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Piedras de la Esperanza – Asociación Cultural Belenistas de Cuéllar

13 Abr 20
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Cartel "Piedras de la Esperanza" - Asociación Cultural Belenistas de CuéllarPIEDRAS DE LA ESPERANZA

Desde la Asociación Cultural Belenistas de Cuéllar, hemos desarrollado una iniciativa, dentro de nuestras posibilidades, para agradecer su trabajo y dedicación a aquellas personas que están en primera línea de lucha contra la pandemia provocada por el coronavirus, como es el PERSONAL SANITARIO.

Sabemos que, por todas partes, hay iniciativas para confeccionar mascarillas, batas, etc., y nosotros lo único que pretendemos con este detalle es dar las gracias, a nuestra manera, a todos esos profesionales que se exponen diariamente al Covid-19 y exponen a sus familias.

Con ese objetivo, querer DARLES LAS GRACIAS, nace desde nuestra asociación el proyecto de las “PIEDRAS DE LA ESPERANZA”.

Primero tuvimos que pensar en cómo hacer algo sencillo, tanto para realizarlo como para conseguir los materiales para ello, dada la situación actual de confinamiento.

El material elegido fue la piedra, entre otras cosas porque es algo que perdura intacto en el tiempo y es fácil de pintar, pero también quisimos tener en cuenta el sentido de una piedra, el de construir: todos somos piedras de una misma Iglesia, y nuestra misión en este caso, como belenistas, era la de AGRADECER.

Para conseguir las piedras, hablamos con la empresa Construcciones Mariano Rico SL, para ver si nos las podía proporcionar y, muy amablemente, nos contestaron que podíamos utilizar todas las que fuesen necesarias, por lo que les estamos muy agradecidos por la donación. Nuestra asociación se encargará de todos los gastos de pintura y demás materiales.

Quedaba elegir qué diseño reflejar en las piedras. Era sencillo: para los que somos belenistas nuestra imagen principal del belén es la del Niño Jesús, y el PERSONAL SANITARIO, ahora mismo, es nuestro Niño Jesús, nuestro SALVADOR.

EPintando "Piedras de la Esperanza" - Asociación Cultural Belenistas de Cuéllarl dibujo definitivo es una carita del Niño Jesús con mascarilla y gorro por la parte delantera de la piedra y, por la parte de detrás, la leyenda escrita “GRACIAS 2020”.

Un equipo de 20 socios ya estamos en marcha pintando en nuestras casas las “Piedras de la Esperanza”, con la colaboración inestimable de nuestros hijos. Los materiales que se han repartido a cada socio son: un pack de pinturas básicas, tres pinceles y quince piedras, acompañados de varias fotocopias con las pautas generales del dibujo, un círculo cromático para hacer las mezclas y otra con ojitos para tener variedad.

La idea es llegar esta semana a 600 unidades, que son del tamaño de la palma de una mano, y serán repartidas a todo el personal sanitario de Segovia, que está en una situación muy crítica y lo está dando todo. Ojalá podamos hacer muchas y se sumen más asociaciones de otros lugares y cada una los realice para su zona.

PAZ Y BIEN

Sonia Martín Quijada

P.D.: Os adjuntamos varias muestras por si os animáis. La ocasión lo merece…

Muestra 1 "Piedras de la Esperanza" - Asociación Cultural Belenistas de Cuéllar

Muestra 2 "Piedras de la Esperanza" - Asociación Cultural Belenistas de Cuéllar

Muestra 3 "Piedras de la Esperanza" - Asociación Cultural Belenistas de Cuéllar

Muestra 4 "Piedras de la Esperanza" - Asociación Cultural Belenistas de Cuéllar

Muestra 5 "Piedras de la Esperanza" - Asociación Cultural Belenistas de Cuéllar

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Jesús: Pasión, Muerte y Resurrección – Asociación de Belenistas de Jerez

10 Abr 20
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La Asociación de Belenistas de Jerez nos ha facilitado un vídeo titulado «Jesús: Pasión, Muerte y Resurrección», hecho a partir de fotografías realizadas por Antonio Romero Virtudes sobre escenas realizadas por belenistas jerezanos, con figuras de José Luis Mayo Lebrija. La canción que se escucha de fondo es «Su Carita Divina», interpretada por el Coro Virgen de Belén.

