascongada de Amigos del País, con sede en Vitoria. Este organismo realizó una importante labor, promoviendo la implantación de una imprenta, apoyando iniciativas industriales, y mejorando diversos cultivos agrícolas, como el de la patata y la vid, entre otras acciones.

Siglo XIX

Sin embargo, el siglo XIX será testigo de continuas divisiones, consecuencia de las diversas guerras que van a desarrollarse a lo largo del mismo, y del posicionamiento de los distintos grupos sociales ante las mismas.

A comienzos del siglo, en la guerra contra Napoléon, entre liberales o afrancesados y conservadores o patriotas. Posteriormente durante las guerras carlistas y según los distintos momentos, entre isabelinos y carlistas; liberales y tradicionalistas; progresistas y moderados. En medio de ello la defensa a ultranza del Régimen foral, o sea de las leyes propias, la defensa de una actualización del mismo, o bien la defensa de la postura de los diversos gobiernos españoles de suprimir las leyes vascas.

Finalmente, vía “manu militari”, el Régimen Foral de Álava, Bizkaia, Gipuzkoa y Navarra es suprimido, culminando Alfonso XII la labor centralista que habían iniciado los Borbones con su llegada al trono de España. El régimen autonómico vasco desaparece, siendo sustituido, en 1878, por los Conciertos Económicos entre las Diputaciones Provinciales, ya no Forales, y el Estado.

Mientras en Bizkaia y Gipuzkoa se desarrolla el proceso de industrialización, Álava, carente de una burguesía industrial, entra en un proceso de ralentización económica, dirigida por una clase media que, en buena medida, actúa al dictado del clero.

Sin embargo, se da un cierto impulso a la acción cultural, con la aparición de las primeras publicaciones periódicas, algunas revistas y tertulias. Surgen, en Vitoria, sociedades como el Ateneo, la Academia Alavesa de las Ciencias de la Observación o la Exploradora. Este ritmo decae a fin de siglo y durante buena parte de la primera mitad del siguiente.

Siglo XX

Durante el período anterior al alzamiento militar de 1936 se van produciendo algunos cambios, sobre todo en Vitoria, debido a que las condiciones de vida fueron mejorando con la reducción de la jornada laboral a ocho horas, a partir de 1919, con el aumento de salarios y la reducción de la tasa de mortalidad. Sin embargo, el resto del Territorio, eminentemente rural, siguió sumido en un fuerte adormecimiento.

En este período se desarrollan las asociaciones de masa, entre ellas, las mutualistas, los sindicatos obreros de todo signo, los partidos políticos, que tenían sus distintos medios de expresión, como periódicos, revistas, y las asociaciones recreativas, culturales y deportivas. Nacieron los espectáculos de masa, como el deporte, así en 1923 se fundó el Deportivo Alavés y un año después se inauguró el campo de Mendizorrotza, la asistencia al cine o a los teatros, la llegada de la radio, o la sociabilidad de asistencia a bares y tabernas.

Sin embargo, la religión siguió teniendo gran importancia en todo el Territorio, sobre todo en las zonas rurales, y las instituciones de la Iglesia siguieron controlando extensas esferas de la vida pública, a través del clero, de los colegios, sindicatos obreros, asociaciones y partidos políticos.

Esta evolución se vio cortada por la guerra de 1936. Tras los difíciles años que siguieron a la postguerra, la industrialización de Vitoria y de Llodio, a finales de la década de los cincuenta, trajeron consigo una profunda transformación de la estructura económica y social en las décadas posteriores.

La necesidad de apertura social que definió las décadas de los sesenta y setenta, desembocó en las primeras elecciones democráticas de 1977. A partir de entonces, se vive en Álava una etapa de desarrollo económico y progreso social. Su capital, Vitoria, experimenta una rápida modernización y dinamismo industrial, que contribuyen a renovar el tejido empresarial, industrial y de servicios. Se multiplican los servicios municipales, urbanísticos, culturales, deportivos y universitarios con la presencia de la Universidad del País Vasco, con el Campus de Álava. Al mismo tiempo, se ha consolidado como ciudad de servicios al pasar a ser capital de la Comunidad Autónoma de Euskadi.

La actividad agraria que había constituido, hasta hace no mucho, la base de la economía del Territorio de Álava, ha pasado a un restringido último término a partir de la mitad de este siglo como consecuencia del fenómeno de la industrialización reciente. Sin embargo, hoy día, la industria constituye la actividad económica fundamental de Álava, tanto por el sector de población activa a ella dedicado, como por su valor añadido bruto del total del territorio.

Pero este crecimiento, debido a la industrialización comenzada en la década de los sesenta, no ha afectado por igual a todo el Territorio, sino que se ha polarizado en algunas áreas: inicialmente en Llodio y Vitoria, extendiéndose posteriormente en Oyón, Salvatierra, Legutio y Amurrio.

Mapa de Álava de 2017, con sus siete Cuadrillas: Campezo-Montaña Alavesa, Salvatierra-Llanada Alavesa, Zuia-Gorbeialdea, Ayala, Añana, Laguardia-Rioja Alavesa y Vitoria

Mapa de Álava de 2017, con sus siete Cuadrillas: Campezo-Montaña Alavesa, Salvatierra-Llanada Alavesa, Zuia-Gorbeialdea, Ayala, Añana, Laguardia-Rioja Alavesa y Vitoria

Organización Administrativa de Álava / Araba

Álava se compone de 417 núcleos de población, distribuidos en 349 concejos que se agrupan, a su vez, en 51 municipios, formando 18 Hermandades. Todo ello se engloba en siete Cuadrillas. Esta tupida división administrativa puede resultar complicada, pero su existencia hunde sus raíces en la más profunda historia de Álava.

Las Cuadrillas de Álava se rigen por la norma Foral 63/1989 de 20 de noviembre. Son entidades territoriales formadas por diversos Municipios. Sirven para participar, promover y gestionar asuntos de interés general que afecten a su ámbito territorial.

El Territorio Histórico de Álava está formado por siete Cuadrillas: Cuadrilla de Añana; Cuadrilla de Ayala; Cuadrilla de Campezo – Montaña Alavesa; Cuadrilla de Laguardia – Rioja Alavesa; Cuadrilla de Salvatierra; Cuadrilla de Vitoria y Cuadrilla de Zuia. Los órganos rectores de las mismas son: la Junta de Cuadrilla y el Presidente.

Plaza de la Virgen Blanca de Vitoria-Gasteiz

Plaza de la Virgen Blanca de Vitoria-Gasteiz

Vitoria-Gasteiz, capital de Euskadi y de Araba/Álava

Escudo de Vitoria-Gasteiz

Escudo de
Vitoria-Gasteiz

Situada en una colina, a una altitud de 550m. sobre el nivel del mar Mediterráneo, y con una población que casi alcanza los 250.000 habitantes, es una de las ciudades que mejor conserva su trazado y disposición medieval. Está formada por calles paralelas con dos iglesias-fortaleza en los extremos que reforzaban la muralla defendiendo las dos entradas opuestas de la villa. Vitoria-Gasteiz se sitúa en el centro de la Llanada Alavesa, bien comunicada con el valle del Ebro, Iruña y la costa Cantábrica lo cual propició su desarrollo. En esa encrucijada de caminos surgió la originaria aldea de Gasteiz.

La actual Vitoria-Gasteiz constituye un modelo de desarrollo urbano de calidad, en el que priman los criterios de cohesión social, habitabilidad, respeto al entorno, accesibilidad, conservación, recuperación del patrimonio y programas de integración y participación social. Es una ciudad con una intensa historia que se manifiesta en un valioso patrimonio monumental. No en vano, se ha hecho famosa por unos planes de restauración únicos en su género.

Además, como capital de Euskadi, Vitoria-Gasteiz es sede de las principales instituciones políticas vascas: el Gobierno y el Parlamento vascos.