Las escenas de la pasión, muerte y resurrección de Jesús, seguidas por sus autores, son las siguientes:

  1. «El Bautismo», Anselmo Ceballos Caro
  2. «Resurrección de Lázaro», José María Lozano Albuin
  3. «La Unción de Jesús por María Magdalena», Juan Luis Fernández Soto
  4. «La Entrada en Jerusalén», Miguel Pérez Carrillo
  5. «La Expulsión del Templo», Antonio Peña Bernal
  6. «El Lavatorio de Pies», Ramón García Sánchez
  7. «La Última Cena», Vicente Prieto Bononato
  8. «La Oración del Huerto», José Manuel Cobos Fernández
  9. «El Prendimiento», Esteban Benítez Domínguez
  10. «Jesús ante el Consejo», Esteban Benítez Domínguez
  11. «Las Negaciones de Pedro», Francisco Javier Gutiérrez Fernández
  12. «La Flagelación», Manuel Ramírez Santos
  13. «La Coronación de Espinas», Antonio Romero Virtudes
  14. «Ecce Homo», Luis Romero Racero
  15. «Jesús o Barrabás», Gonzalo Barroso Núñez
  16. «La Calle de la Amargura», José Manuel Aladro Iglesias
  17. «Las Caídas», Tomás Gandolfo Simón
  18. «La Verónica», Juan Manuel Aparicio Sánchez
  19. «La Crucifixión», Juan Mateos Portillo
  20. «La Exaltación», José Manuel Prieto Simancas
  21. «La Expiración», Esteban Benítez Domínguez
  22. «El Calvario», José Guerra Carretero
  23. «El Descendimiento», Pedro Sánchez Romero
  24. «La Lanzada», Francisco Javier Ramírez Serrano
  25. «La Piedad», Manuel Salado Argudo
  26. «Traslado al Sepulcro», José Alfonso Reimóndez López
  27. «El Enterramiento», José Manuel Salguero Rendón
  28. «La Resurrección», Pedro Ramírez Pazos
  29. «Aparición a María Magdalena», Manuel Alcocer Caridad
  30. «Aparición camino de Emaús», Gonzalo Barroso Núñez
  31. «Aparición en el Mar de Tiberiades», José Luis Morales García y Jaime Pina Aránega
  32. «La Ascensión a los Cielos», Manuel Pérez Acosta
  33. «Pentecostés», Vicente Prieto Bononato

Los belenistas también en Semana Santa – D. Juan Giner Pastor

10 Abr 20
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LOS BELENISTAS TAMBIÉN EN SEMANA SANTA

Los belenistas son expertos en representar el nacimiento de Jesús en un establo de Belén, que es pregonado por los ángeles a los pastores y anunciado por la estrella a los magos de Oriente. Pero, cuando llega la Semana Santa, también hay asociaciones de belenistas que organizan exposiciones para presentar los sucesos de la Pasión de Jesús, siendo una verdadera catequesis plástica y visual, un inspirado ejemplo del arte y la religiosidad de los belenistas, que mantienen vivas para las gentes de ahora las historias evangélicas descritas en épocas pretéritas de la Historia del Arte. Combinando el modelado, la perspectiva, el color, la luminotecnia y la ambientación, los trabajos exhibidos en estas exposiciones son la actualización estética y plástica del mensaje de fe transmitido por el arte durante siglos. Un mensaje de fe, un mensaje religioso que nos ayudará a meditar sobre la doctrina de la verdad y del amor, de la solidaridad y la entrega. Un mensaje que nos ha de alentar a comprometernos con el auténtico significado de la vida en plenitud de sintonía con los planes divinos.

Esas exposiciones ponen ante los ojos del pueblo las historias de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, como en siglos pasados hacían los capiteles, las vidrieras, los retablos, la imaginería para las procesiones, que todavía continúan desfilando. Y ahora, como entonces, muchos se extasían y emocionan con los excelsos episodios que se narran.

Pero ello no basta, porque esas escenas son, además, una firme invitación a que vivamos dignamente la fe que profesamos, la que nos exhorta a esforzarnos sin tregua por hacer un mundo mejor con nuestro comportamiento modélico, con nuestro trabajo responsable, con nuestro aliento ante el desánimo, con nuestra crítica constructiva, con nuestro sacrificio callado, con nuestra alegría o nuestras lágrimas, con nuestro afán por la concordia, con nuestro luchar por la justicia, con nuestro desvelo por la paz, con nuestra serenidad en el estruendo, con nuestra cordura frente al tumulto, con nuestra denuncia valerosa, con nuestra reflexión en la polémica, con nuestra exigencia de sinceridad y honradez, con nuestra confianza de que siempre es posible mejorar día a día, porque siempre habrá metas que alcanzar más allá de la meta, horizontes de luz brillando más espléndidos detrás del horizonte que nuestro sol alumbra. No dando ni un solo paso sin tener constantemente presente el mensaje de Jesús, que no es una utopía irrealizable, como nos enseñan tantos testigos vitales de la doctrina del amor, que nos ayudan y nos confortan, si sabemos encontrarlos entre tanta maraña de escándalos, de corrupciones, de engaños, de maldades y odios que los ocultan y que, tantas veces también, nos atrapan a nosotros.

¡Cuánta responsabilidad, pues, para los cristianos vivir cada año la Semana Santa no como una festividad folklórica, sino como firme compromiso de actuación coherente! Ya que la mayor incoherencia personal, nuestro gran fracaso como cristianos, que explica el fracaso al que se enfrenta la civilización occidental, es ignorar que no hay más camino, más verdad, ni más vida que ser fieles a Jesús practicando la doctrina del amor que Él nos enseñó.

Juan Giner Pastor

Catedrático de Historia. Medalla UN-FOE-PRAE 2000. Insignia de Oro FEB 2004. Trofeo FEB 1981. Director de la revista Anunciata 1995-2006. Maestro Mayor Belenista. Premio Nacional de Experiencias Didácticas 1987

Una Semana Santa sin procesiones – D. Juan Giner Pastor

09 Abr 20
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UNA SEMANA SANTA SIN PROCESIONES

En este año 2020 las procesiones y ceremonias públicas de la Semana Santa, que conmemoran la Pasión y Muerte de Cristo, se han anulado obligatoriamente por el gravísimo estado de alarma que ha motivado la pandemia del coronavirus. Pero los cristianos podemos continuar celebrando en la intimidad los misterios más sagrados de nuestra fe, aunque nos veamos privados del peculiar ceremonial que convierte las calles en escenario, a veces espectacular, de pública devoción penitencial, de multicolor presencia cofrade, que vivifica el sentimiento y aviva los sentidos. Admirar el arte de la imaginería, las filigranas de orfebres, ebanistas y bordadoras, el aroma de flores, cirios e incienso, el colorido de ornamentos y vestas, el resonar de las marchas sacras, no ha podido ser en estos días de la primera luna llena de primavera. El año 2020 quedará marcado para siempre por tan triste realidad, y por otras muchas anulaciones, cierres y frustraciones en múltiples facetas. Y como estamos obligatoriamente recluidos, tal vez esta Semana Santa la hemos podido vivir de una forma más penitencial y auténtica, desprovista de las características vacacionales y multitudinarias de los nuevos tiempos, en los que la Pasión de Jesús ha sido declarada de interés turístico.

Que el mal existe es una realidad indudable que el mundo entero está padeciendo con la tragedia del coronavirus. Pero también existe el bien, la bondad silenciosa, la entrega ejemplar a los demás, que igualmente evidencia la entrega de tantos sanitarios, de todas las fuerzas de orden, de todos los trabajadores que nos ayudan y confortan ejemplarmente mientras estamos recluidos por el decreto de alarma sanitaria.

Estos días nos invitan a reflexionar sobre todo esto. Para los cristianos la Semana Santa, así considerada desde los primeros tiempos de la Iglesia a causa de los grandes misterios que en ella se celebran, propicia la reflexión sincera como invitación a renovar la fe y a profundizar en el sublime sacrificio que en estos días se conmemora y se actualiza.

Un sacrificio que desde el Cenáculo hasta el Sepulcro está repleto de enseñanzas y ejemplos: la enseñanza del amor fraterno, de la vocación sacerdotal, del servicio desinteresado, el ejemplo admirable de la entrega total por amor. Jesús lavando los pies a sus discípulos, pidiéndole al Padre en el huerto de Getsemaní que le liberase de la agonía, pero aceptando también la voluntad suprema. Jesús traicionado y entregado por uno de sus amigos. Jesús abandonado por todos sus íntimos e, incluso, negado por aquel a quien más había distinguido. Jesús acusado de blasfemo, abofeteado y escupido. Jesús flagelado, coronado de espinas, escarnecido y entregado al odio de las turbas por la cobardía pusilánime de Pilato. Jesús cargado con la cruz de los pecados de la Humanidad, cayendo exhausto bajo su peso, pero también ayudado por el Cirineo. Jesús escuchando el llanto estremecido de su Madre o el de las piadosas mujeres. Jesús expoliado de sus vestiduras y clavado con saña brutal de pies y manos en el patíbulo infamante de la cruz. Jesús perdonando a sus verdugos y al buen ladrón Dimas. Jesús venciendo la tentación suprema de mostrar su poder salvándose a sí mismo, como le pedía con burlas la chusma. Jesús derramando entre crueles sufrimientos hasta la última gota de su sangre y encomendando su espíritu al Padre para, muriendo, darnos la vida eterna. Jesús descendido de la cruz y depositado en los brazos de su desolada Madre. Jesús sepultado con apresuramiento por unos amigos abatidos y temerosos… ¡La muerte! ¡El sepulcro! ¡La desolación! ¡El miedo! ¡El aparente final! Pero, ¿acaso no había dicho el Maestro: “Yo soy la resurrección y la vida”?

La muerte de Jesús cumplía la misión redentora, pero su resurrección gloriosa rubricaría el triunfo de la doctrina de la paz, de la bondad y de la fraternidad. Y como nuestra fe se puede incluso tambalear ante desastres como los que estamos padeciendo, no olvidemos el ejemplo de María, que bajo la cruz estuvo asociada al dolor de Jesús, manteniendo firme su fe.