Catedral "Vieja" de Santa María, segunda tras la Basílica de Armentia, en obras de restauración desde 1997

Catedral “Vieja” de Santa María, segunda tras la Basílica de Armentia, en obras de restauración desde 1997

Historia

Con motivo de las recientes obras de restauración de la Catedral Vieja de Santa María, del siglo XIII, se iniciaron allí unas excavaciones arqueológicas, gracias a las que se ha podido saber que por lo menos en el siglo VIII había ya allí una aldea. Vitoria-Gasteiz fue fundada en 1181 por el rey Sancho VI el Sabio de Navarra y la llamó Nova Victoria. La mandó construir al lado de la aldea de Gasteiz, situada en una colina, como forma de defensa avanzada para el reino de Navarra y con funciones comerciales. La villa tenía forma elipsoidal, característica de las villas medievales alavesas, y estaba rodeada por una muralla. Estaba configurada por una calle mayor rectilínea, flanqueada por otras dos que se cerraban en los extremos sobre la primera.

En 1200, Vitoria-Gasteiz es conquistada por las tropas del rey Alfonso VIII, incorporándola a la Corona de Castilla, quien, después del incendio que en 1202 asoló el núcleo primitivo de fundación navarra, la dotó de su primer ensanche en la ladera oeste, creando las calles Correría, Zapatería y Herrería, que se cerraron con nueva muralla, las Cercas Bajas, con el río Zapardiel, que hacía de foso natural. Izada sobre esta muralla se erigió la iglesia de San Pedro. En aquel momento tuvo lugar la fundación de dos conventos extramuros, el de San Francisco, al sur, en 1214, y el de Santo Domingo, al noroeste, hacia 1225, con la misión, entre otras, de introducir el castellano en una villa navarra de habla eusquérica.

En 1256 la villa se extendió hacia el este con nuevas calles gremiales, debido a la prosperidad comercial que iba adquiriendo, creándose las calles Cuchillería, Pintorería y Judería (hoy Nueva Dentro – Judería). En este ensanche se construyó la iglesia de San Ildefonso. En algo más de medio siglo, el establecimiento militar se había completado con una población de artesanos y mercaderes.

Durante los siglos XIV y XV, el asentamiento de nuevas familias nobles y las luchas de bandos obligaron a fortificar los edificios con fosos, cadenas y rastrillos, convirtiendo las casas señoriales en fortificaciones. Así se crearon casas fortificadas como la Casa del Cordón, con torre en su interior, la torre de los Anda, la torre de Doña Otxanda o la torre de los Iruña.

En 1431, el rey Juan II de Castilla le otorgó el título de ciudad. En 1463 fue una de las cinco villas fundadoras de la Hermandad de Álava junto con Sajazarra, Miranda de Ebro, Pancorbo y Salvatierra. Con el final de la guerra de bandos, se produjo una fuerte recuperación económica, y así se construyó la iglesia de San Vicente, a partir de 1484, o las reformas de San Pedro y de San Miguel a comienzos del siglo XVI. La expulsión de los judíos, que tenían una importante presencia, sobre todo comercial, en 1492 por parte de los Reyes Católicos, supuso un fuerte golpe económico para la ciudad. Su cementerio de Judimendi, pasó a manos de esta, y se ha conservado hasta nuestros días sin levantar edificación alguna en el mismo.

La Plaza de la Virgen Blanca, punto neurálgico de la ciudad, fue construida en el siglo XVII sobre la Plaza Vieja. En ella se encuentran la iglesia de San Miguel, donde se halla la patrona de la ciudad, la Virgen Blanca, y el Monumento a la Batalla de Vitoria. El último cuarto del siglo XVIII fue un momento de expansión para la ciudad y se inició la construcción del ensanche, fuera del casco viejo. Se comenzó levantando los Arquillos, para salvar el desnivel de la colina con la parte llana, y se inició la Plaza Nueva, donde está ubicada la Casa Consistorial. Su arquitecto fue Justo Antonio de Olaguíbel.

A finales del siglo, Vitoria-Gasteiz se vio involucrada en la Guerra de la Convención (1795) y en la Guerra contra Napoléon, en los comienzos del siglo XIX, y en la que los aliados, ingleses y portugueses, ganaron a las tropas de Napoleón, moviéndose en retirada, en la famosa batalla de Vitoria (21 de junio de 1813).

Catedral "Nueva" de María Inmaculada, la tercera de la ciudad, iniciada el 4 de agosto de 1907 y consagrada el 24 de septiembre de 1969, pero inconclusa según el proyecto original

Catedral “Nueva” de María Inmaculada, la tercera de la ciudad, iniciada el 4 de agosto de 1907 y consagrada el 24 de septiembre de 1969, pero inconclusa según el proyecto original

Siglo XIX

En 1843, llegó la autorización para construir el Instituto de Enseñanza Media, sede actual del Parlamento Vasco y en el año académico de 1853-1854 comenzaron las clases culminando así un viejo sueño de la ciudad. El viejo Instituto de Enseñanza Media fue testigo de buena parte de la vida cultural de esta ciudad. Hay que recordar, entre otras cosas, la Universidad Libre, creada a raíz de la revolución de 1868. Esta Universidad funcionó a partir de 1869, truncándose antes de empezar el curso 1873-1874, en gran parte por culpa de la segunda guerra carlista. Baste recordar los nombres de Ricardo Becerro de Bengoa, Julián Apraiz, Federico Baraibar, etc. Este último, gran helenista (1851-1918), fue además uno de los primeros que en Vitoria-Gasteiz impartió allí clases de euskera, en el apartado que hoy llamaríamos de extraescolares.

Existe un fuerte desarrollo cultural y asistimos a la aparición de las primeras publicaciones periódicas, algunas revistas y tertulias. Surgen, en Vitoria-Gasteiz, sociedades como el Ateneo, la Academia Alavesa de las Ciencias de la Observación o la Exploradora. Este ritmo decae a fin de siglo y durante buena parte de la primera mitad del siguiente.

Sin embargo, en 1876, había quedado eliminado el Régimen Foral de Álava y, mientras Bizkaia y Gipuzkoa entran en el proceso de industrialización, Álava, carente de una burguesía industrial, entra en un proceso ralentización económica, dirigida por una clase media que, en buena medida, actúa al dictado del clero.

Maqueta del proyecto original de la Catedral "Nueva" de María Inmaculada

Maqueta del proyecto original de la
Catedral “Nueva” de María Inmaculada

Siglo XX

Durante el período anterior al alzamiento militar de 1936 se van produciendo algunos cambios en Vitoria-Gasteiz, debido a que las condiciones de vida fueron mejorando con la reducción de la jornada laboral a ocho horas, a partir de 1919, con el aumento de salarios y la reducción de la tasa de mortalidad. Sin embargo, el resto del municipio, eminentemente rural, siguió sumido en un fuerte adormecimiento.

En este período se desarrollan las asociaciones de masa, entre ellas, las mutualistas, los sindicatos obreros de todo signo, los partidos políticos, que tenían sus distintos medios de expresión, como periódicos, revistas, y las asociaciones recreativas, culturales y deportivas. Nacieron los espectáculos de masa, como el deporte, así en 1923 se fundó el Deportivo Alavés y un año después se inauguró el campo de Mendizorrotza, la asistencia al cine o a los teatros, la llegada de la radio, o la sociabilidad de asistencia a bares y tabernas.

Esta evolución se vio cortada por la guerra de 1936 y en los años siguientes a la postguerra. El comienzo de la industrialización de Vitoria-Gasteiz, al final de la década de los cincuenta, trajo consigo una profunda transformación de la estructura económica y social en las décadas posteriores.