Todo ello nos lo actualiza la Semana Santa como reflejo del dolor, de la traición, del odio violento que oscurecen la historia; pero también de la piedad y de la entrega total y misericordiosa que nos hacen resucitar a un mundo mejor. A este mundo anhelado que solo es posible si nos esforzamos hasta el límite para sembrar alborozo y esperanza, para cumplir dignamente con nuestras obligaciones cotidianas, teniendo constantemente presente el mensaje de Jesús, que no es una utopía irrealizable, según nos enseñan tantos testigos vitales de su evangelio de amor.

Juan Giner Pastor

Catedrático de Historia. Medalla UN-FOE-PRAE 2000. Insignia de Oro FEB 2004. Trofeo FEB 1981. Director de la revista Anunciata 1995-2006. Maestro Mayor Belenista. Premio Nacional de Experiencias Didácticas 1987

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¡¡¡Feliz 75 aniversario, Asociación de Belenistas de Madrid!!!

09 Abr 20
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Tal como reza el Acta de Constitución de la Asociación de Belenistas de Madrid, «En Madrid, a nueve de Abril de mil novecientos cuarenta y cinco, con permiso de la Autoridad y para dar cumplimiento a los Artículos Cinco y Siete de la Ley de Asociaciones de 30 de Junio de 1887, se reunieron la Junta Organizadora y socios fundadores para constituir la Asociación de Belenistas de Madrid«. En aquella reunión fue nombrado presidente D. Manuel de Mora López, el primero de una lista que acaba en el actual, el undécimo, D. Eugeni Barandalla Corrons. Muchos de ellos presidieron o tuvieron cargos de relevancia también en la Federación Española de Belenistas.

Por tanto, nuestros amigos cumplen 75 brillantes años como entidad, no solo por aquello de que cumplen sus bodas de brillantes, sino por su ejemplar trayectoria a lo largo de los años, recientemente reconocida por la Federación Española de Belenistas con la Distinción de Honor 2019 y con la concesión por parte de la Comunidad de Madrid de la Cruz de la «Orden del Dos de Mayo» en 2016.

La Asociación tenía varios actos previstos para festejar la efeméride, pero la situación actual del estado de alarma ha obligado a posponerlos. Se avisará cuando puedan celebrarse. En cualquier caso, ¡¡¡FELIZ 75 ANIVERSARIO, ASOCIACIÓN DE BELENISTAS DE MADRID!!!

En cualquier caso, esperamos que estos sean los primeros 75 años. A por los siguientes (y que lo veamos)…

Os adjuntamos el documento original fundacional y un vídeo con un pequeño repaso a la historia de la Asociación de Belenistas de Madrid.

Acta Fundacional de la Asociación de Belenistas de Madrid, del 9 de abril de 1945

 

Predicar con el ejemplo – Reflexión en el encierro de la pandemia – D. Juan Giner Pastor

28 Mar 20
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PREDICAR CON EL EJEMPLO

En este tiempo de cuaresma marcado por la tragedia del coronavirus y las consiguientes obligaciones que decreta el estado de alarma, todos hemos de aceptar nuestras responsabilidades y predicar con el ejemplo, aunque sea difícil. Pero constantemente nos lo están enseñando con su conducta ejemplar los sanitarios que nos curan, las fuerzas de orden que nos protegen y ayudan, tantos trabajadores que nos permiten desarrollar las tareas cotidianas, dentro de los límites establecidos para la seguridad de todos.

Predicar con el ejemplo desde luego es mucho más comprometido que escribir bellas frases cargadas de buenas intenciones. Porque predicar con el ejemplo supone también renunciar al orgullo, al egoísmo, a la intolerancia, a la murmuración, al mal genio, a la envidia, al desprecio, a los halagos, a los círculos cerrados de nuestros intereses, a tener siempre razón, a saber más o hacer las cosas mejor que los otros. Predicar con el ejemplo es, para los cristianos, llevar a la práctica sin titubeos la doctrina que Jesús vivió hasta su sacrificio extremo.

¡Padre celestial, perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos! Una frase sencilla, un difícil compromiso. Como nosotros perdonamos… Hay que tener el corazón repleto del bálsamo de la perfecta sencillez, de la humildad evangélica, para comprender que nuestro compromiso de perdón no es una grandilocuente expresión ceremonial. Perdonar a los que nos ofenden es, en realidad, no levantar la voz más de la cuenta, no imponer nuestro criterio excluyente, reflexionar sobre lo que nos dicen, ayudar sin límites, aceptar la opinión de los demás, ser fieles a la responsabilidad que nos manifiesta nuestro Maestro Jesucristo.

Predicar con el ejemplo es tener la humildad de reconocer todos nuestros fallos, y pedir perdón, y empezar cada día de nuevo con ilusión, con esperanza, con profundo deseo de servicio. Predicar con el ejemplo es la necesidad de poner en práctica constantemente lo que nos enseña esta plegaria: ”Señor, haz de nosotros instrumentos de tu paz. Que donde hay odio pongamos amor. Que donde haya ofensas pongamos perdón. Que donde haya discordia pongamos armonía. Que donde haya error pongamos verdad. Que donde haya duda pongamos fe. Que donde haya desesperación pongamos esperanza. Que donde haya tinieblas pongamos tu luz. Que donde haya tristeza pongamos alegría. Señor, que no busquemos tanto ser consolados, como consolar; ser comprendidos, como comprender; ser amados, como amar. Porque dándose es como se recibe. Es olvidándose de sí como se encuentra uno mismo. Es perdonando como se obtiene el perdón. Es muriendo como se resucita a la vida eterna. Amén.”

Y en estos días de incertidumbre y alarma, de tanto aislamiento e inquietud, sea nuestro compromiso aceptar responsablemente la reclusión y utilizarla como un medio de afianzar nuestras relaciones familiares dentro del hogar, nuestro tiempo de meditación en la soledad, nuestra oración esperanzada, nuestro recuerdo de cariño hacia los familiares y los amigos. Porque el sol sale todos los días y, aunque ahora nos lo oculten las tenebrosas nubes de la pandemia, seguro que, con la ayuda y el esfuerzo de quienes nos dan ejemplo, volveremos a verlo brillar.

Juan Giner Pastor

Catedrático de Historia. Medalla UN-FOE-PRAE 2000. Insignia de Oro FEB 2004. Trofeo FEB 1981. Director de la revista Anunciata 1995-2006. Maestro Mayor Belenista. Premio Nacional de Experiencias Didácticas 1987

Certamen FEB de Poesía de Navidad

I Certamen FEB de Poesía de Navidad (2020) – Bases Generales

09 Mar 20
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La Federación Española de Belenistas convoca el I Certamen FEB de Poesía de Navidad, que tiene como objetivo seleccionar el poema oficial para la campaña de Navidad 2020, con las siguientes bases (en formato PDF):


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Certamen FEB de Diseño de Nacimientos Recortables

XIV Certamen FEB de Diseño de Nacimientos Recortables (2020) – Bases Generales

09 Mar 20
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La Federación Española de Belenistas convoca el XIV Certamen FEB de Diseño de Nacimientos Recortables, que tiene como objetivo seleccionar el recortable oficial para la campaña de Navidad 2020, con las siguientes bases (en formato PDF):


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Certamen FEB de Fotografía "Imagen de la Navidad"

XXV Certamen FEB de Fotografía «Imagen de la Navidad» (2020) – Bases Generales

09 Mar 20
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La Federación Española de Belenistas convoca el XXV Certamen FEB de Fotografía «Imagen de la Navidad», que tiene como objetivo seleccionar la fotografía oficial para la campaña de Navidad 2020, con las siguientes bases (en formato PDF):


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2020 es año bisiesto – D. Juan Giner Pastor

29 Feb 20
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2020 ES AÑO BISIESTO

2020 es año bisiesto y hay un dicho popular que sentencia: “Año bisiesto, año siniestro”, atribuyendo muchas desgracias y tragedias ocurridas a lo largo de la historia a la llegada de este “fatídico” día, sin dejar cabida a la mera coincidencia. Es cierto que son muchas las catástrofes que han sucedido en año bisiesto como, por ejemplo, en el siglo XX, el hundimiento del Titanic en 1912; el estallido de la Guerra Civil española en 1936; las cuatro huelgas generales más grandes de España ocurrieron en los años 1916, 1936, 1976 y 1988, que son bisiesto; también es bisiesto 1960, en el que un terremoto asola la ciudad de Agadir, en Marruecos; 1976 cuando sucede el golpe de Estado en Argentina, con sus funestas consecuencias; 1980 con el estallido del conflicto armado entre Irán e Irak que duró hasta 1988. Ya en el siglo XXI, el 11 de febrero de 2004 se produce en Madrid un atentado con bombas en varios trenes repletos de trabajadores y estudiantes que causó la muerte de 193 personas y unos 2000 heridos, en el que ha sido el peor ataque terrorista de la historia de España y el más sangriento en la Unión Europea; también en 2004, el 26 de diciembre un terremoto en el Océano Índico ocasionó tsunamis devastadores a lo largo de las costas de la mayoría de los países que bordean ese océano, con cientos de miles de muertos y desaparecidos; en 2008 más de 225.000 personas murieron por desastres en todo el mundo, convirtiéndose así en el segundo año más mortífero del nuevo siglo, tras el 2004; en 2012 sacudieron el planeta el huracán ‘Sandy’, el tifón ‘Pablo’, un sismo de 7.4 grados en México y Guatemala y donde además fue la erupción del volcán de Fuego, dejando a su paso grandes pérdidas materiales y humanas; el año bisiesto 2016 fue el más costoso en desastres naturales desde 2012, con el terremoto que sacudió el centro de Italia y los incendios forestales en California provocando miles de víctimas e importantes daños materiales en todas las zonas afectadas, asimismo el huracán ‘Matthew’ dejó centenares de muertos y más de dos millones de desplazados en Estados Unidos y el Caribe, sobre todo en Haití; y en este comienzo de 2020, el coronavirus iniciado en China puede acrecentar las opiniones sobre lo fatídico que es un año bisiesto. Porque en año bisiesto murieron asesinados Mahatma Gandhi, 1948; Robert Kennedy y Luther King, 1968; Lennon, 1980; Indira Gandhi, 1984. Al margen de todos los hechos que a través del tiempo se han suscitado justo en esta fecha, no existe ningún tipo de prueba que indique que sean atribuibles al año bisiesto y a tantos sucesos negativos acaecidos en año bisiesto se podrían contraponer otros positivos, pero la cuenta de los diversos episodios que a lo largo de los siglos han marcado con mal recuerdo los años que incluyen un 29 de febrero cubre de mal agüero ese día, con un pensamiento fatalista que tiene sus orígenes en la cultura romana, en la que febrero, mes de las purificaciones según su tradición, era también el mes del dolor y de los muertos.