La necesidad de apertura social que definió las décadas de los sesenta y setenta, desembocó en las primeras elecciones democráticas de 1977. A partir de entonces, Vitoria-Gasteiz experimenta una rápida modernización y dinamismo industrial, que contribuyen a renovar el tejido empresarial, industrial y de servicios.

Así, en la década de los ochenta, los nuevos barrios de Vitoria-Gasteiz se construyen de acuerdo con un Plan Urbanístico que privilegia los parques, las zonas de esparcimiento y la calidad de vida. Compaginando el mantenimiento de la identidad de la ciudad con la necesidad de alojar a la creciente población. Tomando como referencia el barrio de San Martín, primer barrio nuevo planificado de esta forma, la ciudad ha aumentado su extensión a una velocidad vertiginosa, crecimiento concentrado en los últimos años en los barrios de Lakua, Salburua y Zabalgana.

Mención especial merece el denominado anillo verde, una red de parques y espacios verdes que rodea a la ciudad, destinado a ser el pulmón de la futura Vitoria-Gasteiz, y enlazar la ciudad con el espacio rural.

De esta forma Vitoria-Gasteiz se ha modernizado rápidamente, y la dinámica industrial, así como la introducción de nuevas tecnologías, ha contribuido a renovar el tejido empresarial, industrial y de servicios. Ha multiplicado sus servicios municipales, urbanísticos, culturales, deportivos y universitarios con la presencia de la Universidad del País Vasco, con el Campus de Álava. Al mismo tiempo, se ha consolidado como ciudad de servicios al pasar a ser capital de la Comunidad Autónoma de Euskadi, por decisión del Parlamento Vasco del 20 de mayo de 1980.

Edificio del Parlamento Vasco, antiguo Instituto Ramiro de Maeztu

Edificio del Parlamento Vasco,antiguo Instituto Ramiro de Maeztu

Edificios y lugares relevantes de Vitoria-Gasteiz

Palacio de Villa Suso: es un antiguo palacio de estilo renacentista. Está adosado a la muralla medieval de la ciudad.

Palacio de Montehermoso: del siglo XVI, de estilo renacentista.

Casa del Cordón: ejemplo de arquitectura gótica civil. Se construyó en el siglo XV, y tiene una torre del XIII. En esta casa Adriano VI fue nombrado Papa mientras residía de paso.

Palacio de Bendaña: de estilo renacentista y construido en el siglo XIII, alberga el Museo BIBAT que contiene el Museo Fournier de Naipes de Álava y el Museo de Arqueología de Álava.

Palacio de Escoriaza-Esquível: de estilo renacentista.

Palacio de la Diputación: es la sede de la Diputación Foral de Álava. Es de estilo neoclásico tardío vitoriano. Tiene forma cuadrada y está construido en piedra de sillería.

Palacio de Ajuria Enea: es la residencia oficial del Lehendakari vasco y la sede del Gobierno vasco desde 1980. Su construcción data de 1918, como residencia de la familia de Serafín Ajuria, y es un ejemplo de la arquitectura vasca de la época.

Palacio de Zulueta: construido a principios del siglo XX, como casa-hotel.

El Portalón: es la antigua Casa del Comercio de la ciudad. Fue construido en el siglo XV y es de estilo gótico.

Torre de los Anda: era una de las torres defensivas de la ciudad. Fue construida en el siglo XV en estilo gótico.

Hospital de Santiago de la Plaza: formaba parte del Camino de Santiago, con el nombre de Nuestra Señora del Cabello.

Antiguo Hospicio: edificio de los siglos XVI y XVII.

Plaza del Machete: situada en el límite del casco medieval, en la cuesta de San Vicente y la Iglesia de San Miguel. Su nombre se debe al machete vitoriano ubicado en el ábside de dicha iglesia y sobre el cual el Síndico de la ciudad juraba su cargo.

Plaza de la Virgen Blanca o Plaza Vieja: centro neurálgico de la ciudad, donde confluyen algunas de las calles más típicas del casco antiguo y del Ensanche y está rodeada de casas con miradores acristalados. En su centro está el monumento conmemorativo de la Batalla de Vitoria.

Los Arquillos: esta calle con soportales se construyó entre los siglos XVIII y XIX. Por medio de una serie de edificios escalonados se salva el desnivel existente entre la ciudad antigua y el ensanche. Desciende desde la plaza del Machete hasta la parte trasera de la Plaza Nueva.

Plaza de España o Plaza Nueva: es una gran plaza porticada concebida por el arquitecto Justo Antonio de Olaguibel en 1781, para unir el casco antiguo con el nuevo Ensanche, entonces en construcción. Uno de los elementos más importantes del conjunto es la Casa Consistorial, de decoración neoclásica.

Catedral de Santa María (Catedral Vieja): edificio gótico del siglo XIV con una torre del XVII. Bajo el pórtico se abren tres portadas decoradas con estatuas y relieves. En el interior, las capillas contienen imágenes góticas, flamencas y renacentistas italianas. En las capillas de la izquierda se pueden ver pinturas de Rubens y Van Dyck. Destaca la Capilla de Santiago, construida en el XV y que era sitio de paso para los peregrinos hacia Santiago de Compostela. La catedral arrastra problemas estructurales desde su nacimiento, agravados por deformaciones sufridas por restauraciones en el pasado. Ello obligó a cerrarla al público en 1994 y a realizar un Plan Director de Restauración Integral que vio la luz en 1998, que ha sido llevado adelante (siguen en ello hoy día) por la Fundación Catedral de Santa María, constituida a tal efecto en 1999 por la Diputación Foral de Álava, el Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz y el Obispado de Vitoria, con aportaciones económicas del Gobierno Vasco. Dicho plan ha obtenido diversos reconocimientos internacionales, entre ellos el Premio Europa Nostra 2002 en la categoría de estudios excepcionales de restauración, lo cual ha dado relevancia al monumento, que ha sido estudiado por expertos de todo el mundo por sus curiosidades arquitectónicas. Entre lo más destacado, y curioso a la vez, fue que el templo ha sido visitable durante las obras (con el lema Abierto por Obras).

Catedral de María Inmaculada (Catedral Nueva): templo catedralicio construido en el siglo XX, de estilo neogótico. Destacan su escultura y pinturas de estilo modernista. En uno de los laterales del templo se ubica un belén napolitano propiedad de la Diputación Foral de Álava, con un paisaje realizado por la Asociación Belenista de Álava.

Iglesia de San Pedro Apóstol: templo gótico del siglo XIV, construido sobre los restos de un templo del siglo XII. Está adosado a la muralla de la parte sur de la ciudad. Destaca el Pórtico Viejo, con un conjunto de relieves con escenas de las vidas de San Pedro y la Virgen María, bajo los cuales discurren las imágenes de la Virgen y los apóstoles.

Iglesia de San Miguel Arcángel: fue construida en el siglo XIV en estilo gótico vasco. Destaca su pórtico estilo gótico. En ella está ubicada la capilla de la Virgen Blanca, patrona de la ciudad.

Iglesia de San Vicente Mártir: fue construida sobre la fortaleza de San Vicente, en el siglo XV. Es de estilo gótico vasco.

Convento de San Antonio: casa de monjas Clarisas del siglo XVII.

Convento de Santa Cruz: casa de monjas Dominicas del siglo XVI.

Basílica de San Prudencio de Armentia (San Andrés de Armentia): es de estilo románico del siglo XII y está dedicado a San Prudencio, patrono de Álava. Destaca su triple pórtico. Alberga muestras escultóricas de distintas épocas y maestros. Es de una nave, crucero y cabecera con ábside de planta semicircular. Es de buena sillería, con ventanas y columnas al modo clásico. La puerta se encuentra desmontada en el muro sur bajo un pórtico, como consecuencia de una reestructuración del XVIII. Sobresalen, entre otros fragmentos, dos tímpanos: uno con Cristo, los once apóstoles, Enoch y Elías, rodeados de dos ángeles, y el otro mostrando al Cordero flanqueado de San Juan Bautista e Isaías, con dos ángeles que portan un crismón. La corona de canecillos es realmente soberbia. Sus temas se centran en personajes humanos de cuerpo entero, cabezas, animales músicos, cabezas devoradoras, etc.