El calendario que los romanos utilizaban en los primeros tiempos era un calendario lunar que tenía 10 meses, empezando en marzo y terminando en diciembre. El comienzo de los meses coincidía con la aparición de la luna nueva, durando los meses como el ciclo lunar: 28-29 días. La relación de los meses es esta: Martius: primer mes del año, con el equinoccio de primavera, y lo nombraron así en honor de Marte, dios de la guerra, en este mes comenzaba el mandato de los cónsules y las campañas militares. Aprilis: los romanos dieron al segundo mes el nombre de abril, derivado de aperire (abrir), probablemente porque es la estación en la que empiezan a abrirse las flores. Maius: era el tercer mes en el antiguo calendario romano y debe su nombre a Maia, la diosa romana de la primavera y los cultivos. Iunius: el cuarto mes en el antiguo calendario romano. Diferentes estudios derivan el nombre de la diosa romana Juno, la diosa del matrimonio. Quintilis: era el quinto mes del año en el calendario romano primitivo y por eso se llamó así. Sextilis: sexto mes del calendario romano, que comenzaba en marzo. September: era el séptimo mes del calendario romano y toma su nombre de la palabra latina septem, siete. October: octavo mes del antiguo calendario romano, como su nombre pone de manifiesto. November: el noveno mes del año. December: el décimo mes en el calendario romano inicial.

Sin embargo, en tiempos del rey Numa Pompilio (715-673 a.C.), que según la tradición fue el segundo monarca de Roma, ya que reinó después de Rómulo, se llevó a cabo una reforma en el calendario, modificando la duración de los meses para que tuvieran 31 y 30 días alternativamente, con los meses pares más cortos, pues para los romanos las cifras pares traían mala suerte. Además el año pasó a tener 12 meses, incorporando dos meses más: Ianuarius (enero), en honor a Jano, el dios bifronte protector de Roma, dios de las puertas y de los comienzos, y Februarius (febrero), dedicado a Plutón, dios del infierno y de los muertos; era el mes de las purificaciones que se realizaban para expiar las culpas y faltas cometidas a lo largo del año que acababa, para comenzar el nuevo con buenos augurios, y para que los difuntos no hicieran daño ni molestaran. Al ser el último mes del año, a febrero solo se le otorgaron 28 días, porque así terminaba antes un mes que para los supersticiosos romanos no era muy atrayente.

Durante la República Romana, los cónsules romanos fueron los mandatarios elegidos de a pares, que tenían la tarea de dirigir a Roma y moderar al Senado. Ejercían funciones de gobierno, funciones militares y la administración de justicia. Eran una de las magistraturas de mayor importancia, que llegó a convertirse en una institución símbolo de Roma en sÍ misma. Las elecciones de los cónsules normalmente se celebraban en los idus de marzo, el día 15, y los cónsules elegidos daban nombre al año. En marzo empezaban también las campañas militares de los romanos por el Lacio y por Italia. Pero cuando las guerras salieron de Italia, el comienzo de la campaña en marzo supuso un grave inconveniente por el tiempo que tardaba el ejército en trasladarse al punto de conflicto.