Museo Vasco de Arte Contemporáneo Artium: fue inaugurado en el año 2002. Está situado junto al casco antiguo medieval. Alberga una importante colección de arte moderno y contemporáneo. También expone colecciones itinerantes de importantes artistas. Exhibe obras de arte de Picasso, Dalí, Oteiza, Chillida, Tapies, Saura, Barceló o Cristina Iglesias, entre otros.

Museo Diocesano de Arte Sacro de Álava: sito en la Catedral Nueva, ofrece muestras del patrimonio artístico religioso de la provincia, dividida en secciones de talla en piedra, talla en madera, pintura sobre tabla, pintura sobre lienzo, orfebrería y mobiliario litúrgico.

Museo de Ciencias Naturales: está ubicado en un precioso palacio o casa fuerte del siglo XVI, la Torre de Doña Otxanda. Alberga esqueletos de dinosaurios, ictiosaurios y escualos cretácicos. También una colección de insectos de los 5 continentes. Tiene colecciones botánicas, zoológicas y geológicas, destacando las del yacimiento de ámbar de Peñacerrada.

Museo de Armería de Álava: en él pueden verse armas de todas las épocas, desde hachas prehistóricas hasta pistolas del siglo XX. En excavaciones realizadas en la ciudad se encontraron importantes hallazgos de la prehistoria, de la Edad Media, del siglo XV; así como armas orientales, árabes y africanas.

El Museo BIBAT (traducido dos en uno), con sede en el antes citado Palacio de Bendaña, contiene el Museo de Arqueología de Álava, que expone esculturas romanas halladas en Álava y piezas medievales, y el Museo Fournier de Naipes de Álava que, habiendo sido la fabricación de naipes una de las actividades más características de Vitoria-Gasteiz, expone más de 6.000 barajas, algunas de ellas muy antiguas.

Museo de Bellas Artes: ubicado en el Palacio Augusti, el museo muestra tallas del siglo XIV, trípticos flamencos del XVI, cuadros de maestros españoles como Ribera y pintura moderna española entre la que pueden verse obras de Picasso o Zuloaga. El museo presta especial atención a la pintura costumbrista vasca.

Parque de la Florida: se construyó en el siglo XIX, como los jardines franceses de su época. Es un gran jardín botánico con unas 100 especies diferentes. En él, desde 1962, en las fechas navideñas, se coloca un gran Belén Monumental.

Parque del Prado: data desde la Edad Media. Fue construido sobre el siglo XII y es una dehesa que era lugar de pastoreo y ha sido espacio para pasear a los perros desde siempre, aunque es uno de los centros neurálgicos de atletas de la ciudad.

Paseo de la Senda (Fray Francisco, Cervantes y Mineral): este paseo une el Parque de la Florida con las Campas de Armentia. Tiene unos 3 Km. de longitud.

Parque de Judimendi: el que fuera cementerio de los Judíos, junto al llamado Monte de los Judíos (barrio judío), pasó a manos del ayuntamiento cuando fueron expulsados en 1492, por los Reyes Católicos. Es hoy en día un parque con unos bonitos jardines, en el centro de Vitoria-Gasteiz.

Parque de Arriaga: contiene la Ermita Juradera de San Juan de Arriaga (reconstruida la actual en 1945 sobre la antigua), que a lo largo del tiempo ha sido y es un referente respecto a los fueros. Uno de los actos más conocidos celebrado en dicha ermita ocurrió en 1332, cuando Álava se incorporó al Reino de Castilla de Alfonso XI.

Anillo Verde de Vitoria-Gasteiz: es un conjunto de parques periurbanos de alto valor ecológico y paisajístico enlazados mediante corredores eco-recreativos. Es el resultado de un ambicioso proyecto que se inició a comienzos de los 90 del siglo pasado con el objetivo principal de restaurar y recuperar la periferia de Vitoria-Gasteiz, tanto desde el punto de vista ambiental como social, para crear una gran área verde de uso recreativo en torno a la ciudad. Cuenta actualmente con seis parques: Armentia, Olárizu, Salburua (humedal de Importancia Internacional por el Convenio Ramsar en 2002), Zabalgana, Zadorra y Errekaleor. No obstante, en la periferia de la ciudad quedan todavía algunas zonas pendientes de recuperación y está por completar el sistema de conexiones que enlazará unos espacios con otros a través de sendos corredores ecológicos.

Festividades y eventos populares

  • 28 de abril: San Prudencio, Patrón de Álava
  • 1 de mayo: Nuestra Señora de Estíbaliz, Patrona de Álava
  • 25 de julio: Día de Santiago, en el que se celebra el Día del Blusa
  • 4 al 9 de agosto: Fiestas patronales de la Virgen Blanca (5 de agosto)
  • Lunes siguiente al día de la Virgen de septiembre (8 de septiembre): Romería de Olárizu
Vista aérea del casco viejo de Vitoria-Gasteiz

Vista aérea del casco viejo de Vitoria-Gasteiz

 

Cartel LII Congreso Nacional Belenista - Bilbao 2014

Comunicación LII Congreso Nacional Belenista 2014 – El mensaje de la Navidad, por José Natalio Blanco Sierra

08 Oct 14
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El mensaje de la Navidad

Cartel LII Congreso Nacional Belenista - Bilbao 2014Tan afanados estamos los belenistas montando nuestros belenes y dioramas, que quizás no nos hayamos parado a pensar cuál es el mensaje de la Navidad, qué es lo que transmitimos, o mejor dicho, ¿qué queremos transmitir con nuestras representaciones plásticas del nacimiento de Jesucristo, o de cualesquiera otras escenas de su infancia?

El mensaje de la Navidad es bien sencillo, lo tenemos en aquel anuncio del ángel a los pastores, y posterior canto de los ángeles en aquella primera Nochebuena, en aquella “anunciata”, que constituyó el primer pregón de Navidad. “Gloria a Dios en los cielos, y en la Tierra Paz a los hombres que ama el Señor“. Este mensaje consta de dos partes; la primera dedicada a Dios en la que se proclama su grandeza, su gloria, por la obra de la creación, y por el nacimiento de su hijo según el plan divino establecido para redimir al género humano; todo se haga para mayor gloria de Dios. La segunda parte va dirigida a la humanidad, y en ella nos desea la Paz, el mayor don que nos puede dar Dios después de la vida, vivir en Paz.

¿Qué abarca esa Paz? Ante todo la paz con Dios, que significa estar libre de pecado, en su gracia. Vivir según su voluntad, según las normas por Él establecidas en las tablas de la Ley, hacer lo que le agrada, lo bueno, lo perfecto. En segundo lugar la paz con nuestro prójimo, ausencia de conflictos externos, de violencia, lo que se consigue con la práctica de la caridad y del mensaje evangélico. En tercer lugar la paz con nosotros mismos; no tener cargo de conciencia, ausencia de conflictos internos, salud, bienestar, progreso.

La Paz, siempre la dio y deseó Jesucristo. Durante su vida, incluso durante su Pasión, siempre su rostro ha reflejado una paz y un amor inmenso. En sus apariciones a los apóstoles después de su Resurrección, siempre los saluda dándoles la Paz. Tanta es la importancia de la Paz, que no es de extrañar que la Iglesia también la haya deseado para toda la humanidad, de ahí que Su Santidad el Papa Pablo VI haya declarado en el año 1968 el día primero de año, octava de la fiesta de la Navidad, y solemnidad de Santa María Madre de Dios (Reina de la Paz), la Jornada Mundial por la Paz, una iniciativa para conseguir la paz en todas las naciones del mundo.

Jesús también durante la última cena, se despide de sus apóstoles dándoles la Paz. “La Paz os dejo, la Paz os doy. Una Paz que el mundo no os puede dar” (Jn 14, 27). La Paz que Dios nos da no es la que nosotros conocemos, tiene un significado más amplio y profundo. Como dice San Pablo en su epístola a los Filipenses, “La Paz de Dios supera cualquier razonamiento” (Flp 4, 7).

Esta Paz bíblica y evangélica constituye uno de los dones más preciosos de Dios, y es también uno de los frutos del Espíritu Santo. Constituye la felicidad completa del hombre, por eso solamente Dios a través de Jesucristo “Príncipe y portador de la Paz”, nos la puede dar. Él es la verdadera Paz (por eso la escribo con mayúscula). Descansen en Paz, solemos decir a nuestros difuntos, quizás sin atender lo suficientemente a lo que estamos diciendo, es decir, estén con Dios y en Él.

Este deseo de la Paz lo toma también un enamorado de la Navidad, como lo fue San Francisco de Asís. Su ejemplar vida de pobreza y humildad, así como las reglas de la Orden Franciscana, reflejan una paz evangélica excepcional, difícil de entender por la mente humana por superar nuestro razonamiento de conformidad con lo indicado anteriormente por San Pablo. La llamada “Oración de San Francisco”, que comienza con estas palabras, “Señor, hazme un instrumento de tu Paz”, recoge perfectamente el espíritu franciscano, aunque como sabemos no fue escrita por nuestro Santo Patrón, pero que habida cuenta de su texto, enseguida se imprimió en el reverso de las estampas del Santo, y llegó a creerse, con razón, que San Francisco fuera su autor. Precisamente en ella se habla de poner amor donde haya odio, de perdonar donde haya ofensa, de poner siempre amor, fe, esperanza, luz y alegría. En la segunda parte de la oración nos invita a darnos a los demás y a no ser egoístas. En resumen es una oración por la paz a través del amor y del perdón. ¿Cuántas veces la decimos de corrido, sin pensarla detenidamente, y sin ponerla en práctica? Creo que muchos de nosotros nos hemos dado cuenta de ello.

En la celebración de la Santa Misa se rememora también el misterio de la Navidad, con el canto del “Gloria a Dios en los cielos”, pues para que se pueda rememorar la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, lógicamente antes hay que recordar su nacimiento, existe un momento dedicado a la Paz. En memoria y mandato de Jesús en su última cena, nos deseamos la Paz.

Yo os la deseo de todo corazón, y recomiendo a todos los belenistas vivir, proclamar y celebrar esa Paz que nos trae la Navidad. Es decir, vivir con Dios, vivir siempre en Navidad. Vivir en Paz.

¡PAZ Y BIEN!

José Natalio Blanco Sierra – Presidente de la Asociación de Belenistas de Ourense

Cartel XXXVII Congreso Nacional Belenista - Alicante, La Marina y Callosa de Segura 1999

Comunicaciones – XXXVII Congreso Nacional Belenista 1999 – Coplillas del Congreso de Alicante, por Ramón Villa Fernández

08 Abr 99
Presidencia FEB
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Coplillas del Congreso de Alicante, por Ramón Villa Fernández

Cartel XXXVII Congreso Nacional Belenista - Alicante, La Marina y Callosa de Segura 1999

Caminante que en silencio,
reposas junto a un nogal,
presta atención a los versos,
que te voy a recitar.

Soy tu Ángel de La Guarda,
soy tu Luz de La Verdad,
y en buena nueva te anuncio,
que un Congreso empezará.

De belenes y dioramas,
de amistad y de hermandad,
con belenistas de España,
que a la cita acudirán.

En Alicante y su provincia,
y en abril a más tardar,
será un bonito Congreso,
al que debes de llegar.

Se comienza en La Marina,
y en las Fuentes del Algar,
Altea, Benidorm, Guadalest,
y Callosa d’en Sarriá.

Logo XXXVII Congreso Nacional Belenista - Alicante, La Marina y Callosa de Segura 1999Alicante, engalanada,
espera en festividad,
que el Museo de Belenes,
sea difícil de olvidar.

Y Callosa de Segura,
se ultima en preparar,
la muestra de artesanía,
que todos disfrutarán.

Ven a ver Belenes,
dicen los que allí van,
al Congreso de Alicante,
¡Belenistas junto al mar!

Ramón Villa Fernández – Asociación Belenista de Gijón

Cartel XXXVII Congreso Nacional Belenista - Alicante, La Marina y Callosa de Segura 1999

Comunicaciones – XXXVII Congreso Nacional Belenista 1999 – Historia de la Navidad, según Gabriel Miró

08 Abr 99
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Historia de la Navidad, según Gabriel Miró

Cartel XXXVII Congreso Nacional Belenista - Alicante, La Marina y Callosa de Segura 1999Logo XXXVII Congreso Nacional Belenista - Alicante, La Marina y Callosa de Segura 1999El gran escritor alicantino Gabriel Miró, que tan magistralmente supo describir en sus obras los paisajes de la provincia de Alicante, realizó con su afiligranada prosa esta narración de la Navidad, que transcribimos para deleite de los asistentes al XXXVII Congreso Nacional Belenista.

“Bethlehem sube por dos alcores de laderas plantadas. Tiene una claridad fresca, nítida, salina; una blancura de vallados, de cenáculos, de cisternas, de sepulcros y hornos. Sus viviendas se cuajan de sol como las celdillas de las mazorcas y de los panales. El cielo de su lado recibe un vaho de cal de las rampas y casas. Parece que exhale una pulverización de molino harinero. Tierno, juvenil, luminoso, está desvalido en las torvas soledades de los montes de Judá.

Bethlehem se ha quedado solo en su alegría y su gracia aldeana. Le rodea una tierra huesuda y convulsa. Sobre sus terrados y vergeles, respira la boca amarga y llameante del desierto. Del júbilo del ejido y de los huertos, salen las sendas impetuosas y joviales, pero se van desollando y hundiendo, trocándose en torrentes areniscos, que desaparecen en las quebradas. Los montes se rasgan en una hoz; el silencio cría su ámbito; es como una destilación de tiempo inmóvil. Y las sendas de Bethlehem, aunque se rompan y se cieguen, no dejan su jornada: renacen más lejos, brincando desnudas. Semejan esperar al caminante; y le miran y le sonríen convidándolo a seguir. Tornan a su retozo, y se tuercen como si se volviesen para saber si el hombre se fía de su promesa. Su promesa será llevarle a una porción agrícola: la viña y las higueras que se agarran a una cuesta calcárea, recogida y tibia; los escalones de bancales de cebada y avena: con márgenes de pedernal para que el terrazgo no se derrumbe; un valle, tierno entre lo abrupto; una meseta labrada; un redil en el frescor del pasto; un cañaveral, unas palmas y un pozo que, al removerle la piedra que la cubre, se queda resonando de onda en onda y abre su mirada trémula y azul…

“Casa de pan”, lugar de abundancia era Bethlehem. Con sus mujeres de túnicas azules y velos blancos, tendidos; de andar rítmico y breve; altivas de su castidad, de su belleza, de su Dios. Con sus hombres de recias capuchas dobladas sobre el sayal; sus sandalias con trenza de cuero enrejándoles la pierna briosa; una tira de piel o de lienzo apretándoles las sienes y las cabelleras; la barba lisa y saliente; adustos, inflamados, con señorío de casta aun en la mirada y en los ademanes de los más pobres. Con sus niños, de una dorada desnudez entre el vuelo de una ropa encarnada desceñida, ostentando ya en su faz el sello de la perennidad y pureza de su raza.

Se apeldañan los huertos, de un cultivo denso y primoroso, como paños bordados en realce.