Por eso, en el año 154 a.C., para poder preparar debidamente la campaña de las guerras celtibéricas y contra Numancia, el Senado estableció adelantar el tiempo de las elecciones y celebrarlas en el mes de enero. Y que el año no comenzara con los idus de marzo, sino en las kalendas de enero, el día 1. A partir de entonces el calendario y el año empiezan en esta fecha. Enero y febrero se convertían en los dos primeros meses del año, aunque se mantenían los antiguos nombres de los otros meses. De esa forma, la operación militar se podía desarrollar a principios de verano, si no los preparativos habrían demorado la maquinaria bélica hasta el invierno. Y los romanos sabían bien lo cruda que es esta época del año en aquellas tierras peninsulares. Kalendas (que daría origen a la palabra “calendario”) era el primer día de cada mes porque calare significa en latín “llamar” y ese día se voceaba en las ciudades el inicio del mes. Omito más referencias pues el sistema de datación en la Roma republicana era bastante complejo, incluso caótico.

Añado, como curiosidad, que fue en la antigua Roma donde se utilizó por primera vez el concepto de ne fasto en contraposición al término fasto, una forma de dividir los días muy bien descrita por el poeta Ovidio en sus Fastos, en los que dedica un extenso análisis a la forma en que se organiza el calendario romano y la importancia de la divinidad no sólo a la hora de dar nombre a los meses sino también de articular toda la vida pública. Así, vemos que los días fastos son aquellos que los ciudadanos dedicaban para guerrear, para tomar decisiones, para pleitear, para celebrar reuniones políticas, para trabajar. Es decir, algo como lo que hoy entendemos por días laborables. Por el contrario, los días nefastos serían los dedicados a los dioses, de manera que en todos ellos estaba prohibido trabajar o llevar a cabo alguna otra actividad que no fuera la celebración religiosa y el homenaje a la deidad de turno. Y lo más curioso es que no escaseaban en el calendario este tipo de jornadas, ya que, de todos los días del año, al menos 109 eran nefastos. El motivo para diferenciar así los días es que estos no pertenecían a los hombres, sino a los dioses y su origen podía estar en que los deberes para con los dioses están antes que los intereses para con los hombres, es decir que los días dedicados a los dioses tienen absoluta preferencia, de tal modo que quien se los salta desatendiendo sus deberes para con ellos por atender a sus cosas, ha de contar con que no le saldrá bien lo que haga en ese día. El actual significado de nefasto quizá se debe a que se ha tomado la faceta negativa de esos días, los días en los que no se podía hacer lo que se quería, eran días proscritos, inapropiados o perdidos para la realización de muchas actividades.

Transcurría el año 49 a.C., cuando Julio César llegó a Egipto, reino de Cleopatra, donde las evidencias históricas más antiguas indican que fue creado el primer calendario solar a principios del tercer milenio a.C., surgido por la necesidad de predecir con exactitud el momento del inicio de la crecida del Nilo, que tiene una periodicidad anual, acontecimiento fundamental en una sociedad que vivía de la agricultura. Admirado por los conocimientos egipcios y ante el desfase acumulado de cerca de tres meses al que había llegado el calendario lunar romano, Julio César encargó la elaboración de uno nuevo a Sosígenes, astrónomo de Alejandría. Sosígenes entregó su calendario entre el 48 y el 46 a.C., basado principalmente en el calendario solar egipcio de 365 días, pero conservando los nombres de los meses romanos. Para compensar el desfase natural producido por la rotación no sincrónica de la Tierra en torno al Sol se acordó que cada cuatro años se contarían 366 días. Estos años se llamarían “años bisiestos”, porque en ellos añadían un día extra intercalado entre el 23 y el 24 de febrero. Según su cómputo del tiempo, el 24 de febrero era el “día sexto” antes de las kalendas de marzo (ante diem sextum kalendas martias), de manera que el 24 de febrero repetido se llamaría bis sextum (de ahí la palabra “bisiesto”). Con la reforma del calendario establecida en 1580 por el papa Gregorio XIII este día añadido se colocó al final de mes (29 de febrero), aunque el nombre de bisiesto se conservó.

Además, tras el asesinato de Julio César el 44 a.C., el mes Quintilis, que era el de su nacimiento, recibió el nombre de “Julio” en su honor. Y el año 23 a.C. el Senado romano, para halagar la vanidad de Octavio Augusto, primer emperador, renombró el mes Sextilis como “Augustus” (agosto en castellano). Sin embargo, este mes sólo tenía 30 días (a diferencia de los 31 que tiene julio) y esto suponía cierta inferioridad, por lo que le añadieron un día, quitándoselo al mes de septiembre, pasando así a tener éste solamente 30 días, y haciendo que octubre tuviese 31, noviembre 30 y diciembre 31, para obtener los 365 días que tiene el año, aunque la cifra correcta es de 365 días, 5 horas, 48 minutos y 45,46 segundos.