En su bordal de tierra junta el bethlemita toda la variedad de legumbres y frutales. Cría planteles de cebollas, fríjoles, berzas, endibias, lechugas, chalotes, badeas, escalonas, guisantes, habas y cohombros. Brotan en lo umbrío los hongos y el jenable. Las sandías se revuelcan en suelos apacibles. Por los ribazos y bardas, se cuelgan los calabaceros. Crecen los membrillos espalderos, los granados, los bergamotos, los almendros. Las vides tejen con la higuera el toldo que acoge las amistades. Las márgenes y linderos se ahogan bajo la convulsión de las hordas de los chumbos. Se recortan las grises espadas de las pitas, de liseras carnosas. Suben la azul los girasoles doblando sus panes redondos de flor dorada. Cada hortal tiene su torre de piedra cruda para el guarda, y una horca de leños que, al combarlos, sumergen la herrada en el agua dormida y somera del pozo, y vierten el riego atirantándose con un zumbido de arco.

Después de los vergeles, las tierras llevan olivar, viña, mijo, centeno, cebadales…, y en los campos segados y en la hierba de la senara, tocan las esquillas de los corderos de Bethlehem.

Van subiendo caravanas por todas las cuestas de Bethlehem; entre los paredones blancos de los huertos, entre las tapias crudas de la viña; entre las bardas de cactos del camino, el camino de basalto, empedrado por los canteros de Salomón; y en el hondo, por las frescas lindes de los herbazales y de sembladura, por las trochas del pedregal, se mueven las cordilleras de carne polvorienta y sudada de más caravanas…

Salen los bethlemitas; se sientan en ruedo al sol de las rotas murallas para ver el arribo de los caminantes, casi todos de la sangre suya, de la sangre de Bethlehem, resto de la tribu de Judá, de familias esparcidas desde el último cautiverio.

Se van arrodillando los camellos, con un ruido de aparejos, de odres, de cántaras; les tiemblan los corvejones, acortezados de callo; les crujen las ancas huesudas, hasta doblarse y postrarse del todo, muy despacio, para no volcar ni una vasija ni un atadijo de la carga. Dóciles y medrosos vuelven al amo sus ojos de niebla, y se les tuerce y eriza el enorme labio hendido como una llaga seca.

Les quitan los costales, y bajan de los kar las mujeres, rodeadas de hijos; los ancianos, las siervas. Sus túnicas, sus ropones, sus lienzos, tienen la rigidez del cuero; se han endurecido en los relentes y tolvaneras de los llanos de Samaria, en las hoyadas verdes de Galilea, en las humedades y aires de sol de las vertientes del Hebrón.

Frente a la bóveda de las puertas de Bethlehem queda la pila y el pozo con cúpula de cal como un sepulcro, el pozo de David, el rey que pasturó cordero de la aldea. Ahora, en el brocal de las aguas dulces resplandece la lanza-insignia de la Decuria de Roma que guarda a los aborrecidos escribas y alcabaleros de sienes rapadas. Delante de su cálamo se humillan los creyentes del Señor, que llegan desde todos los términos del país porque el César quiere saber el número de sus súbditos y heredamientos en la provincia de Siria.

Más caravanas. Otro oleaje de vocerío, de júbilo, de idiomas, de relinchos, de productos remotos y miserias. La caravana de tránsito de las costas, con carga de aromas, de peces, de licores, de hijos y dátiles. La caravana de la villa levítica del Hebrón, donde aún quedan descendientes oscuros del linaje de David. Las gozosas caravanas de Alejandría, de mercaderes calvos que tañen la flauta y el crótalo y ofrecen sartales de lagartos vaciados en oro y cabezas de gavilanes de marfil y el pan de medusa zumosa de lirio del Nilo.

Ya no caben los viajeros en las casas aldeanas de sus parientes; y hasta en las abruptas callejas de escalones se acumulan sus acémilas con el ronzal tirante, atados a las argollas de los toldos.

Hombres y bestias se apartan a los criales de las afueras en busca del karván, la posada del camino. Tiene portal techado de adobes y galerías de cobertizo donde recogerse los trajinantes; en medio se abre la plaza, muy ancha, de la corraliza, con abrevadero y aljibe; y detrás le sirve de muro un lado de monte, roto por las cuevas de los pesebres de invierno, las cuevas de entrada angosta, de “ojo de aguja”, que los camellos pasan tercamente, desollándose despavoridos, las noches de tempestad.

Los corredores de la hospedería desbordan de familias que se tienden en las atochas, entre sus arcas y cuévanos de frutas y jaulones de aves y corderos de leche, trémulos y ensangrentados de recién paridos; y al raso de la anchurosa majada se aplastan las hileras de acémilas y cabalgaduras que van entrando; mulos foscos y bravíos, de cascos horrendos; bueyes de cuerna torcida, que llevan la tienda de pastor plegada en su lomo; asnos grises, de barriga velluda, con el esquilón y el fanal de guías de la caravana, y en la dulce lente de sus ojos grandes y húmedos se han copiado las soledades y los horizontes; gigantescos dromedarios de carga, de piel raída blanquecina, que soportan el peso de una carreta en colmo y llegan al establo con la jiba exhausta de laberintos de cuerdas vibrantes como un navío, de fardos y tablas de angarillas que les cuelgan por el costillaje descarnado; camellos de marcha, con sus collarones de esquilas y lúnulas y el palanquín de flecos y borlas de felpa: los veloces monstruos que atraviesan cien leguas en un día, avanzando a la vez las dos patas del mismo costado.

Y suben balidos y lloros, retumbos de calderos y tonadas broncas y músicas de flautas egipcias que hacen danzar a los camellos, ya desnudos de sus equipajes, al bochorno de las hogueras y de los hachos de resinas.

Los últimos caminantes llegan muy despacio en la noche callada. Es un matrimonio pobre. El marido es seco, de perfil afilado; le salen los mechones negros y lisos, bajo el paño atado a la frente con una tira de algodón crudo. La mujer, muy pálida y frágil, va sumiéndose dentro del manto, recostada en el albardón de su jumenta, entre fardeles de víveres y atadijos de herramientas y ropas: todo el ajuar del artesano israelita.

Rodean Bethlehem, dormido, blanco, todo cincelado. Se paran mirando las hogueras de los rediles. Y se deciden a llamar en el albergue de las caravanas. Al removerse, sus vestiduras sueltan humedad de luna; vienen llenos de luna, de luna solitaria y fría de los campos, de luna del camino.

Eran San José y Santa María.

La luna cincela con frío la tierra. Los cactos, los terebintos, las aradas, todo aparece hilado de claridad y a Gaspar, Baltasar, Melchor, camino de Bethlehem, les rodea la paz como un nimbo de lámpara. Y la estrella en medio de la creación para sus ojos. Únicamente para ellos se les apareció en la soledad celeste de la cumbre que les ha dejado en la soledad humana. Tan sabios de astros y miraban el cielo como los demás hombres.

¿No sentían ya una dicha que no es realidad gozosa, sino su transparencia en un momento bueno, callado, intacto hasta de estrella que les ha traído? Gaspar, Baltasar, Melchor… a la vista de Bethlehem la estrella les palpitaba tan suya que nada más abriendo su mano la perderían…

Ellos solos, cerca del prodigio. Y se les plegó la frente mirándose. ¿Sería una estrella como todas las estrellas? Las estrellas eran idea y signo de Dios para los magos, mientras otros hombres tallaban imágenes de dioses y las coronaban de rosas, y Dios permanecía invisible para todos. ¿Sería una estrella que traspasó el firmamento y volvería a hundirse y volvería a lucir para otros ojos cuando los suyos estuviesen ya vacíos como los ojos de los profetas que la prometieron?

Blancos, solos en medio de la salina de luna. Parados. Y la estrella también. ¿Se han parado ellos antes o la estrella?

Calma de Bethlehem cerrada entre paredones, terrados y bóvedas.

La pureza de su cima, la gloria de sus países, sus jornadas, todo lo iban recordando junto a la aldea dormida en la humilde blancura de la cal.

Aguijaron sus camellos. Les retumbaron los pulsos al entrar en Bethlehem e internarse por corredores cavados dentro de la colina. En lo último del refugio había un rodal de gentes con gallaruzas de vellones, con capuces peludos de color de majada. Ponían sus manos de cepas a la lumbre, despertando el rescoldo. Conversaban mirando a una rinconada donde se guarecía un matrimonio de Nazareth: la mujer, lisa, frágil de recién parida, aniñada por la maternidad; el marido, tostado, maduro, con sayal fosco y el paño de su frente desatado, y se le juntaban la cabellera aceitosa y la barba, que principiaba a encanecer.

Los pastores les daban agua y lienzos con que lavar y aviar el hijo, y después se lo pusieron al pecho de la madre. Todo lo iban reflejando los gordos ojos de la jumenta que los trajo de su país y los de un buey echado detrás del pesebre, que volvía su cuerna, moviendo despacio las quijadas con un crujido de grama, dejando el humo de su morro caliente; y cuando paraba de rumiar se sentía mamar a la criatura.

Marido, mujer, pastores y bestias se volvieron pasmados a los tres aparecidos.

¿Serían tres ángeles? Tres ángeles de blancuras ajadas, extenuados, envejecidos de tanto caminar. Vendrían de las orillas del cielo, donde el cielo y la tierra tienen un vado de montes azules.

Gaspar, Baltasar, Melchor se arrimaron poco a poco entre garbas de leña y atadijos y vasijar del ajuar de la familia de Nazareth, hasta postrarse en el pajuz.

El hijo soltóse el pecho. Y Baltasar le dejó delante un terrón de oro; Gaspar, un alabastro de incienso; Melchor, un pomo de mirra. No dijeron nada. Callando era más clara la suavidad de su cansancio en el descanso. Así, con el silencio de su boca, respondían el silencio interior de su vida. Ni se preguntaban si habían venido, si habían bajado de su cumbre lejana para eso. Si habían pasado desiertos, fragas, ríos, naciones, para ver un matrimonio artesano con su hijo recién nacido. No se lo reprocharon. Nunca habían sentido esta emoción de humanidad. Buscaron la gloria prometida al mundo, y se encontraban a sí mismos en su alma trémula de ternuras. Por una pared rota bajaba resplandeciente la luz del lucero…”.

Gabriel Miró

Cartel XXXVII Congreso Nacional Belenista - Alicante, La Marina y Callosa de Segura 1999

Comunicaciones – XXXVII Congreso Nacional Belenista 1999 – San Francisco de Asís, patrono de los belenistas, un ejemplo para todos

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San Francisco de Asís, patrono de los belenistas, un ejemplo para todos

Cartel XXXVII Congreso Nacional Belenista - Alicante, La Marina y Callosa de Segura 1999Logo XXXVII Congreso Nacional Belenista - Alicante, La Marina y Callosa de Segura 1999San Francisco de Asís ha sido considerado por la revista “Time” el personaje más importante de este milenio y, ciertamente, su vida, su obra y su predicación lo convierten en una personalidad que merece contínua evocación por la actualidad de su mensaje que exalta el amor, la sencillez, la humildad y el respeto a la naturaleza y a la Creación toda, reflejo de la bondad y la grandeza de Dios. Un mensaje que es una auténtica guía vital para todos y muy especialmente para quienes, como belenistas, hemos de hacer realidad cotidianamente el compendio de paz y ternura que el belén entraña.

Nacido en 1182, su padre Pietro de Bernardone era un próspero mercader de telas de Asís, en la Umbria italiana; su madre, doña Giovanna, a la que familiarmente llamaban doña Pica, era una provenzal con quien se había casado don Pietro durante uno de sus frecuentes viajes de negocios por Francia. Precisamente, el nombre de Francisco se lo impuso su padre, con la expresa intención de honrar a la tierra que le había dado la riqueza.

Recibió Francisco la educación de los jóvenes adinerados de su tiempo, aprendiendo latín y matemáticas. Aún adolescente, su padre le puso a trabajar en el mostrador de su almacén, y parece que con éxito.

El joven Francisco, provisto con abundancia de dinero e inteligencia, de carácter abierto, vanidoso, trajeado preciosamente, generoso, se convirtió en el “príncipe” de las peñas juveniles asisianas, primero en los convites, primero en los certámenes poéticos, primero en las manifestaciones propias de la juventud de entonces, también pensó en descollar en el arte de las armas y hacerse caballero. Su anhelo de aventuras le hizo intervenir en algunas de las frecuentes batallas que enfrentaban a las ciudades-estado de la Italia medieval, aunque ello también le supone sufrir una profunda crisis espiritual ante la vanidad de los placeres materiales y la inutilidad de su vida hasta ese momento.

San Francisco de AsísTras una gravísima enfermedad que le pone en peligro de muerte, Francisco recapacita sobre su existencia mundana y en las grutas solitarias de la campiña de Asís se entrega a la meditación y la plegaria. En 1206, rezando ante el Crucifijo en la desmantelada iglesita de San Damián, escucha la voz del Señor que le dice: “Francisco, restaura mi casa, la cual, como ves, cae en ruina”. Es una orden simbólica, que inviste a Francisco de una altísima tarea: la de restaurar los principios divinos de la Iglesia de Cristo, socavada por las herejías, la inmoralidad, la simonía. Aunque Francisco, no comprendiendo el significado profundo de las palabras divinas, volvió a casa de su padre para llevarse algunas piezas de tejidos preciosos que vendió, junto con su cabalgadura, para conseguir dinero con el que restaurar la iglesita de San Damián.

El señor Bernardone, contrariado ya por el cambio habido en la vida de Francisco, desilusionado en las grandes ambiciones que había puesto en el hijo, se enfureció, pidiendo la intervención de los Magistrados de la ciudad y hasta del Obispo. Francisco hizo entonces una pública declaración de pobreza, devolviendo incluso los vestidos recibidos de la familia, y empezó su predicación de un lugar a otro, mendigando para comer y vestido con una modesta túnica ceñida por una cuerda.

Los temas esenciales de su predicación eran el amor cristiano, la exigencia de paz entre los hombres, la fe en la salvación, el bien y la alegría como meta de un camino terreno entre obstáculos, oposiciones y dolores. Anunciaba a los hombres la paz y el amor fraternal, insistía en la necesidad de oponerse a las malas costumbres y a la avaricia en donde quiera que estuviesen anidadas, recordó a los hombres, religiosos y laicos, toda la predicación de Jesús y de los Evangelios. Los humildes, los puros de corazón, es decir, los que eran como él, acogieron sus palabras y le siguieron aumentando su número. Y Francisco emprendió una larga serie de viajes por Italia y el extranjero, dando siempre ejemplo de santidad en oración, en innumerables obras de caridad que atraían a donde se encontraba Francisco gentes inspiradas por su palabra y por su ejemplo. De vuelta a Asís, se cobijó en la cercana iglesita de Santa María de los Ángeles, la “Porciúncula”, que fue el primer centro del orden monástico que Francisco empezaba a concebir.

Después, acompañado por los primeros doce seguidores, Francisco marchó a Roma, donde el Papa Inocencio III lo recibió escuchando su petición del reconocimiento de la Orden de los Frailes Menores, que habían aceptado la regla de la pobreza, en 1209.