Los nombres de los meses han perdurado en las lenguas latinas y también se han impuesto en los países de lenguas sajonas y germanas. La intensa cristianización de las creencias y costumbres paganas no logró imponerse en la denominación de estos doce períodos en que se divide el año. Como tampoco ocurre con los días de la semana, denominación que proviene de las palabras latinas septimania y septem, que hacen referencia a los siete días que la semana tiene. Además, cada día de la semana los romanos lo dedicaban a un astro, del que toma su nombre. Así, el primer día estaba dedicado al Sol, seguido de otro dedicado a la Luna, más los que se dedicaban a los cinco planetas que pueden verse a simple vista: Marte, Mercurio, Júpiter, Venus y Saturno. Que también eran las principales divinidades romanas, como antes lo habían sido en Grecia con otros nombres. Así, Marte ya hemos dicho que era el dios de la guerra, por ser rojo como la sangre; Mercurio, planeta que está más cerca del sol, era el mensajero de los dioses y deidad de los comerciantes; Júpiter dios padre por ser el segundo más brillante, dios del cielo y de los fenómenos naturales, asociado al rayo y al relámpago; Venus diosa de la belleza y el amor, por ser el planeta más brillante; y Saturno dios de la agricultura y la cosecha, era también dios del tiempo por ser de los cinco el planeta más lento. Es decir, poco hay que explicar para comprender cuál es el origen de los actuales nombres de nuestra semana: Lunes, Martes, Miércoles, Jueves, Viernes y Sábado, aunque la evidente relación de este vocablo con Saturno fue preterida por la hebrea shâbath, como veremos. Lo único que no coincide es el domingo, ya que ese día, que ahora es el último, antes del cristianismo era el primero, el dedicado al Sol.

En el judaísmo, el comienzo y fin de la semana se basa en el Éxodo «Guardaréis el sábado … porque en seis días hizo Dios los cielos y la tierra, y el día séptimo descansó«. El término español “sábado” proviene del latín bíblico sabbătum, y del verbo hebreo shâbath, que significa descansar. Según la Biblia, el sábado es el séptimo y último día de la semana. De hecho, es el único día mencionado por un nombre. El resto son nombrados por su orden en la semana: el domingo es el primer día, el lunes es el segundo, y así sucesivamente. Recordemos por ello que los Evangelios, cuando narran la Resurrección de Jesús, dicen: “Al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro”.

Fue el año 321 cuando el emperador Constantino el Grande decretó que ese primer día (el día del Sol romano), era dies Dominicus (día del Señor o domingo) por haber ocurrido la Resurrección, y que fuera considerado como el principal día de la semana, en reemplazo del sábado, obteniendo el rango de fiesta oficial. Al sustituir la festividad del sábado, el domingo también ocupó su lugar como séptimo día de la semana, que ahora comienza en lunes, considerándose de esta manera el domingo último día del cómputo semanal y, siendo la fiesta primordial de los cristianos, sería también día de alegría y de liberación del trabajo.

Actualmente el domingo es festivo en la mayoría de los países del mundo, solamente países influidos por la cultura islámica o judía tienen el viernes o el sábado como fiesta semanal, porque el descanso, en cuanto que es una necesidad para recuperar las fuerzas gastadas por el trabajo y una ocasión de crecimiento espiritual, ha de ser una norma para la sociedad entera. El derecho al descanso asegura a todo trabajador poder cesar en su actividad por un período de tiempo, y tiene como fines, entre otros, permitirle recuperar las energías gastadas en la ocupación que desempeña, proteger su salud física y mental, el desarrollo de la labor con mayor eficiencia, y la posibilidad de atender otras tareas que permitan su desarrollo integral como persona e integrante de un grupo familiar. El descanso está consagrado como uno de los principios mínimos fundamentales que debe contener el estatuto del trabajo y, por ende, debe entenderse como uno de los derechos fundamentales del trabajador. Desde luego que el “descanso” forzoso que provoca ahora el paro exige urgente solución y medidas apropiadas para evitar situaciones inadmisibles.

Pero volviendo al principio de este artículo: “Año bisiesto, año siniestro”, siniestro en el diccionario significa “perverso, que está hecho con mala intención. Que es desgraciado o está causado por la mala suerte. Avieso y mal intencionado. Infeliz, funesto. Propensión o inclinación a lo malo. Avería grave, destrucción o pérdida importante que sufren las personas o la propiedad. Que está en el lado izquierdo”. Ojalá que en el bisiesto 2020, tras la obligada repetición de las elecciones parlamentarias, sea posible la gobernabilidad de España sin sobresaltos, con cordura y por encima de todo presagio funesto y mal intencionado.

Juan Giner Pastor

Catedrático de Historia. Medalla UN-FOE-PRAE 2000. Insignia de Oro FEB 2004. Trofeo FEB 1981. Director de la revista Anunciata 1995-2006. Maestro Mayor Belenista. Premio Nacional de Experiencias Didácticas 1987