A partir de entonces la predicación de los frailes se extendió por toda Italia y por el extranjero: en Alemania, en Francia, en España, en Tierra Santa, a través de incomodidades, peligros y persecuciones el movimiento franciscano cobraba dimensiones cada vez más extensas. En 1221 Francisco elaboró la nueva Regla de su orden, que fue aprobada por el Papa Honorio III en 1223. Y es durante la celebración de la Nochebuena de ese mismo año cuando Francisco instituyó en Greccio la que se convertirá en una gran tradición: el belén.

Francisco era ya saludado como santo, mientras él saludaba y alababa a Dios en el hermoso himno en loor de la Creación que es el “Canto de las Criaturas”.

El 17 de septiembre de 1224, en el monte Verna, Francisco recibió las llagas de la Pasión de Cristo y durante la noche del 3 al 4 de octubre de 1226, en la Porciúncula, murió Francisco. Y el que en su humildad ni siquiera se había considerado digno de ser consagrado sacerdote, fue proclamado santo por la Iglesia dos años más tarde, en 1228.

Ojalá todos nosotros, guiados por su ejemplo, pongamos en práctica la actitud que San Francisco de Asís nos enseñó como una auténtica guía vital en la Oración que dice: “¡Señor, haz de mí un instrumento de tu paz! Que donde hay odio, ponga yo Amor. Donde hay ofensa, lleve yo el Perdón. Donde hay discordia, lleve la Unión. Donde hay duda, lleve la Fe. Donde hay error, lleve la Verdad. Donde hay desesperación, lleve la Esperanza. Donde hay tristeza, yo lleve la Alegría. Donde hay tinieblas, lleve vuestra Luz. Oh Maestro, haced que no busque tanto el ser consolado, sino consolar; el ser comprendido, sino comprender; el ser amado, sino amar. Porque dando, se recibe. Olvidando, se encuentra. Perdonando, se es perdonado. Muriendo, se resucita a la vida eterna. Amén”.

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Comunicaciones – XXXVII Congreso Nacional Belenista 1999 – Belenismo y belenistas

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Cartel XXXVII Congreso Nacional Belenista - Alicante, La Marina y Callosa de Segura 1999Logo XXXVII Congreso Nacional Belenista - Alicante, La Marina y Callosa de Segura 1999Belenismo y belenistas

En un tiempo, por desgracia, cada vez menos dispuesto a las empresas altruistas, a la labor anónima y desinteresada, la actividad belenista merece alguna reflexión.

Porque ser belenista no es solo mostrar la habilidad técnica, la capacidad artística para plasmar plásticamente los misterios de la Natividad del Señor. Ser belenista es, además, poner el corazón y el alma al servicio del ideal de amor y humildad que el Nacimiento de Jesús en Belén entraña.

Ser belenista es dedicar tiempo y entusiasmo en proseguir una labor de evangelización plástica, cuyas raíces tienen muchos siglos de tradición, haciendo de tu vida una proyección real del mensaje plasmado en el belén.

El belenismo es, por eso, algo importante. En palabras del Papa Pablo VI, “una de las pocas cosas importantes que todavía existen”. ¿Es exagerada esta afirmación? ¿No haríamos mejor en dedicar nuestro tiempo, nuestra ilusión y nuestro dinero en otras finalidades doctrinales, catequéticas o asistenciales?

Ciertamente que si cada uno hace lo que puede y lo que sabe, poniendo en ello todo su cariño, y lo hace desinteresadamente, pensando en la alegría que proporciona a los demás, como hacen los auténticos belenistas, ciertamente ello ya es importante. Pero es que, además, el belenismo, el belén, transmite un mensaje que nos habla de humildad, como la de María aceptando la voluntad de Dios, ahora que sólo impera el afán de éxito, de triunfo, de imposición de nuestros intereses, pese a quien pese y caiga quien caiga. Un mensaje que nos habla de amor sincero, como el de María y José, como el de los pastores o los Magos, ahora que solo el hedonismo está de moda. Un mensaje de sacrificio y resignación valerosa, como el de los Santos Inocentes, o el de la Sagrada Familia huyendo al lejano Egipto, ahora que impera el egoísmo más atroz. Un mensaje que nos habla de hogar, como el de Nazaret, ahora que la familia está en crisis.

Por eso, cuando los padres cogen en brazos a los niños para mostrarles las escenas evangélicas del belén están transmitiéndoles un indefinible legado cuya huella perdurará año tras año. Muchos y variados serán los caminos que esos niños recorrerán hasta su madurez, pero cada vez que contemplen un belén volverán a sentir el abrazo tierno de su niñez y ellos mismos, tal vez agnósticos ahora, cogerán en sus brazos a sus hijos para volver a mostrarles los encantadores pasajes de la Navidad y con una emoción nacida de sus entrañas irán perpetuando esa magia portentosa e imperecedera que el belén alienta.

¿Tenía o no razón Pablo VI cuando afirmó que el belenismo es algo auténticamente importante?

Pero si el belenismo es importante, los belenistas -discípulos de San Francisco de Asís- no podemos ni debemos considerarnos importantes. Hacemos nuestras obras con materiales sencillos y perecederos: barro, corcho, escayola, papeles de periódicos. Sin embargo, realizamos con ellos un esfuerzo para transformarlos en imágenes que sean testimonio de la verdad auténtica, del amor sincero, de la humildad evangélica. Intentamos oponer a las imágenes cotidianas de violencia, de desasosiego, de incertidumbre o de rutina insatisfecha, el mundo sencillo pero entrañable de la Sagrada Familia, de la niñez de Cristo. Imitamos el ejemplo iniciado en Greccio por San Francisco, que comprendió lo cautivador de las escenas de la primera Navidad y las materializó como ejemplo y como meta. Frente al clímax de tantas frentes fruncidas, de tantas manos crispadas, de tantos corazones deshumanizados, damos los belenistas simplemente el mensaje de nuestras escenas evangélicas, de nuestras oraciones hechas belén, porque todavía confiamos en que es posible la fraternidad si cumplimos el precepto que Cristo nos legó: “AMAOS LOS UNOS A LOS OTROS”.

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Comunicaciones – XXXVII Congreso Nacional Belenista 1999 – La actualidad del belenismo

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Cartel XXXVII Congreso Nacional Belenista - Alicante, La Marina y Callosa de Segura 1999Logo XXXVII Congreso Nacional Belenista - Alicante, La Marina y Callosa de Segura 1999La actualidad del belenismo

En la actualidad el belenismo vive una etapa de extraordinario auge, siendo muy numerosas las asociaciones de belenistas que desarrollan una intensa actividad por todas las provincias españolas. Al igual que son muchas las asociaciones de este tipo existentes en el extranjero.

Y es que montar un belén es una fuente de energía positiva y de creatividad, además de un auténtico y entrañable modo de hacer ambiente de familia en los hogares. Porque cada belén, por muy modesto que sea, reproduce siempre la dicha y el ambiente ejemplar de la Sagrada Familia, la alegría de los humildes pastores, la ilusión bendita de los poderosos Magos.

Cada belén es una auténtica escuela de buenos sentimientos, que se siembran en los niños y que cada vez que vean un belén recordarán los adultos. Ante un belén no hay ideologías ni partidismos; el belén nos une, porque nos habla directamente al corazón de familia, de sencillez, de ternura, de niñez. Y los años de niñez, salvo en los casos más extremos, suelen recordarse como repletos de ilusión y son evocadores de los seres más queridos: los padres, los abuelos, los hermanos. Montar un belén es, pues, proseguir una labor de evangelización plástica cuyas raíces tienen muchos siglos de tradición, materializando el sublime mensaje de la infancia de Jesús; de ese compendio de amor y de ternura, de humildad y de alegría, de sacrificio y de esperanza que la historia de la Navidad entraña, mediante la utilización de las más diversas habilidades artesanales, técnicas y artísticas: perspectiva, modelado, pintura, luminotecnia, escenografía… puestas al servicio de esa simbiosis de tradición, emoción, devoción, inspiración y belleza que es el belén.